martes, 3 de mayo de 2011

Una relectura: Demian de H. Hesse




"No digas de ningún sentimiento que es pequeño o indigno. No vivimos de otra cosa que de nuestros pobres, hermosos y magníficos sentimientos, y cada uno de ellos contra el que cometemos una injusticia es una estrella que apagamos."

Hermann Hesse.

Demian (1.919) fue una de las primeras novelas que he leído en mi vida, hace ya unos cuantos años y, a través de ella, conocí a Hermann Hesse,(Alemania, 1.877- Suiza, 1.962), premio Nobel de Literatura 1.946 y, sin duda, un gran escritor.

Decidí releer Demian pues sólo recordaba de ella que era una historia sobre un adolescente y también que me había hecho llorar aunque no evoco, en este presente, el por qué.

Demian consta -según la edición que poseo- de 8 capítulos y una introducción. Aparte de su título, se precisa: Historia de la juventud de Emil Sinclair, seudónimo utilizado por Hesse.

En la corta introducción, el autor señala que su historia le importa mucho pues es su propia historia, la historia de un hombre real, único y vivo. Resalta que la historia de cada hombre, mientras viva y cumpla la voluntad de la naturaleza, es admirable y digna de toda atención. También que Demian no es un relato agradable, no es dulce y armonioso como las historias inventadas sino que tiene un sabor a disparate y a confusión, a locura y a sueño como la vida de todos los hombres que ya no quieren seguir engañándose a sí mismos. Tal introducción resulta prometedora de lo que luego leemos. Demian está llena de frases que provocan ser pensadas y repensadas, unas tal vez cuestionables y otras con las cuales definitivamente es difícil no estar de acuerdo.

Emil Sinclair comienza a narrar su historia desde que tenía diez años. Era el único varón, tenía dos hermanas, su madre y su padre. Emil habla de la existencia de dos mundos: el de su casa plagada de amor, cariño, religión, seguridad, etc. y otro mundo donde estos elementos no existían sino que, por el contrario, se caracterizaba por la maldad, la agresión, la intimidación. Emil los diferenciaba bien y aunque disfrutaba mucho del primero reconocía que sentía cierta atracción por el segundo.

Sinclair estudia en el Instituto de Letras y un día, haciendo gala de presunción ante unos compañeros y un joven guapetón llamado Franz Kromer, comenta que había robado unas manzanas y Kromer empieza a chantajearlo. Durante un período, Emil pasa por terribles momentos sometido a Kromer. Durante ese tiempo, llega al colegio un joven mayor que él y que estaba en un curso superior al suyo. No obstante, parecía ya un hombre no sólo por su apariencia física sino por su forma segura y serena de hablar. Se llamaba Max Demian.

De inmediato, Emil siente curiosidad por Demian y poco a poco se van relacionando. Un día, comparten una clase donde se narra la historia de Caín y Abel. Demian le dice que se trata de una historia rara y que él piensa que puede ser interpretada de forma distinta a como lo han hecho en la clase. Demian explica: "...no se puede estar satisfecho con la explicación que se nos da de Caín y la señal que lleva en su frente. ¿No te parece?. Que uno mate a su hermano en una pelea, puede pasar: que luego le de miedo y se arrepienta, también es posible; pero que precisamente por su cobardía le recompensen con una distinción que le proteja y que inspire miedo a los demás, eso me parece muy raro...El estigma fue lo que existió en un principio, y en el se basó la historia. Hubo un hombre con algo en el rostro que daba miedo a los demás. No se atrevían a tocarle; él y sus hijos les impresionaban...quizá...no se trataba de una auténtica señal sobre la frente...tal vez...un poco más de inteligencia y audacia en la mirada. Aquel hombre (Caín) tenía poder, aquel hombre inspiraba temor...Esto podía explicarse como se quisiera; y siempre se prefiere lo que resulta cómodo y da razón...Ésta no se explicaba como lo que era, es decir, como una distinción, sino como lo contrario. La gente dijo que aquellos tipos con la señal eran siniestros; y la verdad, lo eran. Los hombres con valor y carácter siempre les han resultado siniestros a la gente." Emil le responde: " -Sí, eso quiere decir que Caín no fue malo. Entonces, ¿toda la historia de la Biblia es mentira?." Demian dice: " -sí y no. Estas viejas historias son siempre verdad, pero no siempre han sido recogidas y explicadas como debiera ser. Yo pienso que Caín era un gran tipo...era verdad sólo lo referente al estigma que Caín y sus hijos llevaban y que les hacían diferentes a la demás gente." Acota Demian que seguramente lo del asesinato de Abel fue verdad. "El más fuerte mató al más débil. Que fuera su hermano, eso ya se puede dudar. Además...todos los hombres son hermanos...En todo caso, los débiles tuvieron miedo y empezaron a lamentarse mucho". Demian se pregunta por qué no habían matado a Caín y argumenta que "...todos fueron cobardes pues alegaban que no se podía pues llevaba una señal. ¡Dios le ha marcado!. Así nació la mentira."

Después de este diálogo y continuando Emil bajo la presión de Kromer, Demian se entera de lo que ocurría y hace - no sabemos cómo- que Kromer deje en paz a Emil. Emil se siente feliz, habla con sus padres sobre lo acaecido, "regresa" a la paz de su hogar, sin embargo, no muestra ninguna gratitud por Demian, cosa que él reconoce. Así, Emil no sólo se olvida de Kromer sino también del mismo Demian. Emil se siente mejor aunque intuye que algo ha cambiado dentro de él.

Demian intenta buscarlo e incluso un día Emil lo ve parado frente a su casa dibujando un escudo con un águila que estaba sobre el portón. Otro día se lo encuentra cuando él y un grupo de compañeros presencian la agonía de un caballo herido mortalmente.

Tiempo después vuelven a encontrarse cuando hacen juntos las clases preparatorias para la Confirmación. Demian, a través de sus palabras le enseña a Emil la importancia de cuestionar, de ir formándose sus propias opiniones, experiencias que para Emil eran desconocidas. También le habla sobre el poder del pensamiento, del deseo y el de mirar directamente a los ojos de las personas. Después de la Confirmación, Emil es enviado por sus padres a estudiar en St, un internado. Allí Emil dice que se siente sólo, piensa en Demian, conoce la vida de las tabernas y le va muy mal en los estudios, tanto así que la amenaza de la expulsión se hace presente. Su padre va a conversar con él pero Emil se muestra indiferente a lo que su padre le manifiesta. También está en la etapa del florecer sexual. Un día ve a una joven de lejos que llama mucho su atención. Él le pone el nombre de Beatrice, sin embargo, nunca se le acerca. A raíz de esta experiencia y el persistente recuerdo de Demian, Emil, quien le había escrito un par de cartas, le envía un dibujo que hace sobre ese escudo que estaba en su casa. También hace un dibujo de la que se supone es Beatrice. Fijándose mejor, Emil cree reconocer una figura medio masculina, medio femenina para luego percatarse que se trata de Demian. La respuesta del envío del dibujo del escudo le llega a Emil a través de un papel que le manda Demian con el siguiente texto: "El pájaro rompe el cascarón. El cascarón es el mundo. Quien quiera nacer, tiene que destruir un mundo. El pájaro vuela hacia Dios. El dios se llama Abraxas"
Emil sabe que es la respuesta de Demian pero quién es Abraxas -se pregunta. Nunca antes había escuchado tal nombre. Ese mismo día lo sabe pues estando en una de las pocas clases que le gustaban, el profesor menciona a Abraxas y lo define como "...es el nombre de un Dios que tiene la función simbólica de unir lo divino y lo demoníaco." Entonces, Emil recuerda y piensa; "Unir lo divino y lo demoníaco, resonaba aún en mi mente. Aquí podía yo empalmar mis reflexiones; el tema me resultaba familiar por las conversaciones que había tenido con Demian en el último tiempo de nuestra amistad. Demian había dicho que venerábamos a un Dios que representaba sólo a una mitad del mundo arbitrariamente separada -el mundo oficial, permitido, claro-, pero que se debería llegar a poder venerar la totalidad del mundo; por lo tanto, había que tener un dios que fuera a la vez demonio o había que instaurar junto al culto de dios un culto al diablo. Ahora resultaba que Abraxas era el dios que reunía en sí a Dios y al diablo." A partir de la respuesta de Demian, Emil cambia su actitud disipada y dice: "La extraña existencia que yo llevaba, ensimismado como sonámbulo, empezó a tomar un rumbo distinto. El deseo de vivir floreció en mí, o más bien el deseo de amor; el instinto sexual, que durante un tiempo se había disuelto en la adoración de Beatrice, reclamaba nuevas imágenes y metas...Empecé a soñar otra vez; y aún más durante el día que durante la noche. Imágenes, ideas, deseos brotaban en mí y me apartaban del mundo exterior, hasta el punto de tener un trato más verdadero y vivo con los sueños, con las imágenes y sombras, que con el mundo verdadero que me rodeaba." Emil empieza a tener un sueño reiterativo que califica como el más importante y perdurable de su vida. Era: "...yo regresaba a mi casa y mi madre salía a mi encuentro; pero al entrar y querer abrazarla no era ella sino una persona que yo no había visto nunca. Alta y fuerte, parecida a Max Demian y al retrato que yo había dibujado pero algo distinta y, a pesar de su aspecto impresionante, totalmente femenina. Esta figura me atraía hacia sí y me acogía en un abrazo amoroso, profundo y vibrante; el placer y el espanto se mezclaban; el abrazo era culto divino y a la vez crimen..." Emil entendió que en su sueño invocaba al Dios Abraxas y que era su destino buscarlo y hallarlo. Menciona que de lo único que se siente seguro es de: "la voz de mi interior, mi sueño. Sentía el deber de seguir ciegamente sus imperativos, aunque me costaba mucho esfuerzo y me revelaba a diario contra ellos. ¿Quizá estoy loco?." . En su búsqueda, Emil comienza a recorrer de noche la ciudad y un día se detiene frente a una Iglesia donde escucha una música de Bach, interpretada en un órgano. Otro día sigue al organista y lo aborda. Se trataba de un organista llamado Pastorius quien también creía en Abraxas. Pastorius le enseña muchas cosas, entre ellas: la contemplación del fuego. La importancia de la contemplación de las imágenes, en la que Emil reconoce un efecto benéfico desde niño aunque no lo había hecho consciente. Pastorius le dice que todo está en nosotros pero una cosa es que eso sea así y otra que lo sepamos. Si no llegamos a saberlo somos como un árbol, como una piedra o como un animal. Pastorius continúa: "En el momento en que (una persona) tenga la primera chispa de consciencia se convertirá en un hombre. ¿No irá usted a creer que todos esos bípedos que andan por la calle son hombres sólo porque andan derechos y lleven a sus crías nueve meses dentro de sí?. Muchos de ellos son peces u ovejas, gusanos o ángeles; otros son hormigas, y otros abejas. En cada uno existen las posibilidades de ser hombre; pero sólo cuando las vislumbra, cuando aprende a hacerlas conscientes, por lo menos en parte, estas posibilidades le pertenecen." Son muchas las ideas que Pastorius le expone a Emil para su conocimento de Abraxas, entre ellas: "La religión es alma pura, y da lo mismo que uno comulgue como los cristianos o que peregrine a la Meca...No hay que temer nada ni creer ilícito nada de los que nos pide el alma...tampoco debe usted envenenar, reprimiéndolas y moralizando en torno a ellas, porque tienen su sentido...Cuando odiamos a un hombre, odiamos en su imagen algo que se encuentra en nosotros mismos. Lo que no está en nosotros mismos no nos inquieta." Finalmente, Emil comprende, aunque le resulte doloroso que, debe romper con Pastorius para seguir su particular búsqueda de Abraxas y lo hace de una manera brutal pero él cree imprescindible que sea así.

Emil termina sus estudios en St y durante las vacaciones va a la casa de Demian para encontrarse con la figura del dibujo que había hecho que resultó ser la madre de Demian, Frau Eva. Emil se siente enamorado de ella. En varias conversaciones, ella le dice: " -El amor no debe pedir, ni tampoco exigir. Ha de tener la fuerza de encontrar en sí mismo la certeza. En ese momento ya no se siente atraído, sino que atrae el mismo." Emil habla muchas veces con Demian quien le asevera que vienen situaciones muy duras para Europa lo que resulta ser la guerra. Demian es llamado a combatir y poco después Emil. Demian resulta gravemente herido y por cosas de las mismas creencias que ambos tenían logran verse minutos antes de que Demian muera. Antes éste le dice que cierre los ojos, que le dará el beso que su madre le ha enviado. Emil también está seriamente herido y pasa por un proceso de curación muy doloroso. La novela concluye con éste pensamiento de Emil Sinclair: "...cuando encuentro la clave y desciendo a mi interior, donde descansan en un oscuro espejo, las imágenes del destino, no tengo más que inclinarme sobre el negro espejo para ver mi propia imagen, que ahora se asemeja totalmente a él, mi amigo y guía.".

Caracas, 4 de mayo de 2011.

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