miércoles, 11 de diciembre de 2024

La vida conyugal

 A mi compadre, Gonzalo Nuñez.




Hace varios años tuve la oportunidad de conocer la novelística del escritor, traductor y diplomático mexicano Sergio Pitol (1933-2018), quien en vida recibió múltiples premios literarios, entre ellos, el Premio Cervantes 2005.

Fue mi amigo, compadre y primo, Gonzalo Nuñez, quien me lo dio a conocer prestándome, sucesivamente, varias novelas suyas que conservo en mi biblioteca ya que Gonzalo se fue a residir en Ciudad de México, hecho que, para esas fechas, no nos imaginábamos. Así es la vida.

Hace unos días, buscando qué leer, me topé con La vida conyugal (1991) de Pitol,  publicada por Anagrama. No tenía mi nombre ni el de mi compadre, ello me hizo sospechar que yo la había adquirido y que no la había leído ya que sólo le pongo mi nombre a los libros de literatura una vez que los he leído.

La vida conyugal es una novela corta (134 páginas). Trata sobre la vida de casados de Jacqueline Cascorro y Nicolás Lobato. La novela está ambientada en México: nombres como Coyoacán, Veracruz y Cuernavaca son mencionados.

Jacqueline y Nicolás se habían conocido en la universidad. Se suponía que él estudiaba Ciencias Políticas y ella Filosofía y Letras. Ninguno de los dos llegó a graduarse. Los intereses de él eran los hoteles y las mujeres.

Jacqueline venía de una familia pobre (situación que siempre detestó), formada por su madre, sus hermanas María Dorotea y María del Carmen y sus hermanos, Marcelo y Adrián. Jacqueline (cuyo verdadero nombre era María Magdalena y lo cambió por el de Jacqueline) siempre pensó que sus hermanos eran de “bajo nivel”.

Jacqueline y Nicolás llevaban una buena vida, lo que se traducía en que económicamente estaban muy bien. Nicolás era dueño de dos hoteles y había logrado comprar un gran terreno en Cuernavaca en el cual pensaba construir un gran complejo turístico. Era un sueño que logra hacer realidad.

Dentro de todo lo señalado en el párrafo anterior, había un detalle. Nicolás era un hombre muy mujeriego y Jacqueline se enteraba de sus continuas infidelidades. No sé las reclamaba pero  contaba  a todo el que podía el desconsuelo que eso representaba para ella. Era una mujer sufrida.

En la página 9 de La vida conyugal hay un párrafo que me parece interesante por lo que de controversial puede tener. El mismo hace referencia a una lectura que hace Jacqueline:

La lectura hecha al azar de unas cuantas páginas de La Fisiología del matrimonio de Balzac, la llevó a la conclusión de que la mayoría de las mujeres a los pocos años de casadas solo experimentan hacia sus maridos una profunda aversión, una repulsión casi absoluta, resultado típico de la tiranía a la que con tanta arbitrariedad han sido sometidas.

Leo en Google que, La Fisiología del matrimonio (1829), del gran escritor francés Honoré de Balzac (1799-1850), es considerada una obra maestra de la literatura francesa que explora los problemas y las alegrías que enfrentan las parejas casadas y que Balzac ofrece, en este texto, una visión honesta y realista de la vida conyugal en la Francia del siglo XIX desde el enamoramiento y la ceremonia de la boda hasta la lucha contra el aburrimiento y la infidelidad. Agrega que este libro es una obra esencial para todos los que buscan comprender mejor el matrimonio y las relaciones humanas.

No he tenido ocasión de leer La Fisiología del matrimonio pero, sin duda, la lectura o interpretación que hace Jacqueline seguramente hallará opiniones muy diversas.

Después de esta digresión, continuo.

Jacqueline disfrutaba con la literatura y con la cultura en general. Tenía una amiga, a quien consideraba como una hermana, llamada Márgara Armengol que acostumbraba a reunir en su casa, a escritores, pintores, etc. Jacqueline compartía ese mundo aunque sin dejar de narrar lo dolorosa que era su vida. Márgara llega a establecer en su casa una especie de Academia donde se dictaban diversos talleres de artes y Jacqueline lo apreciaba mucho. Por otra parte, Nicolás era un hombre ignorante y de poca sensibilidad, al menos eso era lo que pensaba Jacqueline de su esposo.

La vida conyugal transcurre con una quejosa Jacqueline. El autor precisa:

Todo marchó bien hasta el instante en que al quebrar una pata de cangrejo y oír descorchar a sus espaldas una botella de champaña se dejó poseer por un mal pensamiento… (Continúa) Fue como si un relámpago la recorriera, cargándola de energía: le brillaron los ojos, le temblaron las manos, su corazón batió con desmesura. Y aquel pensamiento la visitaría de manera intermitente por el resto de su vida, convirtiéndola, ya para siempre, en una mujer no de malas sino de pésimas ideas  (28).

La cita anterior, repetida en varias ocasiones en la novela, sirvió de preámbulo o de disparador  para que,  de un día para otro, Jacqueline comenzara a tener amantes (Gaspar Rivero –un primo lejano, en proceso de divorcio, con otra amante); David Carranza  -supuestamente interesado en la política; Gianni Ferraris -un profesor de arte italiano, con ciertos trastornos nerviosos, que había conocido en la Academia de Márgara.

Lo cierto es que con cada uno de estos hombres, una Jacqueline con una  vitalidad sexual exacerbada hacia su marido cada vez que tenía un amante, planea  matar a Nicolás para vengarse de él, por sus infidelidades, y quedarse con su dinero. Todos los intentos de asesinato fueron fallidos, con la salvedad de que Jacqueline salía herida en mayor o menor medida, llegando –incluso- a perder dos dedos de una mano. También quedaba muy afectada emocionalmente tuviendo que ser hospitalizada en diversas ocasiones.

Sólo del último intento se enteró Nicolás y lo hizo por la prensa. El profesor Ferraris  (quien confesó el plan de matar a Nicolás) y Jacqueline estuvieron unas semanas presos pero la situación no fue más allá. Cuando Jacqueline sale de la cárcel, se entera de que Nicolás había huido del país –hacia España- acusado de estafa y también que estaba casi en la ruina. La casa donde vivía estaba hipotecada y su venta sólo le permitió adquirir un modesto apartamento. Jacqueline le escribe varias veces a Nicolás pero éste no le contesta.

Márgara, a raíz del escándalo donde estuvo envuelta Jacqueline se aleja de ella. Le “saca el cuerpo” como se dice.

La situación con Jacqueline y sus amantes, los planes para matar a su esposo, la ignorancia de Nicolás de lo que se tramaba contra él y el malestar físico y mental sufrido por Jacqueline con cada intento de asesinato, hacen de La vida conyugal una tragicomedia.

Tiempo después, Jacqueline empieza a trabajar en una librería especializada en libros esotéricos y eso hace que en algo retome el ritmo de su vida aunque ya no era la misma de antes y se va descuidando, en especial en su aspecto físico.  

Un día, una prima de Nicolás, que había sido su empleada, le cuenta que Nicolás había regresado a México, que había solucionado sus problemas económicos y había comprado una ferretería. Jacqueline va a buscarlo y, aunque una pudiera pensar que él la rechazaría, no fue así. Nicolás la recibe y le dice que está restaurando una casa para ambos y la invita a retomar su vida juntos (de hecho, nunca se habían divorciado).  

Más temprano que tarde, Jacqueline vuelve a planear la muerte de Nicolás. La escena, como tal, no es relatada. Sólo la visión de unos jóvenes marineros brasileños en un restaurante donde había ido con Nicolás, parece revivir su idea de matar a Nicolás. Es algo que intuimos ya que el capítulo final (inmediatamente después de la narración de la observación que hace Jacqueline de los marineros) se nos presenta  a una Jacqueline en silla de ruedas, paralítica,  siendo conducida amorosamente por Nicolás, entrando a un restaurante. Lo anterior nos hace suponer que Jacqueline ideó un nuevo intento de asesinato y ella salió, una vez más, perjudicada.   

La vida conyugal podría prestarse para muchos análisis, entre ellos: la vida matrimonial, el ansia de pertenecer a una clase social más alta, el amor por el dinero, etc.

Sergio Pitol es uno de los mejores escritores latinoamericanos que he leído.

Vale mencionar que La vida conyugal fue llevada al cine en 1993, dirigida por el director de cine y guionista mexicano Carlos Carrera (1962) alcanzando éxito.

Agrego estas palabras de Pitol sobre la lectura:

“Nadie lee de la misma manera. Me abochorna enunciar semejante trivialidad, pero no desisto: la diversa formación cultural, la especialización, las tradiciones, las modas académicas, el temperamento personal, sobre todo, pueden decidir que un libro produzca impresiones distintas en lectores diferentes.”

Sergio Pitol


Escrito y publicado por Libia Kancev D.

Caracas, 11 de diciembre de 2024.

viernes, 6 de diciembre de 2024

Damas chinas



“Muchos estudiosos sostienen que el mareo de un perro en alta mar se debe a que no están colocados de manera correcta los listones que equilibran las embarcaciones.”

Mario Bellatin


Damas chinas (2006), publicada por editorial Anagrama, es una novela corta del escritor mexicano Mario Bellatin (1960). Bellatin tiene la particularidad de haber nacido sin su brazo derecho. Como hijo de peruanos, vivió muchos años en Perú.

El nombre de Bellatin no me resulta extraño. Cuando estaba en la maestría de Literatura Latinoamericana en la Universidad Simón Bolívar, estudiamos a este autor –así como a otros de tendencia parecida- en un taller que tenía por título “experiencia oblicua” con la profesora y poeta venezolana Gina Saraceni (1966).

Damas chinas tiene 98 páginas. Podríamos decir, grosso modo, que es una novela extraña que no “parece” tener ninguna finalidad. Es como cuando escribes y van saliendo puros relatos del inconsciente, algunos más o menos armados, con mayor o menor sentido. Aún así, te dejan pensando y es lógico porque es sabido que el inconsciente guarda lo reprimido.

Mientras voy leyendo la novela tengo que recordar, repetidas veces,  que no estoy leyendo una novela china, ni a un autor japonés. Me viene a la mente el nombre de Haruki Murakami. Tal vez sea por el título Damas chinas.

El protagonista es un médico gineco-obstetra, en la cincuentena de la vida. Hijo natural de una madre que se dedica a circunscribirle los pasos que deben guiar su vida. El padre del médico también era médico pero casado y con otros tres hijos.

El médico está casado (con una mujer dos años mayor que él), tenía dos hijos: una hija ya casada que le ha dado dos nietos y un hijo que había muerto. El médico piensa que la hija no es feliz en su matrimonio.

El médico habla de que si bien desde que estudiaba medicina tenía gran amor y dedicación a la misma, a medida que va transcurriendo el tiempo (y a pesar de su éxito) va sintiendo que ese sentimiento ya no es igual, que ha decaído.

El hombre habla de un niño que tenía una cabeza con cierto aspecto deforme, hijo de una paciente a quien trataba por un cáncer (le ponían la quimioterapia en su consultorio). El niño siempre acompañaba a su madre. Le habla al médico que un día se sentó a su lado en un sofá situado en  el consultorio.  El niño le hace un relato que solo conoceremos en la segunda parte de la novela. De pronto me pregunto si se trata del mismo niño.

El médico empieza a montar mujeres en su carro, a visitar hoteles, a ir a casas de citas.

El hijo del médico empieza a mostrar un comportamiento errático: hay noches que no llega a su casa, hay días en que aparece golpeado, hay días que se muestra agresivo con su madre, le exige dinero. La madre, quien coleccionaba joyas (las guardaba en una caja fuerte), empieza a notar que le están faltando (su hijo había descubierto la combinación de la caja fuerte) y es cuando habla con su marido. Realmente, la inacción de la pareja en relación a su hijo es notable. Es como si no tuvieran ningún tipo de sentimientos hacia su hijo y ante lo que le sucede.

Un día, la esposa del médico lo llama a su consultorio. Le pide que vaya urgente a la casa. El médico va y encuentra que su hijo ha causado destrozos en la casa y en su cuarto. Ve a su hijo como apaciguado en una esquina de su cuarto, se le acerca y decide ponerle una inyección para calmarlo (¡pero describe al hijo calmado!). Posterior a la inyección el hijo comienza a convulsionar y fallece. Lo que parece es que el padre lo mata. Preparan el funeral. La madre inicialmente algo afligida, luego regresa a su vida de gastos y más gastos.

La hija del médico se muestra mucho más afectada por la muerte de su hermano, tanto así que tuvo que ser internada en un sanatorio para que se recupere. El yerno del médico le comenta a éste si será que hay algún trastorno mental en su familia. Esto es algo que queda en suspenso.

La segunda parte de la novela es la historia que relata un niño. El niño que había hablado con el médico en su consultorio. No sabemos. Eso creemos.  

El niño pasa un día donde un tío paterno. A esa casa llega una carta dirigida al padre del niño (esto le parece raro al niño). El mensajero le explica al niño que, en vista de que la carta llegó con retraso, puede reclamar la devolución de parte del dinero que el remitente pagó para enviar la carta. El niño quiere recibir ese dinero. Le comenta al tío paterno sobre la situación y el tío paterno se pone a sacar unas cuentas haciéndole ver al niño que el dinero a recibir será mucho menor a lo pensado. El niño quiere recibir el dinero. Después de una serie de circunstancias que no parecen tener sentido, el niño llega a la oficina postal. Allí conoce a una señora muy estrafalaria quien le cuenta que ella no ha tenido hijos. La señora, quien también hace una cola en la oficina postal decide marcharse. El niño no tiene la certeza de que le darán ningún dinero. La señora de la cola, después de haber llegado a su casa, se devuelve a la oficina postal y encuentra al niño y se lo lleva a su casa. Lo encierra en un cuarto que parecía estar destinado a una niña. El niño se escapa y logra llegar a casa de su tío donde su padre lo va a buscar y, al iniciar el camino de vuelta a su casa, el niño comienza a hablar.

Lo poco que recuerdo sobre la “experiencia oblicua” en literatura, tiene que ver con narraciones que en forma indirecta tratan de mostrar, poner en evidencia lo que la “mirada hegemónica” deja de lado. En ese sentido, son narraciones que parecen no tener sentido (pero sí lo tienen), que les falta, que están como inconclusas.

La frase Damas chinas me hizo recordar de inmediato a mi mamá. Le encantaba este juego del que se hizo experta. Yo heredé dicho juego, es decir, lo tengo en mi casa.

Vale destacar que Damas chinas es un juego de mesa. Fue inventado en Alemania en 1892. El nombre se originó en EE. UU como un plan de marketing de Bill y Jack Presman en 1928, llamado originalmente Hop Ching.

He leído otras novelas de Mario Bellatin. Creo que vale la pena releerlas y ver qué sale de eso.



Mario Bellatin


Escrito y publicado por Libia Kancev D.

Caracas, 6 de diciembre de 2024. 

jueves, 28 de noviembre de 2024

Mujeres que matan




“La felicidad es un misterio tan profundo como la depresión” (25)

“La escritura se transforma a medida que se acerca a la muerte” (33)

“…que hacer siempre lo mismo nos impide crecer. Que la tradición a veces puede ser un obstáculo para el cambio”. (106).

Mujeres que matan (2018) es la quinta novela del escritor venezolano Alberto Barrera Tyszka (1960), editada por Ediciones Curiara.

También es la tercera novela que leo de él, ya que, recientemente, leí,  El fin de la tristeza (2024) que comenté hace un par de días en este blog.

Mujeres que matan está ambientada en Caracas y, como muchas novelas venezolanas producidas en lo que va del siglo XXI, expone la crítica situación por la que atraviesa el país: las protestas de carácter político (en especial las del 2017), el pésimo funcionamiento de los servicios públicos, el déficit de alimentos, de medicamentos; la terrible actuación de los cuerpos llamados “colectivos” y de los cuerpos de seguridad en general; el aumento de los presos políticos (detenidos sin mayores razones, en forma ilegal, torturados, violados); el tema brutal de la migración y el cada vez mayor talante autoritario del gobierno nacional que en la novela es llamado el “Alto Mando”.

Mujeres que matan es una novela de venganza, de muerte, de piedad, de falta de piedad.

Comienza con el suicidio de una mujer llamada Magaly Jiménez, en la cincuentena de la vida, odontóloga, viuda de Roberto Ruiz quien pasó muchos años postrado en una cama por una enfermedad crónica en fase terminal y que ya había fallecido. Magaly se suicida en la bañera de un hotel después de haber ingerido una dosis de alcohol y de ansiolíticos. La muerte fue por inmersión. Llegó a dejar varios papeles escritos dirigidos a su único hijo llamado Sebastián.

Sebastián regresa al país consternado por la muerte de su madre. No entiende. No logra entender. Había migrado a EE.UU por insistencia de su madre, después de haber estado preso por razones políticas y su madre logra sacarlo del país y que aproveche para hacer una maestría.

Sebastián se entera que su madre estaba pasando por un cuadro depresivo (por motivos diversos) y que estuvo yendo donde una terapeuta de tendencia psicoanalítica pero Magaly quería una terapia que produjera efectos más rápidos y la terapeuta le recomienda que entre a un Club de Lectura.

En el ínterin de los pocos días que Sebastián tenía en Caracas, una joven de nombre Elisa Naranjo, estudiante de Artes, se pone en contacto con él y le comenta que está haciendo un documental sobre mujeres suicidas,  muertes que no están siendo relatadas en los medios de comunicación. El Alto Mando quiere controlar todo, entre ello, noticias que puedan ser perjudiciales para el gobierno.

Sebastián emprende junto con Elisa una especie de labor investigativa para saber qué pasó con Magaly.

Al enterarse de que Magaly formó parte de un Club de Lectura liderado por una mujer de nombre Inés Sánchez (que era la de mayor edad, la conductora), Sebastián se pone en contacto con una hermana de una de las mujeres del Club llamada Anahí  Rosales. Anahí tenía años siendo paciente de Magaly y le recomienda el Club del que formaba parte su hermana Teresa Rosales. Sin embargo, Anahí se muestra reticente en darle información a Sebastián. Sólo le contó que su hermana era profesora universitaria, que había estado presa por participar en una marcha de protesta, que les costó mucho verla en la cárcel y que no sabía dónde estaba.

Magaly es aceptada en el Club previa aprobación de sus cuatro miembros. Elegían los libros a leer por votación pero todas podían proponer libros (leían dos libros al mes). Todo iba muy bien hasta que Leonor Manrique (compañera de trabajo de Inés), propone leer un libro de autoayuda titulado Te daría mi vida… ¡pero la estoy usando! de una tal Alma Briceño (no sé sabía si era su verdadero nombre). Se supone que el libro trataba “…sobre las mujeres y el amor” (106). La otra  miembro del Club era Adriana Muñoz.

Lo cierto es que cada una de estas mujeres habían pasado por experiencias dolorosas y que a ninguna se le había hecho justicia: a Inés  Sánchez, un miembro de un colectivo le mató a su hija Irina (18) cuando regresaba de una marcha con un grupo de compañeros. Inés vio el hecho desde una baranda de su casa. La vida le cambió ese día. Hizo miles de diligencias para obtener justicia por la muerte de su hija y nada.

A Teresa Rosales la detuvieron en una marcha y la violaron múltiples veces. Una mujer militar organizaba sus violaciones en la cárcel. Leonor Manrique mantenía una relación de amante con su jefe, el cual había alquilado un apartamento para sus encuentros. Un día llegó a su trabajo y de inmediato se dio cuenta que algo ocurría. Se entera por otra empleada que su jefe la había grabado mientras ella le hacía una felonía y había enviado el video a los ejecutivos de la empresa.

Así, Leonor Manrique mata a su jefe en un ataque de furia. Cuenta el hecho en el Club y todas acuerdan ayudarla para hacer desaparecer el cadáver. Este acto actúa como una mecha y el libro de Alma Briceño parece servirles como de sustento teórico para infundirles ánimos y decisión ante lo que consideran situaciones terribles e injustas en sus vidas.

Teresa Rosales cuenta lo que le ocurrió mientras estuvo presa y que tiene todos los datos sobre la mujer militar que permitió que la violaran. Entre todas la secuestran y Teresa la mata de un disparo.

Magaly cuenta el sufrimiento de su esposo Roberto quien le había dicho que no quería que lo trasladase más al hospital si se descompensaba, no quería medidas heroicas para con él. Así, organizan todo para que Adriana se introduzca en el cuarto de la clínica donde estaba Roberto hospitalizado contra su voluntad y le inyecta una dosis mortal de insulina. Tal vez esta muerte y/o las otras en las que Magaly había colaborado la impulsaron al suicidio.

Al final del relato, Sebastián junto con Elisa, de quien se había enamorado, ubica a Inés Sánchez. Ella es la que relata todo y le cuenta sobre su dolor por la muerte de su hija. Elisa, quien tenía una postura singular sobre la vida, se queda impactada con el relato y percibe el dolor profundo en el que está sumergida Inés y que, a diferencia de sus compañeras del Club, no había podido saciar su sed de justicia. Con frecuencia, Inés veía en las cercanías de su edificio a la persona que había asesinado con vileza a su hija pero no podía hacer nada al respecto.

Sebastián le propone a Elisa que se vayan juntos a EE.UU y para su sorpresa, ella acepta pero con una condición. Lo último que sucede es que, Inés recibe una llamada y le dicen que se asome a su balcón. Ve bajar de una camionetica a una mujer con el pelo largo y frondoso. La mujer se acerca a un grupo (colectivo) donde estaba el hombre que había matado a Irina y le dispara y lo mata. Es decir, Elisa mató por la serenidad de Inés. Inés bendice a Sebastián y a Elisa.

En primera instancia, uno pudiera pensar que Mujeres que matan puede ser una novela que instiga al odio, a la venganza. También podríamos verla como las cosas que no debieran pasar para que no ocurran otras peores. Es algo para reflexionar y, en ese sentido, esta novela me ha llevado a eso, a reflexionar.

La novela también podría ser como una metáfora de la decadencia de un país, no sólo en su aspecto económico y social si no también en el ético, en el moral. Todo lo anterior regido por el ansia desmedida de poder y control de una sociedad.

Nota: Mujeres que matan está conformada por los siguientes capítulos (los cuales están entre paréntesis lo que me llama la atención pues creo que ello debe significar algo en particular, tal vez, la postura moral del autor ante su propia escritura:

1.- (Unas palabras en el agua); 2.- (Los suicidas siempre avisan); 3.- (Escuchar a los muertos); 4.- (Teoría y práctica de la desesperación); 5.-  (Vestidos y faldas); 6.- (Las dementes); 7.-  (Sobre las formas de organizar el dolor); 8.- (Los libros te salvan) (Y viceversa); 9.-  (A propósito de la importancia de las cicatrices); 10.-  (La regadera de Heráclito); 11.- (Violencia en la cama); 12.-  (El pasado detenido); 13.- (Oficios femeninos: limpiar las sobras); 14.-  (El miedo a las cucarachas); 15.- (Maneras de mover las sombras); 16.- (La paciencia en la escalera); 17.- (Peces y jeringas); 18.-  (Tantas veces, muerte) y 19.- (Un libro en el aire).

 

Alberto Barrera Tyszka

Escrito y publicado por Libia Kancev D.

Caracas, 28 de noviembre de 2024

  

jueves, 21 de noviembre de 2024

El fin de la tristeza

“La mayoría de las cosas que suceden en la vida no tienen una causa clara ni un origen coherente. La lógica sólo es una ficción” (10).

“Uno puede vivir sin la realidad” (14).

“En este país es muy difícil encontrar una verdad” (15).

“La amistad es una oreja” (118).

 


Acabo de terminar de leer la novela El fin de la tristeza (2024) publicada por Random House, cuyo autor es el escritor venezolano Alberto Barrera Tyszka (1960).

Esta novela me la prestó mi hija María Victoria quien la compró en una librería de Madrid, en octubre pasado. Casualmente, ese día estaban bautizando El fin de la tristeza. Barrea T. le escribió una dedicatoria. La letra de Barrera es singular. Para mí es la de un ser que tiene gran cantidad de  conflictos  internos (como muchos) y, por otro lado, de alguien batallador. 

Cuando uno llega a la última palabra de El fin de la…, realmente no llegamos al fin, puesto que, de inmediato,  se abre un abanico de posibilidades para entender esta novela y abordarla desde diferentes perspectivas.

Gabriel Medina es un joven geógrafo que trabaja en una oficina llamada El Archivo situada en el centro de Caracas. Se trata de un hombre tímido, introvertido, obsesivo y con claros rasgos paranoicos. Gabriel vive solo en un apartamento y sus padres viven fuera de Caracas y los visita los sábados. Gabriel asiste con regularidad a terapia con una psicóloga de nombre Elena Villalba.

Un día, habiendo decidido cambiar la ruta por la que siempre se dirige a su trabajo después de salir del Metro de Capitolio, ve a lo lejos a una mujer que lo atrae. Tienen contacto visual pero pasan de largo. Gabriel se detiene frente a una tienda donde venden televisores para ver a la mujer mientras se aleja. Sorpresivamente ve en la pantalla de un televisor a su “psiquiatra”, esposada, acompañada por dos personas que lucen como policías. Leyendo los labios de la locutora, logra dilucidar que la llaman Doctora Suicidio. Gabriel no entiende qué ocurre.

Llega a su trabajo con las imágenes en su mente: la de la desconocida y la de Elena Villalba. A los pocos días, van a su trabajo dos policías que lo interrogan sobre la Doctora Suicidio y Gabriel se muestra parco, en realidad, no sabe qué decir ni qué pensar. En la oficina todos se enteran y empiezan a fijarse en él, algo que era inusual.

Después de lo anterior, El fin de la tristeza nos narra una serie de suicidios: el de Luis Felipe Ayala, un ingeniero de cincuenta y tantos años que aprovecha que su esposa está en Canadá donde había ido para visitar a uno de sus hijos, y se da un tiro en la cabeza; el de una mujer –Raquel Sayago- de setenta y dos años, casada y con una hija (Cecilia) quien se encierra en uno de los cuartos de su casa y destapa una bombona de  gas dentro del mismo y la hallan muerta; el de Sofía Aranguren, una joven estudiante del primer semestre de odontología, de 19 años, quien se suicida lanzándose desde un viaducto de la Cota Mil. Luego sabremos que hay muchas más personas que se han suicidado. El denominador común de estos suicidios es que todos eran pacientes de Elena Villalba, psicóloga que trabajaba en un grupo de atención psicológica gratuita y/o de bajo costo. Varios familiares de personas que se han suicidado ponen la denuncia en la Fiscalía General de la República.  Un influencer llamado Roco-Yo le pone a la psicóloga el nombre amarillista de Doctora Suicidio y con este caso también pretende obtener fama, popularidad y dinero.  

Gabriel desde hacía tiempo se había retirado de las redes sociales pero, a raíz del caso de la Dra., empieza a conectarse para obtener información sobre lo que realmente estaba pasando. Exhibe  conductas paranoicas pensando que la policía lo está persiguiendo lo que, a posteriori, parece ser cierto.

Gabriel recuerda sus consultas, lo difícil que le resultaba hablar en ellas y las pocas frases que le decía Elena, entre ellas,  “¿Pero qué es lo peor que puede pasar?,  otra es, “¿por qué le das tanto poder a los demás?”

Gabriel  piensa y re piensa  en la mujer que ha visto cerca de su trabajo. La ve varias veces más hasta que un día decide abordarla e invitarla a tomar algo. La mujer se llama Inés. No ha sido nada sencillo. Gabriel se pone rojo (algo que le ocurre desde que tiene consciencia de sí mismo, se le aguan los ojos, aprieta la mandíbula, le sudan las orejas, las manos se le ponen rojas). El primer encuentro termina en un desastre por las reacciones emocionales de Gabriel, lo que desconcierta a Inés.

Me detengo aquí para contar un hecho de su infancia: Gabriel, como ya he señalado, era muy tímido, le costaba hablar con las personas y más con desconocidos. Las lágrimas llenaban sus ojos y el rubor no tenía ninguna consideración. Un día su padre, quien lo consideraba un niño débil le enseñó qué hacer para que eso se le pasara. Lo golpeó en la mandíbula, con ello aprendió a contraerla con frecuencia, le dijo que cada vez que estuviera a punto de llorar, parpadeara hasta que se le pasara. Gabriel adoptó estos actos como parte de su vida.

Un día, Gabriel recibe una llamada de una mujer desconocida quien le dice que Elena Villalba le pide que vaya a verla a la cárcel. Se sintió confuso pero al final va. Elena le dice que la secretaria del consultorio, Gisela Montes,  tiene la memoria de la cámara con que ella grababa las sesiones de terapia y que la está chantajeando. Elena le pide a Gabriel que la recupere.

Queda claro que Elena Villalba grababa sus sesiones, cosa que no es habitual. Lo único que puede justificarlo es que el o los pacientes lo autoricen.

El por qué y el para qué Elena Villalba grababa las sesiones es algo que no queda claro. ¿Estará Gabriel en esas grabaciones?, se interroga.

En una circunstancia no muy clara, una persona que se había comunicado telefónicamente con Gabriel, lo cita para entregarle la memoria de la cámara.

Después de la visita a Elena, Gabriel se siente más perseguido y en las redes aparece su nombre y su foto. El programa de Roco-Yo deja ver que Gabriel o estaría en peligro o que era cómplice de Elena.

Cada día Gabriel se siente peor. Un día intenta volver a ver a Inés después del primer encuentro que termina mal como hemos mencionado. Ella le responde y decide recibirlo en su casa. Gabriel le cuenta a Inés todo lo que le está ocurriendo y ven las grabaciones. Inés luce impactada. Ese día pasan la noche juntos y ella le da un teléfono suyo para que se comuniquen por allí.

Gabriel intenta contactar al abogado de Elena, para hablar de las grabaciones pero no las llevaba consigo, las había dejado en una bolsa de sardinas que su papá había comprado y que, por lo tanto, estaba en el refrigerador de la casa de sus padres. Gabriel aborda al abogado y éste le pregunta si ya tiene la memoria. Gabriel le dice que sí pero que no con él. En eso llega la policía y se llevan con violencia a Gabriel. Lo golpean en la patrulla.

En un atasco, los policías se bajan del auto para ver si logran pasar y Gabriel huye. Cuando los policías se dan cuenta, lo persiguen pero Gabriel escapa. Se mete en una iglesia donde pasa la noche, no sin antes poner a cargar su teléfono  y el que le dio Inés.

Al día siguiente y aún dentro de la iglesia, Gabriel  toma sus teléfonos. Le extraña no tener ningún mensaje, le extraña que su madre no lo haya llamado. Se pone a revisar las redes sociales y encuentra una noticia en la cual se menciona que Elena Villalba ha confesado y se ha declarado culpable. También encuentra una entrevista que le hace Roco-Yo a Elena “-  (Elena) Yo nunca le pedí directamente a ninguno de mis pacientes que atentara contra su vida… (Roco-Yo)  -Pero la información oficial señala que usted ha reconocido su responsabilidad en esas muertes… (Elena) –Así es…_Quizás yo pude impedir alguna de esas muertes… (Roco –Yo) –Hablemos ahora de Gabriel Medina…(Elena) –Él es todavía muy dependiente de la terapia…Gabriel Medina vivió una experiencia traumática hace unos años. Sus padres murieron. Los dos juntos- Él los encontró…” (196-198).

Gabriel no puede creer lo que acaba de escuchar, lo que ha dicho Elena Villalba. No es posible que sus padres estén muertos, no es posible que se haya inventado muchas cosas. Entonces, decide buscar a Inés en la calle donde la conoció y, en efecto, la ve salir de su trabajo acompañada de dos personas. Se le acerca, le habla. Inés lo mira confundida

“-Inés…Y comienzo a pestañear rápidamente. Ella no responde. Sólo me observa, desorientada, indecisa. Un silencio inquietante se desliza entre ambos. Inés duda. Y entonces la abrazo. Con fuerza, intensamente. Y no me importa lo que ocurre alrededor. No me importa nada. Me aferro a ella como si sólo así pudiera, por fin, acabar con la tristeza” (206).

Así finaliza El fin de la tristeza. A uno le queda la sensación de que Inés no reconoce a Gabriel lo que implicaría que Gabriel sufre un trastorno mental severo que colinda o está dentro del campo de la psicosis que es el término médico de la locura. Pero podemos extraer otra idea de esa escena: Gabriel abraza a Inés como si ella es su tabla de salvación. El amor como único elemento de salvación de la vida humana.

El fin de la tristeza muestra matices de la situación social y económica que se vive en Venezuela en años recientes, la persecución policial fuera de cualquier estado de derecho. El tema de las redes sociales que ha llevado a una ausencia de límites, de separación de lo que es público y de lo que es privado (¿Por qué la vida privada de la gente está desnuda y expuesta en las redes? (118). El tema de la salud mental es central en esta novela de Barrea T.

No sé bien qué pensar de El fin de la tristeza: está bien escrita, sin embargo, hay párrafos que me dejan pensando, siento que hay algo en ella que no logro aprehender.

 

Alberto Barrera Tyszka



Escrito y publicado por Libia Kancev D.

Caracas, 21 de noviembre de 2024.

 

  

viernes, 1 de noviembre de 2024

SIMPATÍA


Hace un par de días terminé de leer la novela Simpatía (2021), publicada por la editorial Alfaguara y cuyo autor es el escritor venezolano Rodrigo Blanco Calderón (Caracas, 1981).

Simpatía llegó a mis manos a través de mi hija mayor María Victoria quien estuvo unos días de vacaciones por Francia y España. La novela me la envió mi hermana Ivanka a quien le agradezco mucho.

De Blanco Calderón sólo había leído relatos cortos recogidos en varios textos. Todos me resultaron atractivos. Simpatía es su segunda novela y me gustaría leer la primera titulada The Night (2016), con la que obtuvo el Premio Bienal de Novela Mario Vargas Llosa en su tercera edición. Espero conseguirla y leerla en algún momento.

Como sabrán, en Venezuela y desde hace algunos años, se ha hecho muy cuesta arriba ir a una librería para adquirir una novela así como así. Tres factores lo explican: el costo, el hecho de que no puedan encontrarse y que han desaparecido muchas librerías.  

Después de este preámbulo quiero referirme al “hueso” de Simpatía.

Mientras la leía, por mi mente pasó en varias ocasiones la palabra “laberíntica”. “Ésta es una novela laberíntica”.

Rodrigo Blanco nos relata diversas circunstancias. Pienso que las centrales (una realidad que permite hacer metáforas) giran en torno al abandono de los perros, bien sea por residentes en el país que no tienen cómo mantenerlos y también por parte de gente que emigra y no se los pueden llevar con ellos.

La otra es la situación económica y social del país que ha llegado a comprometer (y sigue comprometiendo) una necesidad básica como es la alimentación para no hablar del área de la salud, de la educación, del pésimo funcionamiento de los servicios públicos. El tema del abuso policial y el de la corrupción no se quedan atrás. En fin, una dura realidad que literalmente tortura a la mayoría de los venezolanos.

Ulises Kan, un adulto joven que dicta talleres de apreciación cinematográfica en un centro cultural de Caracas y cuya historia de vida tiene como antecedente particular el hecho de haber sido abandonado al nacer y adoptado a los 8 años de edad por una pareja procedente de Ciudad Guayana  (los Khan) que no había podido tener hijos, no obstante, al hacerse efectiva la adopción, la señora Khan queda embarazada y, de alguna manera, Ulises pasó a ser como un objeto que se ha adquirido de más.  Así, la relación de Ulises con su familia adoptiva (que ya se hallaba fuera del país) no tuvo mayor consolidación afectiva.

Ulises estaba recién separado de su esposa Paulina quien le había pedido el divorcio. Antes de ese hecho, Ulises le había dicho a Paulina que quería conocer a su suegro (para esa fecha tampoco conocía al hermano gemelo de Paulina llamado Paul). Ni Paulina ni su hermano tenían relación con su padre por graves desavenencias entre ellos, así como las tuvieron con su madre Altagracia, ya fallecida (en un probable suicidio).

Lo cierto es que Ulises va a conocer a su suegro (todavía) que era el general  retirado Martín Ayala.  Martín participó en la contención de la intentona golpista de Hugo Chávez  (Barinas, 1954- Caracas, 2013) en 1992 contra Carlos Andrés Pérez (Edo. Táchira, 1922- EE. UU, 2010).  En 1999 pasó a retiro. Al parecer, Martín y Chávez mantuvieron una relación de respeto.

Martín vivía en una casa situada en el Este de Caracas llamada Los Argonautas.  Estaba afectado por un enfisema pulmonar. Casi de inmediato, entre Martín (que también había sido adoptado) y Ulises se establece una excelente relación (casi de padre e hijo y viceversa).

Martín Ayala se había convertido en amante de los perros. Tenía tres y había establecido las bases para crear una fundación llamada Simpatía por el Perro, que funcionaría en su propia casa después de su muerte y que estaría destinada al cuido de caninos y su puesta en adopción.

Una vez separado Ulises de Paulina, este inicia una relación con una joven llamada Nadine que, al parecer, era bailarina y había estado un tiempo en Argentina. Ulises la había conocido en uno de sus talleres. Así que se reencuentran  y comienzan una relación apasionada. Ulises hace que Martín y Nadine se conozcan.

El general Martín Ayala fallece y en el velorio, Ulises se encuentra con el abogado Edgar Aponte quien le notifica que Martín le había dejado el apartamento donde Ulises había vivido con Paulina pero, hay una condición, Ulises debería encargarse de poner en marcha, en un período de 4 meses, la fundación protectora de los perros, en conjunto con una pareja: Jesús, entrenador de perros y Mariela, veterinaria, con quien Martín había establecido contacto mucho antes de fallecer. La herencia de Martín incluso establecía que después de 5 años de funcionamiento de la fundación, Jesús y Mariela pasarían a ser los dueños legítimos de Los Argonautas.

Ulises también se encuentra con Paulina quien le dice que impugnará el testamento de su padre.

Ulises se da a la tarea de activar la fundación y se traslada a Los Argonautas con Jesús y Mariela. En la casa también habitaban la señora de servicio Carmen y el señor que le hacía compañía a Martín, Facundo Segovia (un español -87 - que había emigrado a Venezuela hacía muchos años siguiendo a su hermano mayor, Francisco, que trabajaba – y vivía- en el Hotel Humboldt desde que fue construido e inaugurado en 1956 bajo la dictadura de Marcos Pérez Jiménez (Venezuela, 1914 – España, 2001).

Martín había dejado dispuesto las remodelaciones que se debían hacer en la casa. Y lo pendiente, Ulises se lo hacía saber a Aponte pero, más temprano que tarde, Aponte muestra su verdadero rostro de hombre corrupto dispuesto a extorsionar a Ulises quien se da cuenta a tiempo y logra grabar a Aponte en su intento de chantajearlo. Más adelante nos enteramos que Paulina y Edgar se conocían desde hacía años y que se confabulan en contra de Ulises.

El trato entre Ulises y Nadine iba bien hasta que la joven empieza a ausentarse y Ulises no logra contactarse con ella. De pronto, Nadine aparecía de madrugada en Los Argonautas, se ubicaba en el jardín y parecía bailar con los perros de Martín.

Un día, Ulises logra conectarse con el número de Nadine pero, quien lo atiende es la señora Kando, la abuela de Nadine quien le dice varias cosas, entre ellas: que Nadine se llama María Elena, que no es bailarina, que no había estado en Buenos Aires si no en la Isla de Margarita, que había pasado unos meses en la India, que era profesora de yoga, que está casada con un buen hombre (aunque atormentado) y que tiene una hija de 3 años que ella cuida. Agrega que la mamá de María Elena se había ido hacía años a Francia y que prácticamente la había abandonado. La señora Kando añade que María Elena tiene una conducta algo errática y que se relaciona con diversos hombres.

Un día, Nadine y Ulises se vuelven a encontrar  en Los Argonautas. Nadine se obsesiona con las novelas de la escritora australiana Elizabeth von Arnim (fallecida en EE. UU en 1941) que era amante de los perros y de los jardines y que había tenido una vida conflictiva con su esposo e hijos. Martín le había hablado de esta escritora a Ulises.

Después de la muerte de Martín, Facundo le da una caja a Ulises y le dice que se la lleve a su apartamento. Aparte de las novelas por las que se obsesiona Nadine, en la caja hay una traducción que había hecho Altagracia de las mismas y que Nadine considera como una autobiografía de Altagracia. También, la caja contenía un relato sobre El Libertador Simón Bolívar (Caracas, 1783-Colombia, 1830) acerca de su historia con su perro, de raza mucuchíes, llamado Nevado.

Ulises nunca llega a comentarle a Nadine lo que la abuela Kando le había dicho sobre ella. Nadine tenía un comportamiento extraño que parecía ir del sonambulismo a algún trastorno mental importante. El final de Nadine es trágico ya que, en una crisis de celos su esposo la mata a ella, a la hija de ambos y se suicida.

Un día, aparece frente a Los Argonautas un perro grandísimo que parecía perdido o abandonado. Al instante, Ulises y el perro hacen “contacto”. Ulises dice “Este perro es un regalo enviado por Dios” (173). Se trataba de un perro de la raza alemana Leonberger y que llevaba una cadena donde aparecía el nombre de Iros. Ulises decide llevárselo a su apartamento dejando claro que sólo lo devolvería si el dueño tenía pruebas de que fuera suyo.

Ulises se lleva a Iros a su apartamento y el perro, de alguna manera, le cambia la vida. Ulises se siente feliz con Iros.   

Ulises logra sacar adelante todos los preparativos para inaugurar la fundación en el tiempo estipulado en el testamento de Martín, que, por otra parte, lo haría dueño del apartamento donde vivía y para ello tuvo que comunicarse con el Dr. Ariel Aponte, (también adoptado) que había sido muy amigo de Martín y padre del Dr. Edgar Aponte (que era hijo adoptivo de Ariel). Ariel había dejado a cargo del manejo del testamento de Martín a Edgar  como una especie de prueba y saber el estado de su conducta ética y moral ya que tenía serias dudas sobre su comportamiento, confirmando que era un corrupto.

Ya casi al término de la novela, Ulises se encuentra con Paul (su ex cuñado), al que reconoce por ser idéntico a Paulina. Paul le dice que había venido a ver por última vez el apartamento donde había vivido con sus padres y hermana ya que se regresaba para Holanda donde tenía años viviendo y no pensaba regresar más al país. Lo cierto es que Ulises y Paul pasan el resto del día juntos, viendo películas y comiendo cualquier cosa. Paul le cuenta a Ulises una serie de situaciones en su familia que Ulises desconocía, algunas de las cuales pone en duda. Una de  ellas, el hecho de que Paul le relata que él había sido responsable de la muerte de Nevadito, perro que Martín le había regalado  a Altagracia.

Altagracia adoraba al perro. Un día encuentran muerto a Nevadito aparentemente envenenado y Altagracia casi enloquece. Paul le relata que él había puesto un hueso de chuleta de cerdo en su comida y que Nevadito había muerto ahogado con el mismo. Esa versión no era la que conocía Ulises sino la de que Martín lo había envenenado ya que tenía celos del perro.

Ulises lleva a Paul al aeropuerto y al regresar al apartamento encuentra a Iros en mal estado, llama a Jesús y a Mariela quienes no logran salvarlo. Resulta que Iros había sido envenenado por Edgar Aponte, el cual huye hacia Estados Unidos acusado de corrupción y finalmente  se “suicida”. Ulises decide vender el apartamento ya que piensa que es de mala suerte e irse del país.  Se lo vende al Dr. Ariel Aponte y se va para Holanda  donde pide asilo político. Después de unos días, Ulises va a la dirección que Paul le había dado para que lo contactara en caso de que quisiera ir a Holanda y se sienta en un pequeño restaurante frente al lugar donde vivía Paul…

Simpatía termina de una forma abierta, diría que demasiado abierta.

Simpatía es una novela que me ha gustado, que amerita una lectura atenta ya que hay relatos centrales dentro de los cuales hay relatos “menos” centrales pero que cada uno de estos podría dar origen a relatos con vida podría.  Ahora creo saber por qué, mientras leía la novela, surgía en mi pensamiento la palabra “laberíntica”.

Podríamos afirmar que Simpatía pertenece al grupo de novelas que se  ha dado en llamar “de la diáspora”, literatura de la diáspora, no obstante, lo hace pero desde un punto de vista singular, partiendo del abandono de los perros, esos animales, esas mascotas habitualmente muy queridas por sus dueños.

De pronto, esta novela de Blanco Calderón me hace pensar que los que han emigrado de Venezuela no han casi 8 millones. Todos somos emigrantes porque esta Venezuela no es la que conocíamos.

 

Rodrigo Blanco Calderón


Escrito y publicado por Libia Kancev D.

Caracas, 1 de noviembre de 2024.

 
















miércoles, 18 de septiembre de 2024

El invierno en Lisboa





El invierno en Lisboa (1987) es la segunda novela del escritor español Antonio Muñoz Molina (Jaén, 1956). La leo en una edición de Seix Barral.

Como todas las novelas que he leído de este autor, esta también me la prestó Amneris Tovar a quien conocí, casi por casualidad, hace como 5 años y con la cual me une el amor por la literatura.  

Así, he leído Tus pasos en la escalera (2019), Volver a dónde (2021), No te veré morir (2023), La noche de los tiempos (2009), El dueño del secreto (1993) y El invierno en Lisboa de la cual les comento ahora.

Cuando Amneris me prestó esta novela, me dijo “esta novela no me gustó nada”. No obstante, me dispuse a leerla con la mente bien abierta y paso a paso.

El invierno en Lisboa es una novela extraña. Extraña significa que su trama no resulta muy clara, hay una mezcla de tiempos  (presente y pasado) entre la mayoría de los protagonistas.

Esta novela se desarrolla entre San Sebastián, ciudad ubicada al noreste de España (costera), Madrid y Lisboa.

El trasfondo de El invierno en Lisboa es la oscura historia de amor (o no) entre un pianista llamado Santiago Biralbo y una mujer llamada Lucrecia quien, al momento de conocer a Santiago, era pareja de un norteamericano llamado Bruce Malcom dedicado al reportaje sobre obras de arte y a la venta ilícita de estas mismas.

La atracción entre Santiago y Lucrecia es muy íntima y muy inmediata pero, al poco tiempo de conocerse, Lucrecia y Bruce se marchan a Berlín no sólo por asuntos de negocios de él sino parece que Bruce siente la necesidad urgente de alejar a Lucrecia de Santiago. Entendemos que Bruce se percata de lo que le sucede a su mujer con este pianista.

Santiago y Lucrecia pasan tres años sin verse y comunicándose por cartas hasta  que a Santiago no le llegan más cartas. Todos los amigos de Santiago, el narrador, el dueño del bar Lady Bird (Floro Bloom), Billy Swann, que era un trompetista negro que tenía un grupo musical del que formaba parte Santiago (e incluso habían grabado juntos), se dan cuenta que lo que Santiago siente por Lucrecia es algo que le traza un destino que no luce nada favorable. Santiago  a duras penas trata de recomponer su vida dando a Lucrecia por perdida.

Pero, por otra parte, Lucrecia estaba viviendo una vida infernal con Malcom quien la amenazaba constantemente con una pistola. En la trama también aparecen unos personajes siniestros, amigos y socios de Malcom, llamados Toussaints Morton y su rubia secretaria Dafne.

Llega un momento que Lucrecia logra huir de Berlín y Morton y Dafne la buscan pero no dan con ella. También buscan a Santiago pensando que están juntos pero no era así. Cuando Santiago y Lucrecia se reencuentran, en secreto, deciden  huir hacia Lisboa, pero Santiago no continúa pensando que las cosas entre ellos no eran iguales. Aunque el amor sigue.

Lo cierto es que Lucrecia se va sola a Lisboa. No obstante, Mortom sigue persiguiendo a Biralbo. Biralbo se entera que Lucrecia se había apoderado de un cuadro del pintor francés Paul Cézanne (1839 – 1906)  pintado en 1906., llamado La montaña Sainte-Victorie.

Lucrecia se hace con un plano donde quedaba claro dónde estaba el cuadro (en Lisboa). Se lo robó a Bruce quien, a su vez, se lo había robado a un hombre llamado El Portugués que fue asesinado por Bruce y Mortom intentando hacer que confesara dónde estaba el cuadro. Ese asesinato es presenciado por Lucrecia. Después de eso es que Lucrecia decide huir, hallar el cuadro y venderlo asegurando su futuro económico.

Cuando ya Biralbo piensa que más nunca volvería a ver a Lucrecia, viaja a Lisboa después de recibir un llamado de uno de los músicos de Swann, quien se hallaba muy enfermo. Biralbo va y encuentra a su amigo muy desmejorado. Biralbo se topa en un tren de Lisboa con Bruce y Bruce, aunque lo que quiere es matar a Biralbo, le interesa primero que le diga dónde está Lucrecia y dónde está el cuadro antes mencionado.  Pero Biralbo se entera de lo del cuadro porque se lo dice Bruce. Biralbo y Bruce pelean y Bruce cae a los raíles del tren y muere. Para Biralbo es evidente que Lucrecia sigue en Lisboa y logra dar con ella, no para vivir juntos sino para decirle que huya, que Morton la hallará y la matará.

Biralbo es buscado por la policía ante el hallazgo del cuerpo de Bruce y debe huir de Lisboa. Para ello, Lucrecia lo pone en contacto con un falsificador de documentos quien le hace un pasaporte con un rostro cambiado al igual que con el nombre falso de  Giacomo Dolphin. Santiago acepta esa ayuda de Lucrecia pero no sin exigirle que ella se valla de Lisboa inmediatamente.

Santiago regresa a Madrid, sigue tocando y más nunca supo nada de Lucrecia aunque él pensaba que si lo buscaba por su verdadero nombre ella nunca lo encontraría.

Aunque sigo pensando que se trata de una novela extraña, puedo afirmar que tiene muchas frases sencillas pero con un franco carácter literario.

La edición que leo de El invierno en Lisboa incluye un epílogo de Muñoz Molina del año 2014. El autor hace una reflexión sobre esta novela y señala que no se reconoce en ella. También comenta que la novela fue escrita sin mayor expectativas editoriales, no obstante, la novela si lo tuvo en su momento.

 

 

Escrito y publicado por Libia Kancev.

Caracas, 18 de septiembre de 2024.

lunes, 16 de septiembre de 2024

Doña Inés contra el olvido

 



Yo tengo la razón que me da el pasado y tú la que te da el futuro; ya verás que el tiempo nos cubrirá a los dos completamente, pero yo los seguiré buscando porque tengo la voluntad de que permanezcamos en la memoria (36).

María Teresa Torres

Todavía tenemos grillos morales y podemos decir que los grillos morales de hoy, que impiden el desarrollo total del país, serían: la corrupción, la irresponsabilidad y la negligencia que es la primera enfermedad nacional y quizás el peor de los grillos.

Óscar Yanes

 

Novela de la escritora venezolana Ana Teresa Torres (1945). Leo esta versión en una 1 edición de Monte Ávila Editores. La novela consta de 239 páginas.

Tiene tres partes, cada una con varios capítulos.

Doña Inés contra el olvido es una novela histórica  (¿o una historia novelada?) que va desde la época de la colonia (cerca de los inicios de la independencia) hasta bien entrado el siglo XX en nuestro país.

La narradora, Doña Inés Villegas y Solórzano es una mujer que ya falleció - el 23 de abril de 1781 a los 87 años de edad- pero es su memoria la que queda viva y que Ana Teresa Torres pone en movimiento en esta excelente novela.

Inés Villegas estaba casada con un primo llamado Alejandro Martínez de Villegas con quien tuvo 10 hijos en 15 partos, quedando vivos: Nicolás, Alejandro, Mariana, Manuela, Antonio, Isabel, Félix, Teresa, José Ramón y Francisca. Los demás habían muerto.

Ana Teresa Torres se sirve de buena parte de la historia venezolana (del período mencionado) para relatarnos los trajines de una familia mantuana y dueña de tierras donde resalta Doña Inés en su lucha por mantener las posesiones que heredó de su padre. Doña Inés se niega a olvidar (importante en un país donde se considera que muchos tenemos memoria corta). Durante buena parte de la narración, Doña Inés busca los escritos, los memoriales, etc.  que sirven de constancia de todos los hechos que afirma en sus recuerdos.

La lucha de Doña Inés es contra Juan del Rosario Villegas, negro e hijo natural de su esposo con una de las esclavas que trabajaba en su casa. En una ocasión, Alejandro le había dicho a Juan que le daría unas tierras como herencia en el valle de Curiepe pero Doña Inés no estaba dispuesta a aceptar eso, aparte que Juan del Rosario asume una actitud prepotente y desconsiderada hacia Doña Inés quien había contribuido a su crianza.

Son muchos los hechos que se narran en Doña Inés contra el olvido como, por ejemplo, la emigración a Oriente (desde Caracas) liderada por Bolívar (Caracas, 1783 – Colombia, 1830) huyendo de la entrada a Caracas, el 7 de julio de 1814, del comandante realista José Tomás Boves (España, 1782- Urica, 1814). Por cierto que, Doña Inés era prima de Simón Bolívar que, para la fecha, ostentaba el título de coronel. En ese episodio histórico emigraron más de 20 mil personas junto a Bolívar y sus tropas. Muchos murieron en el camino.

En esa huída va Isabel Madriz, viuda de uno de los nietos (Francisco) de Doña Inés (hijo de su hijo, valga la redundancia, Nicolás). Isabel va en una carreta con sus tres hijos: dos varones e Isabel, que estaba muy pequeña (2 años).

Isabel iba acompañada por la esclava Daría quien le había dado pecho a la niña desde su nacimiento. Lo cierto es que tanto Isabel como sus dos hijos varones mueren y Daría se lanza de la carreta con la niña yéndose para Barlovento. La niña permanece con Daría hasta los 12 años (para la fecha, Daría tenía ya 3 hijos) pero ella decide que ya debía devolver  a Isabel a su casa. Daría busca al sacerdote que bautizó a la niña apenas nació para que de fe de que es hija de Isabel  Madriz y bisnieta de Doña Inés. Isabel entra en un convento hasta que se casa con José Manuel Blanco quien la ayuda a demostrar que es la dueña legítima de las tierras que eran de su familia. Isabel le pide a Daría que se vaya con ella y Daría lo hace llevándose a su hija hembra. En esta parte también se relata el terremoto en Caracas (1812), que fue interpretado por los negros como castigo de Dios por la rebelión hacia Fernando VII.

Hay otra historia muy interesante y es la de Julián Cayetano quien fue caporal de Francisco, nieto de Inés. Julián Cayetano tenía su pareja, Juana Solórzano (hermana de Daría)  y tuvo un hijo llamado Andrés. Francisco también le había prometido una parcela de tierra a Julián y esta le es concedida por Isabel quien también les da su libertad a Juana y al niño Andrés.   

Andrés Cayetano tiene un hijo llamado Manuel. Manuel tiene un hijo llamado Domingo (Dominguito) quien, al final, fue criado por su abuelo Andrés en vista de que Manuel mata a su mujer (Gregoria Luna) al encontrarla con un amante y huye del pueblo, abandonando a su hijo.

Así que Dominguito es criado por su abuelo Andrés quien le enseña sus primeras letras.

El personaje de Domingo Sánchez Luna ocupa varias páginas de la novela ya que el joven, al morir su abuelo, comienza a portarse mal, robando en las casas vecinas y sus alrededores.  En una de esas vivencias, está a punto de ser matado por los soldados que acompañaron a Cipriano Castro (Capacho, 1858- Puerto Rico, 1924) en su entrada a Caracas en 1899. Castro ordena que no lo maten porque le parece que se trata de un muchacho valioso. Domingo Sánchez L. es incorporado a los soldados de Castro.

Domingo Sánchez Luna regresa de la batalla de Tocuyito (1899) donde se destacó, convertido en capitán, sin embargo, más temprano que tarde, se da cuenta que no tendrá mayor futuro en el ejército y decide probar suerte en el área del comercio. A su vez, empieza a visitar varios burdeles, dentro de los que resalta, La Venus de San Juan, cuya dueña era una mujer llamada Lucía Chuecos (alias madama Ninon).

En La Venus de San Juan, madama Ninon tiene a una joven llamada Magdalena (entre 13 a 15 años) que había traído del campo y cuya relación con la madama no queda clara. Lo cierto es que la madama no quería que Magdalena se dedicara a la prostitución y estaba muy pendiente de ella. No obstante, Domingo Sánchez pone sus ojos sobre la muchacha (habíamos pensado que con buenas intenciones) pero resultó que Domingo Sánchez, a sabiendas que Cipriano Castro quería tener relaciones íntimas con una muchacha virgen, se la ofrece. Esa canallada la cometió Domingo Sánchez a cambio de los favores económicos de Castro.

Domingo empieza a prosperar en los negocios y, ante la traición de Juan Vicente Gómez (Táchira, 1857- Aragua, 1935) a Castro, Domingo se acerca a Gómez y logra “enchufarse”, como diríamos hoy en día, tanto así que Gómez lo nombra ministro, posición que aprovecha Domingo para enriquecerse hasta que llega el día que Domingo Sánchez piensa en la necesidad de casarse y formar una familia. En una ocasión, conoce a Belén (viuda joven) quien era familia de Doña Inés por parte de su padre  y que había tenido a Belén y a María Cristina en un segundo matrimonio después de haber quedado viudo.

Belén y Domingo Sánchez Luna se casan.

Belén tenía su propia historia. Era una joven desenvuelta, dada a la lectura, jovial. Como mencionamos antes, había quedado viuda de un joven llamado Miguel quien había luchado contra la dictadura de Juan Vicente Gómez, que duró desde 1908 hasta el año de su muerte en 1935.

Miguel había participado en la invasión frustrada llamada Falke (ocurrida en Cumaná en 1929). Resulta herido y es ayudado por un joven (que se dirigía desde Barcelona a Cumaná), de origen español, judío, que había migrado a Venezuela buscando una nueva vida  ejerciendo su oficio de platero. El hombre se llamaba León Bendelac. Entre Miguel y León se establece una amistad  y, después que Miguel se recupera le dice a León que iría a Caracas y luego rumbo a París para evitar ser encarcelado después de la intentona y le dice a León que se expanda hacia Caracas y no hacia oriente y le da una recomendación escrita, dirigida a sus padres, para que ayuden a León a establecerse en la capital.

Efectivamente, León se va a Caracas y busca a los padres de Miguel (enterándose que éste había fallecido de tuberculosis en París, cosa que lamenta). Los padres de Miguel lo recomiendan con un joyero de apellido Salbic que también era judío. El señor Salbic identifica, de inmediato, las capacidades de León, sin dejar de pensar que León podría casarse con su hija Dora que aún estaba soltera. León y Dora se casan y tienen hijos. La joyería pasó a llamarse de Salbic a Salbic y Bendelac.

Un día, Belén va a la joyería Salbic y conoce a León. Desde un primer momento, quedan prendados uno del otro y se enteran que Belén había sido la esposa de Miguel y Belén se entera que era él, el hombre que había salvado a Miguel. A pesar de la clara atracción entre Belén y León, éste se debate en el aspecto moral de la situación pues no quería engañar a su esposa. Por otra parte, Belén ya estaba casada con Domingo Sánchez Luna. Pero se habían enamorado y comienzan una relación de amantes aunque siempre estuvo claro que Belén tenía una cabeza más fría.

Tiempo después, Domingo Sánchez L. tiene deseos de ir a París con Belén y toda la familia de ella, incluyendo a su madre, a su hermana y su cuñado (Luis Villaverde)  y sus cuatro sobrinos. A quienes Belén adoraba. Belén nunca tuvo hijos. Así, llegó el día en que Belén va a decirle a León que se va de viaje (y que regresaría). Esto es algo que León no soporta y al final termina abandonando a su esposa e hijos sin decir una palabra y yéndose a vivir hacia el oriente del país.

Belén y Domingo pasan varios años en París y, al regresar, Domingo llega enfermo y al poco tiempo muere en Caracas.

Belén se dedica a compartir con sus 4 sobrinos, siendo el preferido Francisco. En una ocasión, Belén va a la joyería  Salbic y se entera que León  se había marchado y que su familia no había vuelto a saber de él. Tiempo después, la joyería es asaltada (ya casi arruinada, por el avance modernista de Caracas), y el señor Salbic es asesinado en ese asalto.

Pasan los años. El cuñado de Belén muere. Sus sobrinos crecen. Las hembras se casan con gente de muy buena posición económica y Francisco estudia ingeniería y trabaja en una compañía y vive de un salario. Francisco está casado con Silvia. Un día, Belén llama a su sobrino Francisco y le dice que quiere dejarle su casa cuando ella muera y su parte de las tierras que le corresponde. Francisco no tiene mayor interés en ello, pero su tía insiste y le pide que vaya a hablar con un abogado/historiador llamado Don Heliodoro, quien, por su gran gusto de la historia, se había hecho con muchos documentos de múltiples propiedades de la época de la Colonia. Don Heliodoro (quien había sido amigo de Domingo Sánchez Luna y de Belén) le da a Francisco los documentos que prueban la propiedad de las tierras de su familia.

Por otro lado, se cuenta la historia de Ernestino Tovar, un curandero del pueblo, entendido en el tratamiento de las picaduras de culebras. Ernestino también fue el fundador local del partido Acción Democrática.

Ernestino conoce a una niña/ joven llamada Vicenta y trata de enamorarla pero ella prefiere a un tal Palafino con quien tiene una hija llamada Ignacia. Vicenta deja a su hija para ir a trabajar como sirvienta en la casa de Belén y de vez en cuando la va a visitar. Ignacia tiene un hijo a quien llama José Tomás. Ernestino es nombrado su padrino y se preocupa porque el joven estudie.

Al poco tiempo, Ignacia es picada por una culebra y Ernestino hace lo imposible por salvarla  pero no lo logra, así, Vicenta regresa a Barlovento para criar a su nieto. Lo manda a estudiar con los sacerdotes jesuitas a Barcelona donde se gradúa de bachiller. Vicenta desea que su nieto siga estudiando pero este ingresa en el campo de la política y es nombrado concejal.

José Tomás se entera que las tierras que habían sido expropiadas a Doña Inés por Joaquín Crespo (Aragua, 1841 – Cojedes, 1898) para la construcción de un tren (que resultó algo fallido) estaban siendo usurpadas y que legalmente eran propiedad del municipio.

Así, Francisco Villaverde y José Tomás entran en contacto por la lucha de las tierras, donde Francisco aspiraba a llevar a cabo la construcción de un complejo turístico pero estaban interpuestas la parte expropiada a Doña Inés y que ahora, legalmente, eran del municipio. Es la relación que Vicenta había tenido con Belén y el ofrecimiento que le hace Francisco a José Tomás de hacerlo accionista menor de la compañía lo que les lleva a llegar a un acuerdo. Por supuesto, José Tomás tenía claro que la construcción significaría empleo  y beneficios para la gente del pueblo.

Doña Inés contra el olvido pone en evidencia, de alguna manera, por qué Venezuela es como es. Es decir, nos muestra antecedentes sociales, culturales, políticos, religiosos, los juegos del poder, de dominación, el racismo, etc., que nos permiten explicarnos qué somos hoy en día.

El mensaje  esencial de Doña Inés contra el olvido, si es que podemos señalar que las novelas y/o cualquier otra manifestación literaria contiene mensajes, es que hay que atesorar la memoria. Que el olvido es como negar el pasado lo que implicaría avanzar por un futuro a tientas.

Doña Inés contra el olvido está considerada un clásico de la narrativa venezolana contemporánea y recibió el Premio de Novela de la I Bienal de Literatura Mariano Picón Salas (1991) y el premio Pegasus de Literatura a la mejor novela venezolana de la década (1998), considerándola “…como una suerte de historia fabulada de la nación, que hace de la obra una pieza de la novela histórica, siendo por ello una contribución al imaginario nacional”.

Doña Inés contra el olvido ha sido traducida a varios idiomas.

 

Ana Teresa Torres


Escrito y publicado por Libia Kancev D.

Caracas, 16 de septiembre de 2024.