domingo, 26 de junio de 2011

2004 en 2011


"Escribir requiere de tiempo, de espacio. Cuando no se tiene ni uno ni otro, las ideas quedan arrugadas como pasas, como avellanas. Una piel reseca adherida a una materia también reseca que ha perdido su fluido vital. Mezcla de ideas coaguladas que al final se convierten en un absceso cuya maduración se ha abortado.
La desubicación geográfica crónica, la sorpresa ante el calor, la lluvia (la lluvia que no cesa de caer sobre Caracas), la adolescencia nueva que revienta ante mi vista y que me enfrentan con la propia cuyas raíces carecen de luz, sumergidas en una oscuridad perenne en las alturas de un barrio catiense, la ausencia manejada como inexistencia, los recuerdos que se agolpan en el pensamiento como el choque de múltiples trenes. Busco un escudo protector, experta en esas artes. Estoy sola. Me aferro a los libros. Me aferro a esta pantalla esperando que se duerman los deseos que me confrontan  y que me retraen a un mundo nebuloso donde me convierto en eterna expectadora."

"La paradoja del tiempo: el reposo que no da reposo. Se impulsa para aumentar el vacío en un día nublado. El ruido de los motores. El choque impávido de la lluvia con cauchos ya cansados de un contínuo transitar. Sirenas de ambulancias que crean mayor desasosiego. Pronto empezará a caer definitivamente la tarde y con ello el día. ¿Cómo se conjugan los sentimientos con el paso del día?. Repetición de un ciclo. ¡Qué alguien me responda! Para qué es la vida. Intento asirme. Intento asirme."

"La otra noche me desperté. No había amanecido aún. Detallé mi cuarto en penumbras. En el techo hallé a la angustia. Plácida. Risueña. Estaba en un cuadro cuyo marco era de oro. La musa del insomnio se sentó en el borde de la cama y dijo, burlonamente, - perdona, me quedé dormida."

"En un entre sueño, me asaltó una visión angustiante: sobre el rostro de mi hijo caminaba un asqueroso insecto. Pensé que era el preludio de la locura. La deseché con fuerza inusitada pues no quería regresar."

"No tan lejos, se escuchaba una voz crecida por un altavoz. ¡Levántense, es hora de levantarse!. El mendigo vestido de azul, el que lo está de verde. El que tiene la camisa amarilla, ¿me escuchan?. ¡Ha levantarse! -he dicho. Pensé que faltaba poco para formar un arcoiris".

"He caminado miles de metros dentro de este receptáculo. No siempre moverse es un avance."

"Nada
invoco
Dios horrendo
Nido de mi soledad."

"Mi ánimo oscila entre la alegría y la tristeza como un barquito de papel en altamar."

"Ahora no siento nada. Una especie de neutralidad. Si profundizo un poco me percato que mis emociones están camuflajeadas."

(La huella) "La asepsia quirúrgica se hace, mientras que la asepsia analítica, con respecto a los propios traumas y zozobras interiores es una gran estupidez."

"Una voz llorosa que aparenta serenidad
a punto de deshacerse
otra apremiante que exige compromiso
otra sutil e indagadora preparada para dar
una noticia triste
otra sorprendida como si la muerte no fuera
cosa cotidiana
otra infantil salvada de desdichas tempraneras
otra comprensiva pues el dolor no le toca el alma
Voces del mundo transitado."

"Voces lejanas me llegan como latidos irregulares."

"El insomnio me ilumina otra vez. Busco los libros como única compañía posible en esta madrugada lluviosa. Me sonrío con las locuras de Don Quijote que leo sosegadamente, encontrando frases y refranes que creía de origen reciente. También leo La caverna de Saramago. Me gusta su estilo aunque no pudiera decir por qué. Historias bien conformadas, eso, al menos."

"El niño de trece años luce molesto y triste a la vez. La repetición bucal, no de frases sino de restos de alimentos infames y la diarrea continua indican lo parasitado que está. Él también lo está de la madrastra que me aclara oronda que él no es su hijo. De la madre que a parece a posteriori exhibiendo un embarazo avanzado.                                                                                                                                                        ¿Cuántos hijos tiene?, - le pregunto con cierta irritación que no logro reprimir. Diez - contesta. Imagino que no tendrá más -agrego yo. ¿¡Yo!?, ni loca - responde con asombro de alucinada. El niño de trece años tiene dos semanas viviendo con la madrastra y su padre. La madre se lo ha dejado pues ya tiene muchos,  - me dice. Es cierto, ya son muchos  -respondo. El niño de trece años está triste y molesto a la vez."

"¿Cómo comenzar a escribir: El Deseo muerto o el Muerto deseo?".


Caracas, 26 de junio de 2011.

No hay comentarios:

Publicar un comentario