jueves, 29 de febrero de 2024

La mirada indiscreta

 


Cuando empecé a leer la novela
La mirada indiscreta (1945) del escritor belga en lengua francesa, George Simenon (1903-Suiza, 1989) lo hice con la idea de que se trataba de una novela policial ya que, mi hermana mayor, Ivanka, es  amante de este tipo de literatura y desde  joven la vi con novelas de este autor y también de la escritora inglesa Agatha Christie (1890-1976), de la cual, por cierto, nunca he leído ningún texto.

Vale destacar que Simenon fue el creador del personaje del famoso inspector de la policía francesa Jules Maigret que figura en muchas de sus novelas.

La mirada indiscreta se desarrolla en París y el personaje central es una mujer soltera, de 40 años, llamada Dominique Sáles que vivía sola y tenía alquilada una habitación  de su casa a una pareja joven, los Caille, formada por Albert y Lina, los cuales eran muy activos sexualmente, situación que era imposible que no fuera notada por Dominique ya que la pareja hacia mucho ruido con el agravante de que en ocasiones, Dominique los observaba por el ojo de la cerradura de la puerta de la habitación que ocupaban.

De alguna manera, Dominique pensaba que estaba mal la falta de pudor de los Caille pero, por otra parte, ello la hacía pensar en el tema de su sexualidad no ejercida.

La madre de Dominique había muerto muchos años atrás y, como veremos, buena parte de la forma de ser de Dominique estuvo signada por la crianza que le dio su madre.

Su padre, general del ejército, también había fallecido y Dominique lo había cuidado desde que ella tenía 15 años siendo una situación muy esclavizante para ella “Apenas salía ya de la casa. Su padre tenía un timbre al alcance de la mano y se ponía furioso si su hija no acudía a la primera llamada”.

Desde el punto de vista económico, Dominique se hallaba casi en una situación de pobreza. En la parte superior de su vivienda, vivía una anciana llamada Agustine que, al igual que Dominique, acostumbraba a espiar a los vecinos. Enfrente de la vivienda, había una casa grande de dos plantas habitada por una familia adinerada de apellido Rouet. Esta familia incluía a los señores Rouet,  a Hubert -el hijo- que tenía una salud muy precaria- y su esposa, Antoinette (que no alcanzaba los 30 años).

Dominique había dedicado su vida, desde que vivía en esa casa, a espiar a los vecinos a través de las ventanas, en especial a los Rouet. Una tarde, habiendo llegado Antoinette de una salida, entró al cuarto de su esposo Hubert, que se hallaba gravemente enfermo  y, en ese momento, él tiene una crisis respiratoria. Se supone que su esposa ha debido darle su medicina pero ella la bota en unas matas que había en la habitación y Hubert fallece.

Este episodio fue visto por Dominique y le pareció muy criticable, por ello, Dominique decide escribirle unas cartas anónimas pretendiendo que se responsabilice de lo que hizo. Cuando las cartas llegaron a Antoinette ella les dio poca importancia y las desechó.  

Para Antoinette, la muerte de su esposo fue como una liberación “Se había librado, por fin, de un marido insulso y aburrido. Era rica”  y, aunque quiere marcharse de la casa de inmediato, la señora Rouet, mujer controladora y dominante, lo impide haciéndole ver las consecuencias que eso tendría con respecto a la herencia que le correspondía.  Antoinette decide quedarse en la casa de sus suegros y por un tiempo intenta adaptarse a su estilo de vida pero, más temprano que tarde, empieza a escaparse (con la excusa que iría a ver a su madre) e ir a bares y hoteles buscando relacionarse con hombres y Dominique comienza a seguirla, en realidad, se obsesiona con ella (hasta podríamos pensar que está enamorada de ella).  Ahora Dominique piensa que Antoinette tiene derecho a vivir su vida y lo que Dominique observa la hace pensar en el hecho de que ella no ha tenido ninguna  pareja, ninguna relación ni intimidad sexual y, sin duda, ello tiene mucho que ver con lo que se ha convertido.  Dominique empieza a considerar a Antoinette y ya no la ve como alguien que actuó mal con su esposo sino como alguien que tiene derecho a vivir y disfrutar su vida.

Dominique también se percata que el señor Rouet sale a escondidas de su esposa y va a prostíbulos y lo sigue en diversas ocasiones.

En todo lo anterior, gira la vida gris y precaria de Dominique.

Hay una escena donde la vemos viajando en tren hacia Tolón para asistir al velorio de una tía llamada Clementine de cuya muerte le informaron a última hora. En el tren se queda medio dormida y  tiene un sueño erótico con la anciana Agustine que había fallecido días atrás. Dicho sueño la deja algo perturbada.

Cuando Dominique llega al velorio, ni siquiera logra ver el cadáver de su tía Clementine y durante el tiempo que comparte con su familia se siente que la vida de ellos ha cambiado, la de ella no. Incluso, la noche antes de regresar a París, debe dormir en un hotel de mala muerte. A ninguno de sus familiares se le ocurrió ofrecerle alojamiento.

De regreso en su casa, Dominique ve que Antoinette tiene un amante que lleva a escondidas a la casa de los Rouet y que está a punto de ser sorprendida por su suegra. Dominique quiere advertirle pero no es posible. Suegra y nuera tienen un fuerte encontronazo donde Antoinette se desahoga  y le dice lo que piensa de ella y la tortura que significó vivir con su hijo. Antoinette  se va de la casa de sus suegros. Sigue sus aventuras amorosas aunque sufre desplantes y engaños por parte de los hombres con que se relaciona.

Los Caille le informan a Dominique  que se mudan y aunque Dominique no tenía mayor relación con ellos, siente que se vayan.

Poco tiempo después, Dominique entra en una especie de crisis existencial, depresiva. Recuerda a su madre y piensa en que la misma es responsable de la vida que ha vivido:

Dominique pensaba ahora en su madre sin pesar. La recordaba bastante bien, pero no detalladamente; recordaba, sobre todo, una figura endeble, una cara alargada siempre algo inclinada, un ser como medio apagado, y no se conmovía, la evocaba fríamente, tal vez con algo de rencor. Pues, lo que ella era se lo debía a su madre. Aquella especie de impotencia para vivir –ya que se daba cuenta de que era impotente ante la vida- se la había inculcado su madre al mismo tiempo que una resignación elegante, un retraimiento distinguido, todos aquellos gestos insignificantes que no servían más que para engañar a su soledad.

Dominique se suicida.

La mirada indiscreta no resultó una novela policial sino una novela profundamente psicológica que me hizo pensar en el impacto que tiene la crianza de los hijos por parte de los padres. En el caso de Dominique parece evidente. La ausencia de pareja, el hecho de no haber tenido jamás relaciones sexuales en parte por una intensa represión moral también influyó negativamente en ella.

Nota: en la versión digital en que leí La mirada indiscreta, no logró precisar las páginas, por ello las citas que hago no tienen el número de la página respectiva.


George Simenon

 

 

Escrito y publicado por Libia Kancev D.

Caracas, 29 de febrero de 2024.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

jueves, 22 de febrero de 2024

Lo bello y lo triste

 





“Era como si viera su propia soledad, que giraba y giraba dentro de su corazón” (6).

“Realista o no, un cuadro expresaba los pensamientos y sentimientos más ocultos del artista” (28).

 

Lo bello y lo triste (1964) es una novela del escritor japonés, Kasunari Kawabata (1899-1972), premio Nobel de Literatura (1968).

La novela se desarrolla entre Tokio y Kioto –en Japón- y  trata sobre un escritor japonés llamado Oki Toshio (50 años) quien desea pasar el año nuevo escuchando las doce campanadas en los templos de Kioto, lo que parecía ser una costumbre en  Japón. Para Oki sería su primera experiencia.

Oki, por otra parte,  quería ver a una antigua novia (Otoko) con la que tuvo una intensa relación amorosa  hacía veinticuatro años atrás cuando ella tenía 15/16 años y él 25. Él estaba casado y tenía un hijo.

El amor de Oki y Otoko fue intenso. Él no la había olvidado a pesar del tiempo transcurrido y, como veremos más adelante, ella tampoco.

La mujer, Otoko Ueno, había pasado tres meses en una clínica psiquiátrica posterior a haber parido una niña, producto de su relación con el escritor. La niña muere  al poco tiempo de nacer y entre esa terrible vivencia y el hecho de que Oki no podía (¿o no quería?) dejar a su mujer y a su hijo, ella y su madre se habían mudado a Kioto para tratar de que Otoko se olvidara de Oki.

Oki  no había vuelto a ver más nunca a Otoko. Sólo sabía que se había convertido en una pintora de relativa fama. Al llegar a Kioto, Oki se puso en contacto con Otoko y se citaron para verse. Oki estaba algo nervioso y Otoko estaba sorprendida con la llamada. Al momento de la cita, resulta que no se presenta Otoko si no una joven llamada Sakami Keiko que era discípula –y amante- de la pintora.

Vale destacar que Oki había escrito una novela llamada Un chica de dieciséis donde narra la experiencia amorosa que había vivido con Otoko. La novela tuvo mucho éxito pero no fue sin consecuencias para Otoko ya que el personaje de la joven fue asociado con ella y su relación se hizo pública.

Por cierto, la transcripción de la novela la hace Fumiko a petición de Oki ya que ella era mecanógrafa. Ello fue muy doloroso para Fumiko al tener que ir leyendo y escribiendo el amorío (intenso) que tuvo su esposo.  

Oki  queda otra vez con Otoko y ella llega acompañada por Keiko y dos geishas. Oki se dio cuenta de que Otoko no quería verlo a solas. Cuando Oki se dispone a regresar a Tokio, Keiko aparece en el terminal y le dice que irá a visitarlo y le llevará un par de cuadros de ella.

Más temprano que tarde, Keiko le dice a Otoko que quiere vengarla. Que quiere que Oki pague por todo lo que la hizo sufrir. Otoko le dice que no se le ocurra, aunque sin mucha firmeza. Otoko se hunde en un mar de recuerdos basados en la experiencia con Oki: su amor, la pérdida de su niña, el dolor de su madre –ya fallecida-  por el sufrimiento de Otoko, la hospitalización en el psiquiátrico, su soledad, el tiempo que iba pasando y el hecho de que parecía que se quedaría soltera, que no tendría hijos, etc.

Keiko, que era una joven muy hermosa pero con visos de inestabilidad emocional, está decidida a hacerle daño a Oki. Está enamorada de Otoko, tiene una relación con ella pero, aunque Otoko parece corresponderle, Keiko percibe el amor, prácticamente indestructible que Otoko siente por Oki. Tampoco tolera el dolor de Otoko por la muerte de su bebé.  

Keiko viaja a Kioto y va a la casa de Oki, el cual no se encontraba en ese momento, así que quien la atiende es la esposa de Oki, llamada, Fumiko y le deja un par de cuadros. También conoce al hijo varón de Oki llamado Taichiro (25) quien era profesor de literatura en una universidad privada. Taichiro acompaña a Keiko para que regrese a Kioto pero antes le muestra Kamakura, al sur de Tokio que era donde vivían, específicamente, Oki y su familia.

En otra ocasión, Keiko logra ir a un hotel con Oki y cuando están a punto de hacer el amor, ella lo rechaza y menciona en voz alta el nombre de Otoko lo cual paraliza a Oki. Keiko le relata todo lo sucedido  a Otoko quien, aunque se muestra celosa y no desea que Keiko haga estas cosas, su postura es como débil. Hay un momento que Otoko le dice”Lastímame a mí” (20). No obstante, Keiko no piensa en cambiar sus planes.

El último plan de Keiko es hacer que Taichiro, quien estaba haciendo una investigación sobre un poeta japonés, llamado Sanetaka (poeta japonés. “Uno de los aristócratas que mantuvieron con vida el arte y la literatura durante las guerras del siglo XVI. Parece haber tenido una interesante personalidad y dejó un diario muy voluminoso” (74)) venga a Kioto.

En un principio, el joven va a Kioto y parece darse cuenta de que la joven pretende seducirlo. Taichiro incluso le dice que él recuerda con claridad el sufrimiento de su madre cuando su padre era amante de Otoko pero a la joven no parece importarle nada y no cede en su propósito. Pasan el día juntos y le pide a Taichiro que la lleve a nadar. Antes de salir del hotel donde el joven se había hospedado a instancias de Keiko, ella le dice que lo llaman por teléfono. Taichiro no entiende pues nadie sabía que estaba en ese hotel. Resulta que Keiko había llamado a la madre de Taichiro, Fumiko, y le dice que ellos se van a casar. Taichiro toma el teléfono y su madre le dice, angustiada, que se aleje de Keiko de inmediato, que se trata de una mala mujer pero Taichiro no escucha a su madre.

Keiko le insiste a Taichiro para que la lleve a nadar al río cercano donde había diversos botes. La novela queda en que Oki y su esposa van a Kioto a buscar a su hijo y, simultáneamente, Otoko había ido a buscar a Keiko pues sospechaba que era capaz de hacerle daño a Taichiro.

Cuando Oki y Fumiko llegan a Kioto, también lo hace  Otoko. Keiko estaba en un hospital pero bien y Taichiro había desaparecido en el río. Al parecer había muerto. Fumiko, llena de dolor, le reclama a Otoko la muerte de su hijo, la cual ve como una terrible venganza.   

Este resumen de Lo bello y lo triste deja por fuera una serie de elementos que, entiendo, tienen que ver con la cultura japonesa y que creo serían interesantes de conocer para tener un mejor entendimiento de la misma.

Un ejemplo, ¿en las relaciones extramatrimoniales en Japón -en este caso de los hombres- es común que las esposas y sus hijos sepan de ello e, incluso, tengan trato con las mismas? Ello se ve en Lo bello y lo triste pero más aún en Mil grullas (1952) reseñada en la entrada anterior del blog. Me quedó la duda si eso es algo culturalmente aceptado...

El hecho de que se trate de un autor asiático nos permite darnos cuenta de las diferencias literarias con respecto a autores occidentales, en especial, de elementos culturales distintos, que ofrecerían historias que tienen códigos no comunes a los que el lector no estaría habituado y ello podría dificultar su comprensión.

Kawabata parece, por las fotos que he visto de él, haber sido un hombre triste y muy solitario. Pienso que ello determinó su producción literaria cuya calidad es indudable. 

Yasunari Kawabata


Escrito y publicado por Libia Kancev D.

Caracas, 22 de febrero de 2024.

 

miércoles, 14 de febrero de 2024

Mil grullas




Leo la novela  Mil grullas (1952), en versión digital, del primer Premio Nobel de Literatura japonés (1968) Yasunari Kawabata (1899-1972).

De las grullas, sólo sé que son aves. Averiguando un poco más: son aves de lugares abiertos que se desplazan dando zancadas con sus largas patas y se alimentan de semillas e insectos con su largo pico. Viven en bandadas. Se emparejan de por vida y tienen una espectacular exhibición de cortejo. Requieren un hábitat tranquilo para vivir.

Encuentro que las grullas, entre los antiguos, eran un símbolo de prudencia y vigilancia. También que en China y Japón equivalen a un amuleto de la suerte.

Mil grullas tiene como protagonista al joven Kikují Mitani (25 años) que vive en Tokio. Sus padres ya habían muerto y buena parte de la novela se desarrolla alrededor de la ceremonia del té, ritual para preparar té verde. Este ritual está influenciado por el budismo zen, sirviéndose a un pequeño grupo de invitados en un ambiente tranquilo.

Vale destacar que la ceremonia del té sigue siendo una práctica cultural importante y es valorada por su belleza y por la oportunidad que brinda para conectarse con los demás y con uno mismo de forma serena y armoniosa.

Leemos en Mil grullas que el padre de Kikují, practicante activo de la ceremonia del té y fiel a los tazones que se utilizan en el mismo, había sido un hombre que, aparte de su esposa, había tenido otras parejas y ello es narrado sin aspavientos, como algo absolutamente normal. No me refiero a la infidelidad en sí del señor Mitani sino al hecho de que tanto su esposa como su hijo conocían y trataban a esas mujeres.  

(Debo decir que desconozco si esta “especie de poligamia” en los hombres japoneses y el hecho de que la mujer y los hijos del hombre se relacionen con las amantes es corriente en Japón).  

Destacan, entre las parejas del padre de Kikují, la señora Ota (45 años) que tenía una hija llamada Fumiko, joven muy tímida y siempre avergonzada por la actitud de su madre hacia el padre de Kakují y hacia este mismo.

Kakují y la señora Ota también tienen una relación amorosa. Era como si ella quisiera prolongar su relación con el padre en el hijo y algo de esto también le sucedía al propio Kukijí. Al final de la novela, la señora Ota se suicida y no queda claro si es porque pensaba en la imposibilidad de su amor hacia Kikují o que estuviera buscando que Kikují se casara con su hija.

Otra amante del padre de Kikují (aunque por corto tiempo) es Kurimoto Chikako, organizadora  e instructora de las ceremonias del té. Se describe que ella tenía una mancha negra en el pecho y que tal vez ello influyó en su destino de no casarse y no tener hijos. En todo caso, Kurimoto era una mujer dominante y se da a la tarea de pretender que Kikují se case con una joven llamada Yukiko Inamura, hermosa y de “buena” familia. Es en esta joven donde se hace referencia a un pañuelo rosado con dibujos de grullas volando. No obstante, no logro relacionar dicho pañuelo con el título y el desarrollo de la novela.

A Kikují le molestaba la actitud entrometida de Kurimoto y la pretensión de conducir su vida.

Kurimoto creía saber las intenciones de la señora Ota de que su hija y Kukují se casaran y hace todo lo posible por orientarlo hacia la señorita Inamura. Incluso, Kurimoto llega a decirle a Kukují que, durante unos días que él estuvo ausente de Tokio, tanto Fumiko como Yuyiko se habían casado, lo cual era falso.

Hacia el final de la novela, uno tiende a pensar que Kukují y Fumiko se quedarían juntos. Pero, de alguna manera, el joven veía a la madre a través de la hija y Fumiko parece darse cuenta de ello y creemos que no está dispuesta a aceptarlo. ¿Se suicida Fumiko? No lo podemos afirmar pues se trata de un final abierto.

El lenguaje empleado por Kawabata es hermoso y pareciera que lo hace en forma natural, a su vez que la forma de contar el aspecto psicológico de los personajes y de la naturaleza que siempre está presente.

Por cierto, el tema del suicidio está claramente presente en esta novela y no podemos dejar de relacionarlo con el aparente suicidio del mismo Kawabata, aunque algunos autores consideran que su muerte fue accidental.

Hay otra novela de Kawabata, más corta aún, y que leí previamente a Mil grullas titulada La casa de las bellas durmientes (1961), en el cual el tema de la vejez, del sexo, del despertar de los recuerdos y del suicidio también resaltan.

Diría que Mil grullas y también La casa de las bellas durmientes son novelas particulares  y que para su análisis requerimos conocer ciertos elementos de la cultura japonesa como sus rituales, la relación generacional, su religión, la forma de relacionarse hombres y mujeres. Los finales abiertos de ambas novelas nos deja qué pensar abriéndose un abanico de posibilidades.

El ritmo lento de la novelas, la no premura por contar los desenlaces, la serenidad de los personajes y a su vez, la expresión de la angustia, etc., establece un estilo narrativo diferente al del mundo occidental. Agregaría que es diferente pero no por ello menos atractivo.  

 

Yasunari Kawabata


Escrito y publicado por Libia Kancev D.

Caracas, 14 de febrero de 2024. 

lunes, 5 de febrero de 2024

Desgracia: una novela de J. M. Coetzee



Desgracia
(1999) es una novela del escritor sudafricano J. M. Coetzee (1940), Premio Nobel de Literatura 2003.

J. M. Coetzee obtuvo la nacionalidad australiana en  2006 y, desde el 2002 reside en Adelaida, Australia.

He leído buena parte de las novelas de este autor pero debo decir que, como buena parte de las novelas que he releído, poco recuerdo de las mismas, así es que pareciera una primera lectura.

Desgracia es una novela que me deja un mal sabor. Es una novela dramática que por momentos se hace incomprensible y que me obliga a leer sobre el país en que se desarrolla para tratar de entenderla.

La novela se desarrolla en Ciudad del Cabo –capital legislativa de Sudáfrica- y en otras provincias cercanas.

Sudáfrica está situada en el sur de África y es, actualmente un país soberano. Fue colonia de Reino Unido. Hay datos sobre este país que no se pueden pasar por alto como el hecho de que tiene once idiomas oficiales, una gran diversidad de culturas y religiones, por lo cual es llamado el país del arcoíris. Otros aspectos centrales incluyen que el 79.5% de su población es negra y que cuenta con las mayores comunidades procedentes de Europa y La India. Sudáfrica también es un país con grandes diferencias económicas y sociales: el 1% de la población rica posee un 70.9% de la riqueza mientras que un 60% un 7%.

Bajo estas premisas tenemos una novela que relata la vida de un profesor universitario, llamado David Lurie, de 52 años, con dos divorcios encima y una hija, ya adulta, producto de su primer matrimonio.

David Lurie es un estudioso (y admirador) de dos grandes poetas del romanticismo inglés: George Gordon Byron (1788- Mesolongi, 1824) y de William Wordsworth (1770- 1850). Daba clases sobre la poesía de ellos. No obstante,  sus estudiantes tenían poco interés sobre el tema.

David Lurie, es un hombre intelectualmente formado que no duda a la hora de satisfacer sus necesidades sexuales. Va semanalmente a una casa de citas donde ve a una mujer llamada Soraya de forma fija. Se siente satisfecho pero Soraya (casada y con dos hijos) deja el trabajo. David averigua su teléfono, la llama y pretende que sigan viéndose pero Soraya le pide que no vuelva a llamarla.

Más temprano que tarde, David se interesa por una joven alumna llamada Melanie Isaacs pero si bien la joven no se niega a tener relaciones sexuales con él, tampoco lo acepta abiertamente. Resulta que la joven tiene novio y éste aborda al profesor Lurie y lo amenaza. Aún así, Lurie insiste con la chica quien lo acusa de abuso sexual ante la Universidad. El padre de Melanie, maestro de escuela, se entera de lo que sucede con su hija y le reclama al profesor Lurie.  La joven decide retirarse temporalmente de la Universidad. La Universidad abre una investigación. Lurie es citado y sin más se declara culpable. Aún así, sus colegas tratan de convencerlo, de que pida disculpas por sus actos pero él  se niega. Es despedido sin derecho a ninguna pensión.

David decide irse a pasar una temporada con su hija Lucy quien vive en el campo y tiene una granja y algo de tierra. Lucy vive de la siembra de hortalizas, del cultivo de flores (que vende en el mercado los sábados) y también tiene varias perreras. Al parecer, Lucy tenía una pareja mujer con la que ha terminado. La forma de vida de Lucy es bastante sencilla y se siente satisfecha.

Al llegar David, se entera que Lucy ha vendido parte de sus tierras a un hombre llamado Petrus quien la ayuda bastante con la granja. Petrus también tiene dos esposas, una de ellas embarazada pero, desde un primer momento a David le parece un hombre extraño.

David conversa con su hija sobre la experiencia que tuvo con Melanie y trata de integrarse a la vida del campo y ayudar a Lucy en todo lo que pueda aunque sabe que la vida de campo no es para él. Un día en que David y Lucy fueron a dar un paseo,  al venir de regreso a la granja, se topan con tres hombres (uno de ellos, más joven) y resulta que los hombres, encierran a David e intentan quemarlo, violan a Lucy y roban buena parte de los objetos de su casa y el auto de David. Se trata de una vivencia aterradora. Lucy queda en un estado de choque y se niega a denunciar la violación, solo el robo de sus objetos y el auto de su padre. David no entiende la actitud de Lucy.

Casualmente, el día que sucede el ataque, Petrus no está en la zona, si no que llega días después. David lo aborda, siente que Petrus de alguna manera sabía lo que les iba a ocurrir y que algo tuvo que ver.  Realmente, la actitud de Petrus y de otras personas de la zona ante lo ocurrido es muy extraña. Es muy al estilo kafkiano, algo difícil de comprender. David le pide a Lucy que venda su tierra y se vaya a Holanda donde vive su madre pero ella se niega.

Al tiempo, David regresa a Ciudad del Cabo y encuentra su apartamento desvalijado. Regresa con Lucy para enterarse que ella quedó embarazada producto de la violación y que ha decidido tener al niño, incluso, Petrus plantea que ella se puede quedar con él a cambio de las tierras y que él le dará protección.

En efecto, deducimos que Petrus tuvo que ver con lo sucedido a Lucy con la finalidad de quedarse con sus tierras. El hombre más joven que estuvo presente en el ataque era familiar (en el sentido literal o simbólico) de Petrus.

Al leer esta novela, uno no sabe si lo que acontece tiene que ver con una auténtica cadena de infortunios,  o se trata de pura maldad o si tiene que ver con situaciones intrínsecamente culturales, relativas, por ejemplo, a las relaciones de poder hombre-mujer, odios ancestrales, racismo, etc.

De lo anterior es de lo que trata Desgracia.

 

J.M. Coetzee

Escrito y publicado por Libia Kancev D.

Caracas, 5 de febrero de 2024

viernes, 2 de febrero de 2024

El amante: novela de Margarite Duras




El amante (1984) de la escritora y directora de cine francesa, Margarite Duras (1914-1996) es una excelente novela que abarca temas muy interesantes.

Al parecer se trata de una novela autobiográfica.

Leí esta novela años atrás y, al releerla, me quedó claro que lo único que recordaba era la relación que se da en entre El Chino (el hombre de Cholen, por su zona de procedencia) y una joven de casi dieciséis años en Indochina donde vivía la joven con su familia. Para esa época, Indochina era una colonia francesa.

El tema familiar es importante: una familia formada por la madre, directora de una escuela y afectada por algún trastorno mental, que bien pudiera ser un cuadro depresivo; el padre (prácticamente innombrado), se hallaba enfermo y, entendemos que fallece pronto. Pareciera que no tuvo mayor impacto en la familia. Tres hijos: Dos varones y la menor una joven que es enviada a estudiar en una especie de internado.

La joven quería mucho al hermano menor, llamado Paulo, quien muere en 1942, muy joven. Paulo es uno de los muy pocos nombres que aparecen en esta novela.

La situación económica de la familia era precaria, en especial por malos manejos financieros de la madre y por la actitud abusiva del hijo mayor que, sin ningún pudor robaba a la madre. Este hijo mayor era déspota y trataba mal a sus hermanos.

Un día, estando la joven en el embarcadero, es abordada por un joven chino de veintisiete años, quien, al instante, resulta atraído por la joven. El hombre había vivido en París donde supuestamente estudiaba pero debe regresar por exigencia de su padre, hombre rico y aficionado al consumo de opio.

Más temprano que tarde, el chino y la joven empiezan a tener relaciones sexuales y entre ellos se despliega un intenso erotismo. El chino es un hombre delicado, sutil, tierno pero también con mucho miedo. Se enamora de la joven casi al nivel de la adoración, mientras que ella asume una posición casi de prostituta y aclara que no lo ama. El chino empieza a pagarle a la joven.

Cuando la madre se entera en qué anda la joven, más bien la induce a que obtenga dinero del chino. El chino invita a la familia a comer, trata de ser amable con ellos pero, aunque aceptan y se benefician de sus invitaciones lo tratan con desprecio.

Cuando la joven termina el bachillerato, debe marcharse a Francia (1931) para continuar estudios. El chino, habla con su padre para pedirle que le permita casarse con la joven pero el padre le niega el permiso. El joven está comprometido desde hacía más de diez años con una joven que aún no conoce, perteneciente también a una familia rica.

La joven y su familia se marchan (el hijo mayor se había ido mucho antes) y la joven sigue sus estudios y se convierte en escritora (siempre quiso serlo a pesar de que cuando se lo comenta a su madre, esta desvaloriza ese deseo). “Escribiré libros. Eso es lo que vislumbro más allá del instante, en el gran desierto bajo cuyos trazos se me aparece la amplitud de mi vida” (89).

Cuando la joven y su familia ya están embarcados para su regreso a Francia, ella, quien creía que el chino no había ido para estar en el momento de su partida, ve su carro y en él al chófer y al chino. Estando en el barco y bajo la música de Chopin, la joven estalla y en una especie de epifanía, piensa que ella también lo ama, que también estaba enamorada de él “…y después lloró porque pensó en el hombre de Cholen y no estaba segura, de repente, de no haberle amado con un amor que le hubiera pasado inadvertido por haberse perdido en la historia como el agua en la arena y que lo reconocía sólo ahora en este instante de la música lanzada a través del mar” (96/97).

Años más tarde, la joven  (la mujer) recibe una llamada del chino. Ella lo reconoce por su voz. Él le dije que nunca dejó de amarla, que nunca dejará de amarla.

El amante, toca muchos otros temas, como los siguientes: el tema del colonialismo, de las tradiciones, de la atracción sexual de dos chicas, etc. Su narración, por momentos no es lineal. La autora va del pasado hacia el presente y viceversa.

Recordemos que esta novela fue llevada al cine en 1992 y, si mal no recuerdo, Margarite Duras estuvo en desacuerdo con algunos aspectos de la puesta en escena de la misma.

Pienso que es mucho lo que se puede decir de esta novela y que no alcanzamos a tocar en esta pequeña reseña.

 

 

Escrito y publicado por Libia Kancev D.

Caracas, 2 de febrero de 2024.