"Cuando la vida interior de un sujeto no armoniza con la externa, con la que lo está rodeando, no hay nada que hacer. Callar y marcharse. Esa es la gran sabiduría"
En Tiempo de abrazar
Juan Carlos Onetti (Montevideo, julio 1909- Madrid, mayo de 1.994): novelista, cuentista y articulista uruguayo.
Mario
Vargas Llosa lo definió como “uno de los grandes escritores modernos, y no sólo de América Latina.
Además, afirma que “no ha obtenido el reconocimiento que merece como uno de los
autores más originales y personales, que introdujo sobre todo la modernidad en
el mundo de la literatura narrativa”
Su primera novela, El pozo (1.939) es considerada la primera novela moderna de Sudamérica.
En lo personal, he leído de Onetti: El astillero (1.964),
Tierra de nadie (1.941), Los Adioses (1.954), Juntacadáveres (1.964), Tiempo de
abrazar (1.974), que reúne una serie de cuentos y ahora Cuando entonces (1.987).
La literatura de Onetti me resulta de muy buena
calidad, profunda, creadora de un clímax del cual es difícil escapar y que aún
cuando no sea alegre, no deja de ser profundamente humano.
Me permito reseñar una de sus últimas novelas,
Cuando entonces. Novela corta como la mayoría de las de Onetti. Consta de cuatro
capítulos. Allí el tema central es el de un amor no correspondido y hay una
historia secundaria de un posible suicidio versus un crimen ejercido desde las
esferas del poder político y militar. De la novela se desprende un aire de
sutileza que no se pelea con la profundidad de las escenas y los sentimientos transmitidos. A su vez, un
aire de tristeza que me impresiona típico de las novelas del uruguayo.
Donde
Magda es nombrada, es el título del primer capítulo: dos
periodistas están en la ciudad de Santa Rosa (capital de La Pampa Argentina y
ubicada al suroeste de Buenos Aires). Toman unos tragos en la cervecería
Munich. Lamas, quien había sido secretario de redacción del periódico de mayor
venta en Buenos Aires, ahora se encontraba trabajando en otro diario en Santa
Rosa. Desea contarle a su compañero una historia, la de una mujer de la que se
enamoró y nunca ha logrado olvidar. Aún así, el narrador de éste capítulo es el
otro periodista cuyo nombre nunca es mencionado. Lamas, quien era aficionado a jugar
a la ruleta, comienza, con cierta dificultad, a hablar. Ella se llamaba Magda
pero nunca supo su nombre con seguridad y tenía pareja, un militar
mestizo, aparentemente, brasileño que
gastaba el dinero sin ningún resquemor invitando a todos. Era un hombre serio y
muy poco conversador. Magda trabajaba en un burdel llamado Eldorado pero cuando
el militar estaba sólo lo atendía a él.
Es en Eldorado donde Lamas la conoce y se enamora.
Donde
Magda es amada: Lamas se acerca a Magda por unos
cuantos días, en vista de que el militar está de viaje. Ella le dice que le
tiene una sorpresa siempre que él no esté acompañado. Magda lo lleva a un
apartamento que el militar le había regalado o alquilado. Magda le dice que el
militar está casado pero que se aman, que ella lo ama cada día más, que nunca
había sentido nada igual. No obstante, le dice a Lamas para que estén juntos
pero no en el apartamento si no donde ella vivía. Después que están juntos
Magda le confiesa a Lamas. “…-Perdoname
si te lo digo. Pero la verdad es que
todo el tiempo, aunque estuvimos locos y yo hice y vos hiciste, todo el tiempo
pensaba en él, imaginaba que era con él. Dios mío. Me parece que estoy
enamorada. O a un pasito muy corto de enamorarme –de pronto puso una cara
pensativa y extraña-. ¿Pero te das
cuenta, querido? Te hice cornudo. Toda la noche metiéndote cuernos.”
Lamas se sintió mal: “Yo veía crecer en mí un odio salvaje, quería estrangularla, miraba tentado el cuchillito del dulce; yo quería pedirle, suplicante y sumiso, que suprimiera su alegría canalla” Pero, continúa pensando Lamas: “A pesar del cansancio, la claridad de la mañana me la imponía hermosa, deseable y única.”
Luego, se plantean algunas situaciones donde se deja
ver que el militar parece estar involucrado en asuntos de drogas, espionaje,
etc.
Donde
Magda es apartada: éste capítulo narra el interrogatorio
policial al que someten a un tal Pastor
de la Peña por la muerte de una mujer. Él fue la última persona que la vio con
vida. Pastor de la Peña, de 34 años,
soltero, procedente de Buenos Aires, contador. Él había ido al bar No name a festejar por algo del trabajo. Se encontró su taburete
preferido (uno amarillo) ocupado por una mujer (que era Magda). Se tuvo que
sentar en uno rojo. La mujer hablaba con Simons (el encargado de preparar las
bebidas) y bebía. Dice de la Peña: “La
mujer hablaba casi siempre para ella misma, con largos monólogos
incomprensibles; se preguntaba y respondía.” Agrega que la mujer se fijó en él, lo saludó,
que ya ésta comenzaba a muequear, “Algo
muy desagradable y triste hay siempre en la cara de una mujer ebria. No es que
se masculinice, sino que huye de lo femenino y se sitúa cada vez más lejos de
toda transmisión sexual y va tomando…” La mujer le pidió si podía
escucharla y de la Peña le respondió que sí a condición de que cambiaran de
asientos. Dentro de las cosas que le dijo, de la Peña recuerda: le habló de su felicidad con un militar que había
conocido; que esa felicidad duró dos años y que esa noche terminaría; le contó cómo fue el primer encuentro íntimo
entre ellos, etc. Luego se fueron y de la Peña ofreció llevarla a su casa que
quedaba en Santa Fe. Relata que en el camino la mujer continuó hablándole: “-Porque él sigue enamorado de mí como yo de
él. Pero fue la policía de su embajada la que intervino para liquidar una
felicidad que nada les importaba ni molestaba a nadie. Pero no hubo manera, un
militar cumple órdenes, aunque él había servido mucho a su patria matando comunistas
que andaban buscando quedarse con las tierras de los dueños. Se llaman
guerrilleros…” La mujer explica que ese día el militar le dijo que la relación
tenía que terminar, que tenía que volver con su esposa, que él tenía que
cumplir órdenes. Luego, de la Peña la
deja frente a su edificio. Pero que después de arrancar, dice haber tenido la
convicción que la mujer se mataría. Regresó y efectivamente la mujer estaba
muerta.
Donde
la teletipo escribe el final: aquí tenemos a Lamas como
secretario del periódico El Heraldo. Después de su regreso de Santa Rosa, se
había abandonado a la bebida y el dueño del periódico, al que conocía con
anterioridad, lo buscó y contrató. Ese día había ido con sus compañeros a comer
y a celebrar el nacimiento del hijo de uno de ellos y estaba indigestado. Luego,
reunido con el Director del diario para precisar los titulares de la primera
página, Lamas precisa que el titular del día anterior había sido: El crimen de la avenida Santa Fe y el
propuesto para ese día: ¿Fue suicidio o
crimen? El Director le dijo que quería un titular afirmativo. Lamas dijo
que tenía al mejor hombre investigando, que la mujer se llamaba Petrona García,
sin antecedentes conocidos. De seguido, Lamas bajó a la sala de redacción,
estuvo revisando algunos detalles y empezó a comerse una manzana. De repente,
el teletipo anunció la notica de la caída de un avión que había partido desde
Buenos Aires con destino a Nueva York, estrellándose en la etapa Río de
Janeiro. Sin sobrevivientes. Lamas pidió que llamaran al abogado del diario
pues seguro habría demandas de indemnizaciones y siguió comiendo su manzana.
Realmente no queda claro si es que Lamas no sabía
que la muerta era Magda (de la cual se había enamorado y no podía olvidar) o es
que al saber de su trágica muerte pensaba qué había detrás de su muerte o lo paradójico
de la vida pues entendemos que el militar (amante de Magda) iba en el avión que se estrelló.
Caracas, 25 de septiembre de 2011.
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