Una
cosa salvaje que conoce la muerte (2026), publicado por
la editorial Alfaguara, es un libro de cuentos de la escritora colombiana Lina
María Parra Ochoa (Medellín, 1986).
Está conformado por:
1.- El lento e
imperceptible retiro de las aguas: narra la corta estadía de Afra, jueza
promiscua municipal de Carepa. La jueza había venido desde Medellín como parte
de la investigación de los asesinatos de
varias personas, entre ellas, de 3 amigos, Jorge, Laura y Cecilia. Al
parece, las mujeres habían sido violadas
(más la directora del colegio). Afra habla de la sangre de sus amigos en sus
manos. Aparte de éstos hubo más muertos asesinados por un grupo de guerrilleros
por colaborar con los paramilitares. Ella lo supo pero no podía decirlo a costa
de morir.
Afra sufría de asma y
en Carepa tuvo crisis.
Afra estaba alojada en
el pueblo y se fue prácticamente a escondidas después de regalarles unas
prendas a dos mujeres del pueblo, Dona Celsa (que le aseaba la habitación) y
Doña Minta, dueña de un local cercano.
Viajó a Apartadó donde tomaría un avión a Medellín.
2.- Un cielo vacío:
narra la historia de Iván que, a los dieciséis años, nadando, se le luxó el
hombro izquierdo. Se trataba de una luxación recurrente después de un accidente
en su infancia cuando, manejando bicicleta, es atropellado por un auto. Lo
operaron pero no quedó bien.
Que le sucediera esto
en el mar era muy peligroso pero trató de calmarse y de ver lo que más le
fascinaba que era el cielo. Cuando decide regresar ve un punto negro que lo
sigue hasta que no lo ve más. Llega a salvo a la orilla. Nunca olvidará al
punto negro.
Había tres cosas que
Iván quería ver: ser testigo de una inteligencia artificial (IA) sensible y
autónoma; vida en otros planetas y vida inteligente en otros planetas.
Iván sigue creciendo.
De adulto instala en su computadora un programa para detectar inteligencia
extraterrestre.
Iván comparte sus
intereses, la astronomía y el universo con su hija Lidia de 13 años. Un día
iban en el carro y Lidia ve el punto negro e Iván también. El punto negro era
la comprobación de que el cielo no estaba vacío. Esta conclusión la relaciona
con la muerte, con un sitio no vacío.
3.- La sombra de la
Torre: trata sobre una mujer llamada Catalina que de niña y adolescente era
una gran creyente en Dios pero, ya de adulta ha dejado de creer, no quiere
entrar a la iglesia (todo allí le parece falso). Dice ahora cree en ella, en su
cuerpo, en sus amigos.
La pérdida de su fe
tiene que ver con un hecho acaecido en la infancia con una tía monja que la
cuidaba en las tardes después del colegio. Catalina está algo alejada de su
familia pero no puede negarse a asistir a un almuerzo dominical familiar.
Resulta que el evento se organizó para homenajear a la tía monja que había pasado años en el
exterior como misionera y estaba de regreso.
La tía monja ya no es
joven. Se acerca a Catalina, conversan, la tía le pone una mano en un hombro.
Catalina se retira del almuerzo sintiendo que se había liberado, en buena
medida del daño que su tía le infringió que, pensamos, fue de naturaleza
sexual.
“Es mejor mirar la
oscuridad de frente, si le das la espalda te traga” (49).
4.- Mal de tierra:
esta narración me ha parecido la más difícil de entender. Unos hombres van a buscar a Luis (que se
hallaba con su esposa e hijos en una subasta de reses). Se lo piden, por favor,
pero él sabe que no puede negarse.
Luis sabe a dónde lo
llevan. Conoce el camino. Es la casa que a él le mandaron a diseñar hacía dos
años por orden de Don Jairo, el patrón. Un narcotraficante.
Al llegar “Luis puede
ver en las baldosas del suelo un velo blanco nublando el mosaico colorido. Mal
de tierra. El pudo olerlo desde el primer día que visitó el lugar. Si las
sombras de la humedad se ven ya en las baldosas, la casa entera está condenada”
(42).
Luis sabe lo difícil
que es construir allí pero acepta por el dinero.
Don Jairo quiere que
vea la caleta que Luis diseñó. Un lugar donde refugiarse sin ser encontrado por
la policía cuando allanen su casa. Don Jairo le dice que allí huele mal, que escucha
unos ruidos extraños, como rasguños. Le pide que averigüe qué está pasando.
Luis debe pasar la noche en la caleta. Lo hace y nota todo lo dicho por Don
Jairo. Piensa que es el mal de tierra. Algo que está dentro de la tierra.
Se habla de Luis como
un hombre que quiso vivir de una manera sencilla, rural, con un campo de
orquídeas y luego de otro Luis, un sobrino que lo visita en esas circunstancias
y abandonado por sus hijos…
Por momentos he pensado
que Luis se quedó en la caleta o que fue absorbido por el mal de tierra.
5.- La hermana
ambidiestra: narra a Lina viajando en autobús con los restos de un tumor
(imbuido en formol) que le sacaron tras una operación y que resultó ser los
restos de una hermana gemela: un fetus in
fetu que es una anomalía congénita muy rara donde un feto malformado queda
encapsulado dentro del cuerpo de su gemelo sano.
Lo lleva a enterrar
hacia el pueblo montañoso de Heliconia (Antioquia) que era el pueblo materno
donde había vivido de niña. La madre se llamaba Soledad, siendo su abuelo Chepe
Ochoa.
Lina describe una serie
de sensaciones en relación a esa gemela que no pudo ser. Siente que se
fusionan, también que son dos. Ella es diestra, y la hermana que no fue
siniestra.
“Estas bestias han
venido a ti. Tú las albergaras”.
Lars Horn
6.- La prueba del
secreto: Iván y su esposa Soledad van de visita a la casa de los padres de
ella. Iván era un hombre retraído, de poco hablar. En las noches se sentaba en
el patio de la casa (Soledad lo acompañaba) para ver el Universo. Piensa en el
grabado Flammarion acercándose al borde del Universo.
Iván ve a una polilla
(una Ascalapha odorota. Polilla bruja negra). No le gustan. Dicen que anuncian
cosas malas aunque él no cree en esas cosas. La polilla se posa en la entrada
de la casa.
Los cuñados de Iván lo
invitan a buscar, al día siguiente, por la noche, una luz que dicen que aparece en un sendero
(¿oro?). No está muy animado. Termina escavando una tierra donde ve la luz. De
allí saca una pequeña forma en oro que parece ser una polilla. Al día siguiente,
mientras Soledad descansa, se la ofrece a su suegra quien le dice que la
guarde. La madre se queda mirando a Soledad y le dice a Iván que será para la
niña que viene en camino.
Es decir, la polilla
fue una premonición del embarazo de Soledad.
7.- El fuego en los
pies: este texto hace mención a la adolescencia. Al fuego de la
adolescencia. Menciona a diversas santas como Santa Rita de Casia, Santa Teresa
de Ávila, Sor Juana Inés y a la santa alemana Hidelgarda de Bingen (1098-1179).
8.- El pensamiento
en el puñal: relata la historia de Soledad, ingeniera electrónica y jefa de
contratos en una empresa de su ramo. Estaba casada y tenía una niña. Soledad tenía
el propósito de adquirir una vivienda propia.
Soledad se había criado
en el campo y sabía lo que era matar a una gallina, a un marrano con un puñal… Tiene
un recuerdo de la infancia de un hombre que la quiso seducir. Habla de los
mágicos que por el contexto en que es utilizado el término se refiere a
personas que lideran negocios sucios con la obtención de grandes ganancias
ilícitas.
Un día llegó por su
trabajo un mágico (Don Jairo, el hombre que intentó seducirla de niña) que fue
atendido por su jefe. Ella y el mágico se cruzaron y mantuvieron la mirada. En
su oficina había dos compañeros que habían hecho negocios con Don Jairo, entre
ellos, Egidio, un ex compañero de la universidad quien también conversó con él.
Ese día, Egidio la
abordó en el supermercado. Se le acercó con sigilo y le entregó un sobre lleno
de dinero proveniente de Don Jairo a cambio de que ella favoreciera a unos
amigos suyos con un contrato. Soledad se enfureció, le dijo a Egidio que no le
volviera a dirigir nunca más la palabra y recordó la vez que había matado a un
marrano con un puñal.
Ampliando sobre la
palabra “mágicos” en Colombia, Google aclara que se refiere a un contexto
histórico del narcotráfico entre los años 70 y 80 para describir a los grandes
capos y sus aliados que parecen tener poderes taumatúrgicos para transformar
dinero en violencia o riquezas de forma inexplicable.
9.- La voz del
animal: una mujer veterinaria viaja junto a un grupo de investigación desde
Colombia hasta New Hampshire (EE. UU).
Su interés era el de escuchar el sonido tan singular de las aves llamadas
colimbos cuyos ojos eran rojos. En especial, quería escuchar el sonido emitido
por el colimbo común (Gavia immer).
Menciona una gran
cantidad de películas norteamericanas donde se escuchan para generar un
ambiente de miedo, de terror, etc.
Una noche, la mujer se
mete en un lago cercano, se relaja y flota. Es rodeada primero por un colimbo
(o loons como ella dice) y luego por varios. Escuchó el
sonido que emitían y eso pareció darle
paz, reencontrase a sí misma.
Colimbos: aves
acuáticas buceadoras con las patas situadas muy atrás en el cuerpo los que las
hace torpes en tierra. Usualmente tienen los ojos rojos. Son nativos del
hemisferio norte, en especial de las latitudes altas. Emiten vocalizaciones
icónicas, inquietantes y muy variadas como lamentos fantasmagóricos o aullidos
esenciales para su comunicación en lagos del Norte.
10.- El peso sobre
la cama: este relato cuenta la historia de un hombre (Carlos) que, en su
infancia, cuando tenía 11 años, botó a su padre borracho, despilfarrador, de la casa donde vivían. La madre lo aceptó.
Años después, el padre
regresó, moribundo y el hijo lo deja entrar por caridad. A los pocos meses, el
padre fallece y es donde se pone en evidencia los tenues recuerdos de Carlos cuando
el padre entraba de noche en su cuarto y le decía que lo quería y se sentaba en
el borde de la cama dejando una marca. Era la forma de Carlos de saber que su
padre había estado allí. El hijo está claro que él también quería al padre y lo
decía, se lo decía y que extrañaba la marca del peso sobre la cama.
11.- Por el camino
recto: Sonia, la menor de tres hermanas, oficinista, liberada, salía con un
hombre llamado Óscar que era bebedor y no trabajaba. Las hermanas, sobre todo
la mayor, Virginia (Ginia) la aconsejaba que no estuviera con ese hombre, que
no le convenía. Un día, Sonia le confiesa a Consuelo (la otra hermana) que está
embarazada y Consuelo se lo hace saber a Ginia quien se enfurece más cuando se
entera que Óscar no se quiere casar porque duda que el hijo sea suyo.
Virginia dice que sus
padres: mamá Tina y papá Braulio no pueden enterarse.
Lo primero que piensa
Virginia es en hacer un bebedizo para que Sonia aborte pero tanto Sonia como Consuelo
se niegan. Como un flash a Virginia le pasa por la mente el pésimo destino que
tendría su hermana si se casa con Óscar y el mismo sobrino no nacido.
Ginia le comenta a su
esposo Chepe la situación y este toma el asunto en sus manos. A punta de
pistola obliga a Óscar a casarse con Sonia pero eso no era suficiente para
Virginia quien, en la misma iglesia, después del matrimonio le hace una
brujería a Óscar, arrancándole unos cabellos del cráneo, para garantizar que
ese matrimonio no dure más de tres meses.
12.- Un montón de
plumas: un grupo de muchachos armados llegan a la casa de Diana que tenía
una venta de huevos.
Los muchachos, ninguno
mayor de 21 años, eran hijos de Yolanda, Gloria, Ligia y de otras más. Incluso,
Diana había ayudado a traer al mundo a los hijos de Ligia hacía 15 años.
Los muchachos,
dirigiéndose al patio, mataron a las 40 gallinas ponedoras de Diana. Su
sustento, su modo de vida aunque ella no tenía permiso para vender huevos.
Los muchachos se
retiraron. Diana estaba acongojada, se dirigió al jardín y limpió el desastre
ocasionado. Se le quitó el hambre.
Al día siguiente, Diana
se dirigió a casa de su prima Dora a ver si recobraba el apetito. De camino,
pasó por la casa de Gloria donde se dio cuenta de que estaban haciendo un
sancocho de gallina. Diana regresó a su casa.
Este cuento es el
relato del mal sin sentido.
13.- El borde de la
herida: una joven recuerda la visita a la morgue de un hospital cuando
estaba en el liceo. No todas las chicas quisieron entrar. Queda afectada, las
otras también. Reflexiona sobre la muerte tomando como punto de referencia que
el cadáver que habían visto, el de una anciana, tenía restos de pintura roja en
las uñas de las manos. La narradora cuenta que su amiga Julia (con quien había
compartido la experiencia, estudió medicina). Saca una reflexión sobre la vida
y la muerte.
Los cuentos de Una cosa salvaje que conoce la muerte
tienen un matiz psicológico, no obstante, está muy presente la vida sencilla,
rural, familiar, también está presente el tema de la naturaleza, del cuerpo, de
la muerte, de la memoria, de la política.
Es notorio que en los
cuentos se repitan ciertos nombres como si algunos personajes formen parte de
la familia (o sean gente conocida) de la autora.
Creo que vale la pena
hacer un análisis de los textos El buen
mal de Samanta Schweblin y Una cosa
salvaje que conoce la muerte de Lina
María Parra Ochoa. Establecer similitudes, diferencias y enmarcarlo dentro del
contexto del cuento latinoamericano actual.
Escrito y publicado por
Libia Kancev D.
Caracas, 23 de abril de
2026.


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