“Los
ojos jamás podrán ver lo que la mente desconoce”.
“Quizá
no aprender del todo tus lecciones es lo que al final te mantiene vivo”. (101)
El
buen mal (2025) es un libro de cuentos de la escritora
argentina Samanta Schweblin (1978) quien, desde 2012, reside en Berlín.
El libro incluye:
1.- Bienvenida a la
comunidad
2.- Un animal fabuloso
3.- William en la
ventana
4.- El ojo en la
garganta
5.- La mujer de la
Atlántida y
6.- El Superior hace
una visita.
Bienvenida a la
comunidad: en lo personal, éste es el relato que me ha
resultado más doloroso. Se trata de una
mujer que vive en una urbanización (¿rural?) con su esposo y sus dos niñas.
Una mañana la mujer
intenta suicidarse ahogándose en un lago cercano después de haberse amarrado
unas piedras alrededor de su cintura -aquí recordé a la gran escritora Virginia
Woolf y su suicidio en el río Ouse, Inglaterra.
Después de estar unos
minutos sumergida, piensa que las cosas no han resultado como las había
planeado. Se pregunta “¿y si esto es todo? Dudar suspendida el resto de la
eternidad: el primer miedo real que tuve este día. No ser capaz de avanzar ni
de retroceder, nunca más, en ninguna dirección” (7). Se desata las piedras y
vuelve a la superficie. Sale del lago, ve las cartas que había dejado y no sabe
qué hacer con ellas y las deja en su mesita de noche.
Prepara el almuerzo.
Llegan el esposo y las
niñas que regresan del colegio. Las niñas la abrazan. Una de ellas le pregunta
si está contenta. No responde. Traen al conejo de la escuela llamado Tonel al
que les toca cuidar por una semana. El esposo, muy indiferente con ella y siempre
pendiente del teléfono dice que deben tener todo cerrado.
El marido y las niñas
almuerzan. Está angustiada. No come. Se dice “soy una mujer anclada siempre en
el mismo lugar” (9).
La mujer está muy
deprimida. No le encuentra sentido a nada (esto lo escribo yo). Se preocupa por
el efecto que su malestar puede tener en sus hijas.
Sale de la casa después
de haber abierto una de las ventanas y al poco tiempo vienen las niñas diciendo
que Tonel se ha perdido. Están llorosas. El marido molesto porque ella dejó la
ventana abierta. No lo consiguen.
Al poco rato, se acerca
un vecino con el conejo agarrado y lo devuelve.
El vecino, que hacía un
tiempo había sido acusado de haber abusado de una mujer de la cual después no
se sabe nada, le hace saber a ella que había visto su intento de suicidio y se
lo recrimina. Ella luego, en la noche, se acerca a su casa. Se da cuenta que el
hombre es cazador y que está despellejando unas liebres e intenta que ella
aprenda. Ella ve que en una de sus muñecas tiene dos heridas transversales, es
decir, el hombre había intentado suicidarse y ella le pregunta cómo hacer, cómo
salir de esa situación. Él le dice que debe ser a través de la culpa, que al
sentir culpa, no se matará.
Ella espera que él le
diga más. Él le dice Bienvenida a la comunidad, es decir, se refiere a la
comunidad de los suicidas.
Un animal fabuloso:
relata la historia de unos padres arquitectos, Elena y Alberto que tenían un
hijo, Pedro, a quien apodaban Peta.
El niño había muerto a
los 7 años al caer de la cornisa de su casa. Veinte años después del hecho,
Elena (que estaba en Buenos Aires) llama a Leila quien se hallaba en Francia.
Leila había conocido a Peta a los 2, 4 y 7 años y le pregunta por su hijo, por
lo que recordaba del fatídico día de su muerte. Elena le dice que ella se está
muriendo.
Leila evoca que Peta le
había dicho que él no quería ser arquitecto, que quería ser un caballo. Leila
le dice o quiere decirle a Elena que abrace a un caballo.
La historia narra lo
brutal que es para unos padres el fallecimiento de un hijo.
William en la ventana:
una mujer viaja a Shanghái para un taller de escritores. Lo hace estando su
esposo Andrés en tratamiento por un cáncer. La mujer escribe una novela que le
cuesta trabajo. Conversa con su esposo a diario. Andrés es un hombre amable,
sencillo, atento.
Por otro lado, la mujer
comenta su temor de encontrarse a su esposo muerto algún día al despertar. Al pensar en la muerte de él, piensa en la
suya propia.
La mujer conoce a una
escritora irlandesa de nombre Denise, de unos sesenta años, quien había tenido
éxito con una primera novela.
Denise está casada con
un hombre aparentemente zonzo y al que ya no parece amar de nombre Brian.
Tienen un gato llamado William. Denise comenta que podría divorciarse pero que
el gato es de Brian y que ella no puede vivir sin el gato.
Brian llama a Denise y
le cuenta que el gato sufrió un envenenamiento y que estuvo a punto de morir lo
que afecta mucho a Denise. Denise cuenta que el gato se posa en la ventana y
que hace un ruido que no logra describir bien. Eso resulta muy importante para ella.
La narradora también
recuerda la significancia que tiene para ella la impronta de la mano de Andrés
sobre la losa del baño cuando va a orinar. Algo casi imperceptible pero que
ella ve. Parece que ambos actos son vitales para estas mujeres y también la forma
de expresar el temor de que mueran sus parejas.
Al final, Brian le
informa a Denise que William volvió a ser envenenado y había muerto.
La narradora decide
volver inmediatamente a Buenos Aires.
El ojo en la garganta:
este cuento relata lo que las vivencias duras o nefastas de un hijo pueden
causar en una pareja. Es complicado, profundo, conmovedor, doloroso.
Un hombre de 27
años, está a cargo de su hijo de 2 años (Elías)
mientras hace una visita a su madre. Elías se traga algo que resulta ser una
pila (de esas de calculadoras de bolsillo). El padre se desespera, llama a la
madre y lo llevan al hospital y aunque le extraen la pila, su garganta queda
irremediablemente dañada y lleva a que sea necesario hacerle una traqueostomía.
En uno de tantos viajes
para el control médico de Elías, el padre se para en una estación de servicio cuyo
dueño era un hombre llamado Morris (46) y, en un segundo en que la madre va al
baño el niño se pierde. Los padres se vuelven como locos. Resulta que el niño
estaba con la esposa del Morris –quien lo había encontrado- y lo tenía
distrayéndolo mientras lo reclamaban.
Morris y su esposa no
tenían hijos.
Después de este episodio
y durante veinte años, alguien llamaba por las noches a la casa de la pareja.
No hablaban y luego colgaban. El padre creía que era Morris que lo hacía como
una forma de torturarlo por haber sido descuidado con su hijo.
Elías adoraba a su
padre.
Mientras el niño crece,
la pareja se va distanciando hasta que se separan. La mujer se muda con su hijo
ya adolescente a la casa de sus padres y el hombre se queda en la casa,
obsesionado con las llamadas telefónicas.
Un día, el padre se
presenta a la estación de servicio e incrimina a Morris por las llamadas.
Morris le explica que el día que Elías se había extraviado, le pidió que
llamara al padre y le da el número de teléfono pero nadie contesta.
El niño crece, estudia,
va a la universidad, es exitoso, se enamora. El padre enferma y en el momento
de su fallecimiento, Elías está con él.
Introduce su dedo en el orificio de la traqueostomía que se había
convertido como en su punto de conexión.
La mujer de la
Atlántida: este relato une un pasado con un presente,
demostrando la fuerza que pueden tener las relaciones humanas.
Dos hermanas (una de 10
años y la otra de trece) pasan vacaciones con sus padres en una zona playera de
Montevideo.
Las niñas, algo
aburridas, salen de noche de su cabaña para merodear por las casas y jardines
de los alrededores. Por un viejo lector se enteran de que hay una mujer poeta
que no sale de su casa y que tal vez estaría bueno que fueran a echarle un
vistazo. El hombre les dice que la mujer ha intentado suicidarse. Se trataba de
la señora Pitis.
La casa era un completo
desorden, con acumulación de cosas, mucha basura y botellas de vino vacías. Las
niñas se acercan a la mujer y le dicen que son la inspiración. Quieren estimularla para que vuelva a escribir y
que no tome tanto (más tarde descubren que era el viejo lector quien le
compraba la bebida). Se ocupan de
arreglar la casa y de asear a la señora Pitis, lavarle el pelo y otras cosas.
Un día, la señora Pitis
escribe algunas cosas en un cuaderno y las niñas la llevan al mar. La señora
Pitis se mete en la playa y la mayor la acompaña (deja a la menor con el
cuaderno). Parecen disfrutar el mar pero de pronto una ola las envuelve y la
niña mayor muere ahogada. Sólo sale del agua la señora Pitis.
Cuarenta años después
la menor se ha hecho adulta y peluquera en Buenos Aires. Decide regresar a
Atlántida y la señora Pitis se aparece por la peluquería sin decir palabra. La
muchacha le lava el cabello cada 15 días, en silencio (como se lo lavaba su
hermana). No sabe si la señora Pitis la reconoce.
La señora Pitis no
vuelve y la mujer va hasta su casa.
El Superior hace una
visita: este relato podría considerarse como una pésima
experiencia después de un acto bondadoso y un final donde hay que darle gracias
a Dios porque uno salió vivo.
Una mujer divorciada,
de sesenta años, con una hija que con su primer salario se fue a vivir a otro
continente y que no ha vuelto a visitarla, va a visitar a su madre con demencia
al Instituto Graziano.
Realmente habla poco
con ella porque la madre o come, o duerme. Ella aprovecha para leer.
Sentada en el Instituto
ve a una mujer anciana que le pide unas monedas porque va a tomar el
subterráneo. La mujer piensa que es una residente y que seguramente alguien la
detendrá. La anciana toma el ascensor.
Cuando la mujer decide
marcharse se encuentra a la anciana en el subterráneo y se monta en la misma
estación que ella. De alguna manera se siente responsable de no haber avisado
al Instituto. Le ofrece ir a su casa. Llama al Instituto pero la descripción que
da de la anciana no parece corresponder a nadie fugado. Le dicen que mañana pueden
enviar a una ambulancia.
Al poco rato suena el
teléfono, es un tal Joel que le dice que cree que su madre está en su casa
(resulta que la anciana tenía un localizador en una de sus sandalias que ella
le había quitado para que estuviera más cómoda).
Joel (como de 45 años) dice
que irá a buscar a su madre. La mujer se muestra aprensiva pero lo deja entrar.
Se trata de un tipo musculoso que lleva un bolso y que le dice ser dueño de un
gimnasio.
La anciana va al baño y
luego se recuesta en la cama de su hija. La mujer encuentra a Joel también acostado
allí (ella lo había conservado intacto).
Está incómoda y preocupada. El hombre le cuenta que su padre lo había
abandonado a los siete años y que muchos años después lo vio y el padre no lo
había reconocido. El hombre la amenaza, le pide dinero, joyas, tarjetas. La mujer
cree que la violará, que la matará, de hecho escucha un disparo y duda si está
viva o muerta.
Ante la presión del
hombre sobre si algo le dolía: la mujer responde que de bebé le tenía odio a su
hija pero que ahora la amaba pero que su hija le tenía rencor y que eso le
dolía.
Joel le dice: que qué
quiere que haga por ella. Ella no sabe qué decir y al final contesta que “arreglar
la lámpara” de la sala que tiene tiempo descompuesta. El hombre se enfurece
pues le parece que lo que la mujer dice es como menospreciarlo a él.
Pasan la noche. En la
mañana la lámpara está arreglada. El hombre se despide después de robarla, de
preparar el desayuno para los tres y se
va con la madre anciana.
Los cuentos del Buen mal son profundamente psicológicos
y giran en torno de las personas y las relaciones familiares, en especial,
parejas e hijos.
Los he leído y releído,
aún así, no dudo en volver a leerlos.
Escrito y publicado por
Libia Kancev D.
Caracas, 21 de abril de
2026.


No hay comentarios:
Publicar un comentario