lunes, 25 de marzo de 2013

ENTRE EL PADRE Y EL HIJO: Pablo y Armando ROJAS GUARDIA

Pablo Rojas Guardia 





Armando Rojas Guardia 



















"soberana serenidad del arte, ese gran disolvente del odio y de la tontería"
                                                                                                 Nietzsche


En el primer poemario del poeta, ensayista, cronista y crítico literario venezolano, Pablo Rojas Guardia (1909-1978), titulado Poemas sonámbulos, publicado en 1931 en México, aparece un poema intitulado “Ha Llovido” que citamos:


Ha llovido en la tarde.

Unas tras otras, las gotas
suicidaron su pureza en el patio.

Ahora, una sola aferrada a la reja
luce su equilibrio blanco.
¡Qué destino tan grande,
nos sostiene la Tarde!

Y se ha rogado con todas las fuerzas
que no haga viento.
¡Pobre la tarde blanca
se va a romper! (Rojas Guardia, P. 54)


Podemos observar en “Ha Llovido” la expresión del uno por el todo. Después de la lluvia, la imagen de una gota de agua (“una sola aferrada a la reja”) de la cual pende el destino y la posibilidad de destrucción de la Tarde por lo cual se ruega que no haya viento: “Y se ha rogado con todas las fuerzas/ que no haga viento./¡Pobre la tarde blanca/ se va a romper!”

Ahora bien, Armando Rojas Guardia, hijo de Pablo y de Mercedes Álvarez Gómez (1919-1973), reconocido como una de las voces fundamentales de la poesía venezolana contemporánea, así como destacado ensayista, escribió un poema titulado “XVI”, aparecido en su poemario La Nada vigilante (1994) que dice así:

XVI

El tedio es una gota, tras la lluvia,
aferrada a la verja, sostenida
por su propio equilibrio transparente.
Pudiera caer al piso y disolverse
pero prefiere temblar junto al vacío
para secarse, mansa, bajo el hierro
de donde pende íngrima en la noche.
El aburrimiento me concede
el temblor solitario de esa gota
y que no sople el viento y se mantenga
en perfecta acrobacia sobre el suelo.
El tedio nada pide, nada quiere,
sino colgar sin más en el abismo,
sabiéndose inasible pero al borde
de un metal oxidado: este poema.
(tomado de Gutiérrez, 227)

Por cierto, queremos agradecer al Prof. y  poeta, Arturo Gutiérrez Plaza por habernos informado sobre la existencia del poema “XVI”, tras la escucha de “Ha Llovido”.


En “XVI”, una gota de agua de lluvia representa el tedio, (la pequeñez de una gota de agua representa todo un sentimiento: el tedio), “aferrada a la verja” y apenas sostenida por la transparencia de su equilibrio. La gota, antes de caer y disolverse, opta por “temblar junto al vacío/para secarse, mansa, bajo el hierro”/ Esa gota, su “temblor solitario”, le es ofrecido al aburrimiento del poeta quien pide que “no sople el viento” pues el tedio, el aburrimiento “nada pide, nada quiere,/sino colgar sin más en el abismo,/ sabiéndose inasible pero al borde/ de un metal oxidado…”/

Resulta palmario las coincidencias que presentanHa Llovido” (1931) y” XVI” (1994).
Existen diferencias en la expresión: en “Ha Llovido” el uso de signos de admiración acentúan el sentimiento del yo lírico, es decir, lo exaltan, mientras que “XVI” presenta una cadencia más monocorde que coincide con la representación del tedio y/o aburrimiento del poeta.

Existen otros puntos de contacto entre Pablo Rojas Guardia y su hijo como, por ejemplo, la fe cristiana de ambos, elemento que podemos detectar a través de un rápido análisis de sus poéticas. Sin embargo, en una entrevista realizada a Armando, en 2006, le hicieron una pregunta que puede explicarnos más sobre este aspecto de la vida religiosa de padre e hijo:

–Se dice que su vocación de poeta comienza con la religión ¿Fue su vocación poética lo que lo llevó a la religión o la religión lo que lo llevó a la poesía?  


Armando explicó lo siguiente: –Yo creo que ninguna de las dos cosas. Son dos cosas que, en mi caso, son más bien paralelas. Mi familia no era una familia que se hubiera caracterizado por ser religiosa. Mi papá era un buscador de Dios a su manera, creo que la tradición liberal republicana, estaba mucho en él. De modo que también era anticlerical. Un anticlerical militante. Mi mamá era cristiana, católica, pero tenía una idea religiosa muy simple, muy elemental. Yo creo que era más bien católica por ósmosis cultural. De modo que mi religiosidad se la debo fundamentalmente al colegio San Ignacio de Loyola. A los siete años ingreso al colegio San Ignacio, paso toda mi infancia y buena parte de mi adolescencia en el colegio, y los Jesuitas modelaron de manera definitiva, mi religiosidad. La vocación literaria, en mí, es muy temprana, muy precoz… a los cuatro años, una tía mía me preguntó en el jardín de su casa: –Armando, ¿cuándo seas grande vas a ser poeta?-Y yo le respondí –No, no lo voy a ser, ya lo soy-. Tenía cuatro años de edad. Creo que la figura paradigmática de mi padre como poeta, jugó un papel fundamental en esa precocidad de mi vocación poética y literaria. Ahora, más adelante, cuando yo ya me asumo como un poeta, es que esa vocación literaria y poética se imbrica con el componente religioso. Pero son dos cosas paralelas, no se debe lo uno a lo otro (Rojas Guardia, “Escribo para intensificar mi experiencia vital…)


Otro punto de conexión entre el padre y el hijo, tiene que ver con ciertos trastornos emocionales que ambos confesaron, en su momento, haber padecido y padecer. Así, en el prólogo de Acero, Signo (poemas murales), de 1937,  escrito por el mismo Pablo Rojas Guardia, éste realiza una confesión: “En el año de 1932 mi poesía -la manera como yo miro y descubro el mundo con los ojos de mi inconsciente- sufrió un colapso… [en el cual] mis sentidos tuvieron oportunidad de hiperestesiarse”  (75), es decir, su capacidad de percepción sensorial se agudizó. No obstante, el poeta nos relata la grave dificultad material que tenía para escribir al no tener a su disposición un lápiz, lo que “hubiera mantenido en equilibrio perfecto las partes que balancean la vida del poeta –su expresión- consciencia e inconsciencia, superficie y profundidad”.  Por otra parte, Rojas Guardia patentiza sentir desesperación y una tristeza profunda lo que, explica, motivó que no escribiera durante los años subsiguientes (75-6)

Por otra parte, en la entrevista realizada a Armando Rojas Guardia, ya citada, el poeta expresa que:

En el año noventa yo sufrí una crisis psicótica que, probablemente, -eso no está claro para mí, ni para los médicos-, esa crisis afectó quizás, áreas del cerebro que tienen que ver con el lenguaje. El hecho es que yo quedé literalmente mudo. Es decir; me costaba hilvanar una simple conversación cotidiana con un amigo o con una amiga. Y, por supuesto, que yo pensé que no iba a volver a escribir más nunca. Fue una crisis enmudecedora. Para una persona que toda la vida ha considerado que la palabra es el centro palpitante de la vida psíquica de uno, el no poder hablar y el no poder escribir, significó, una desgarradura. Yo tarde unos diez años en recuperar la palabra. Eso se lo debo a la dinámica misma de la vida, a la dinámica curadora, sanadora de la vida, se lo debo también a mi propio esfuerzo autoterapéutico. Yo escribí durante la década de los noventa en plena crisis de la mudez, tres libros,… (Rojas Guardia, A. “Escribo para intensificar mi experiencia vital…)

Cabe resaltar que estas “experiencias”, produjeron efectos distintos en el padre y en el hijo, puesto que al primero lo llevó a no escribir y al segundo le produjo una severa mudez pero avivó el ritmo de su escritura.

Otro aspecto a señalar, es que cada uno perteneció, en su época, a reconocidos grupos literarios como Viernes (1936) y Tráfico (1981). Coincidencialmente, cada uno de ellos redactó el Manifiesto de sus respectivos grupos. En cualquier caso, consideramos interesante la realización de un estudio profundo de la poesía de padre e hijo y otros elementos de vida que nos permitan establecer cómo la relación consanguínea, el compartir familiar, el reconocimiento del padre como poeta y figura pública y sus actividades intelectuales han podido incidir en el desarrollo de la vida de su hijo, en especial, en el ámbito poético.

Aunque es un tema en estudio, no podemos dejar de hacer mención sobre el hecho de que tanto el padre como el hijo escribieron poemas de naturaleza homoerótica.

El hecho de que Armando Rojas Guardia lleve los dos apellidos de su padre y no lleve el de su madre, se debió, según se ha dicho ,a una sugerencia de su padre, argumentando que Rojas Álvarez era muy largo, punto al que, al parecer, su madre no se opuso.

Queremos hacer referencia a un texto escrito por Pablo Rojas Guardia, llamado "Los Hijos de Colon", en donde hace mención a los inicios literarios de su hijo, aunque el texto también trata sobre sus propios inicios literarios. Cuenta Rojas Guardia:

El comienzo literario de tu hijo -decíame Francisco Salazar al comentar con jovial generosidad la aparición de unos poemas de Armando Rojas Guardia en el `Papel Literario` de El Nacional- seguramente que ha sido menos enmarañado que el de su padre; cuando menos, ha tenido menos tropiezos... (Rojas Guardia, "Los Hijos de Colon" 185)

Habría que ver, con precisión, cómo fueron, realmente, los "inicios" de ambos.

Aunque no es el punto central de este escrito, citamos las reflexiones siguientes que hace Rojas Guardia sobre los inicios literarios de un escritor, con independencia del género en que se desarrolle ya que nos parecen interesantes: 

La iniciación literaria de cada quien es cosa tan misteriosa como la repetición de un crepúsculo, cuyos colores nos recuerdan los mismos colores de otros atardeceres, y que, sin embargo, nos embargan el ánimo como si estuviéramos ante el despliegue de un nuevo prodigio, de otro tapiz de magia y colorido de la inagotable fábrica de Dios. La iniciación literaria de cada quien se rige por leyes secretas que, por los caminos sorprendentes de la genética actual, muy pronto nos podrán entregar la sencillez de la elaboración de sus datos; o su aparente misterio. Pero quizá Francisco se estaba refiriendo al debut, a los primeros pasos del que muestra su inapreciable mercancía de sueños, de vivencias o de fantasías, para que se la valoricen o para justificar ante la propia conciencia los motivos de su creación. Esa otra y cabal iniciación entre y para las gentes de letras y para los polifacéticos lectores requiere de padrinos, de gentes que ya estén o anden en la empresa de la expresión escrita; y como toda iniciación, solicita afinidades, demanda atención y curiosidad, postula acercamientos y comprensión. Cuando el nombre de alguien aparece por la primera vez en una publicación de cierto prestigio al pie de un poema, de un cuento, de un ensayo, ya es hora de decir que estamos frente a otro bailarín encadenado, tal como llamaba Nietzsche a cuantos arriesgan su nombre en la soberana serenidad del arte, ese gran disolvente del odio y de la tontería" (186)


Textos citados

Gutiérrez, Arturo. Las palabras necesarias. Muestra antológica de poesía venezolana del siglo XX.  Ediciones  LOM. Colección Entremares. Chile. 2009. Pág. 227.


Rojas Guardia, Armando.  “Escribo para intensificar mi experiencia vital, la conciencia que yo tengo de la vida”. Arte Literal. Web 2006. 24 marzo 2013. http://www.arteliteral.com/arteliteral_29/entrevista/entrevistaRG.htm


Rojas Guardia, Pablo. El Rostro de la Patria y otros márgenes, atisbos y evocaciones. Editorial Arte. Caracas, 1970. Págs. 185-186).



…,  Poesías. Biblioteca Popular Venezolana, Caracas. 1962. 


                                                              

Por Libia Kancev.



Caracas, 16 de marzo de 2013.

No hay comentarios:

Publicar un comentario