sábado, 12 de diciembre de 2015

Voces de Chernóbyl

A Humberto Sánchez Amaya



Svetlana Alexiévich


Central Nuclear de Chernóbyl 1986 
“He comprendido que en la vida las cosas más terribles ocurren en silencio y de manera natural...”(86).
Zoya Danílovna Bruk, inspectora

“Si hubiéramos vencido la catástrofe de Chernóbyl, se hablaría y se escribiría más sobre ella. O si la hubiéramos comprendido. No sabemos cómo extraer un sentido de este horror. No somos capaces. Porque no se lo puede comparar ni con nuestra experiencia humana, ni con nuestro tiempo humano...Así pues, ¿qué es mejor? ¿Recordar  u olvidar?” (47).

Yevgueni Aleksándrovich Brovkin, profesor de la Universidad Estatal de
Gómel.

En todas partes se hablaba de la catástrofe: en casa, en la escuela, en el autobús, en la calle. La comparaban con Hiroshima. Pero nadie lo creía. ¿Cómo se puede creer en algo que no se comprende? Por mucho que te esfuerces, por más que lo intentes comprender, es que no puedes. Recuerdo que cuando nos marchábamos, el cielo estaba de un azul espléndido...(55).

Katia P en Monólogo sobre que no sabemos vivir
sin Chéjov y sin Tolstói.


Palabras de Serguéi Gurin, operador de cine [ante la vivencia de algunos de sacar ventaja de su posición política]El mecanismo del mal funcionará incluso en el apocalipsis. Eso es lo que comprendí. La gente sigue yendo con sus chivateos, sigue haciendo la pelota a los de arriba para salvar su televisor o su abrigo de piel. Incluso ante el fin del mundo el hombre seguirá siendo el mismo, igual que es ahora. Siempre” (59).
.
Del Monólogo de cómo una cosa completamente desconocida se va metiendo dentro de ti: “En todo esto se está borrando la frontera entre lo real y lo irreal....[En relación a Chernóbyl] La zona es un mundo aparte... Otro mundo en medio del resto de la tierra... La inventaron los hermanos Strugatski, (Arcadi y Borís Strugatski -- los más célebres y destacados autores rusos de ciencia ficción) pero la literatura no ha superado la realidad... (65-68).


Voces de Chernóbyl

Este texto –en digital-  me llegó a través de alguien que supo que me gustaba mucho la literatura. Realmente lo catalogué como “un regalo extraordinario” y así lo agradecí.
Al parecer, Voces de Chernóbyl (1997) es el único libro, traducido al español, de la más reciente premio Nobel de Literatura, Svetlana Alexievich (1948) escritora y periodista bielorrusa, quien ha retratado el drama de gran parte de la población de la antigua URSS, así como de Chernóbyl y la guerra de Afganistán.

Tengo entendido que: “La Academia Sueca la elogió por sus escritos polifónicos, un monumento al sufrimiento y valentía de nuestro tiempo” (Akbar). De eso hay mucho en Voces de Chernóbyl. Hay otro aspecto que se ha resaltado en el otorgamiento de este premio (a favor o en contra) que tiene que ver con que se trata de una escritora de “no ficción”.

Este punto me hizo recordar una clase de una profesora de la Escuela de Artes de nuestra querida Universidad Central de Venezuela donde mencionaba que todo era, en literatura, ficción. Su argumentación no carecía de lógica pero no dejaba de preguntarme cómo podía ser así. ¿Sería que no había posibilidad de contar un hecho que fuese real?; ¿dónde quedaba la literatura testimonial que siempre había atribuido a pura realidad?

Hace poco, en una entrevista realizada por Carlos Egaña al escritor Santiago Gamboa y publicada el 5 de diciembre 2015 en Prodavinci, éste afirmaba que: “El escritor es también una ficción”. El tema de lo ficcional o no ficcional en literatura llama mucho mi atención pues pienso que asegurar que un cuento, una novela, un poema, etc. es ficción o es real parte de quién escribe: el escritor dirá “esto que escribí fue algo que (me) ocurrió y lo escribo y describo tal cual”; el lector también puede considerarlo real si hay una advertencia en el texto que” los hechos aquí narrados son verdaderos”. De no existir esas palabras, un lector interesado puede acabar pensando que lo escrito es real (o tiene elementos de realidad) si consigue textos de la vida del autor o sobre él o los hechos presentados.

Lo anterior me lleva a pensar que lo ficcional o no ficcional, la inclusión en una determinada categoría parte de quién lo afirma: del autor, del lector o del Otro que, por ejemplo, hace crítica literaria o enseña literatura.

Voces de Chernóbyl  consta de tres capítulos (“La Tierra de los muertos”-que incluye un “Coro de soldados”; “La corona de la creación –con su “Coro del pueblo”, y “La Admiración de la tristeza” (con su “Coro de niños”), respectivamente. A su vez, cada capítulo tiene diversos monólogos con testimonios del desastre de Chernóbyl).

La estructura de Voces de Chernóbyl, con sus monólogos y sus coros recuerda a la de las tragedias y comedias griegas aunque aquí todo fue y es tragedia. Por otra parte, cabe destacar que Alexievich : “no es ajena al cine. Uno de los monólogos de…Voces de Chernóbil,...fue la base para un cortometraje titulado “The Door” realizado por la irlandesa Juanita Wilson. El cortometraje tuvo mucho éxito y fue nominado incluso al premio Oscar“ (Thays).

El tema de la memoria, de la incertidumbre entre olvidar o recordar; de la analogía de la tragedia con la guerra: “Un engaño tan increíble, semejante cantidad de mentiras asociadas a Chernóbyl en nuestra conciencia, sólo había podido darse durante la guerra” (75),  del engaño de un gobierno, de un sistema que promocionaba el mito del héroe: “Hasta en aquel infierno la propaganda defendía nuestros mitos: podemos sobrevivir en cualquier lugar, hasta en una tierra muerta...”  (82)  y de la confrontación política mundial: “como pueden comprobar, las emisoras occidentales siembran el pánico, difunden descarados infundios sobre la avería” (75), del terrible sufrimiento humano, las enfermedades inmediatas, del futuro mediato y lejano, la muerte, del tema del desconocimiento y la ignorancia resaltan por doquier.

Lo que consideré un “regalo extraordinario” se ha transformado en tristeza e incredulidad. Tenía 25 años cuando ocurrió el peor accidente de la Historia de la Energía Nuclear el 26 de abril de 1986 debido al sobrecalentamiento y explosión del reactor número 4 de la Central Nuclear de Chernóbyl situada en la ciudad de Prípiat, al norte de Ucrania y cercana a la frontera con Bielorrusia.

Imagínense ustedes que al buscar en Internet sobre la ciudad de Prípiat se la define como; “ciudad fantasma…”. ¿¡Ciudad fantasma!?,¿¡Ciudad fantasma!?

Mis recuerdos acerca de estos hechos son muy vagos, en aquel momento no recuerdo haber leído nada del tema, sólo supe que había pasado y que era algo terrible. Punto y aparte. Y es en este noviembre-diciembre de 2015 que vengo a enterarme de la magnitud de los daños, de los sufrimientos causados a tantas personas, tanto así que leer   Voces de Chernóbyl  me ha costado un mundo, diría que me ha dolido. Continuar y finalizar su lectura, de a poco, dejando pasar días de intermedio fue una especie de acto de solidaridad, era como si no continuar fuese negar la existencia de las personas que murieron, negar la existencia de tanto sufrimiento. Suscribo la afirmación de Edmundo Paz Soldán: “Los libros de Alexievich son tan abrumadores, tan agotadores –en más de un sentido- que es mejor leerlos de a poco: cuatro o cinco testimonios una noche, un par de días de descanso…” (Prodavinci).

Voces de Chernóbyl son las Voces de una tragedia de magnitudes incalculables.


Textos consultados

AKBAR, Arifa. “Un Nobel para un género despreciado”. La Jornada. [en línea). 9 octubre 2015. 17 noviembre 2015. Disponible en: >http://www.jornada.unam.mx/2015/10/09/cultura/a07n1cul>
 ALEXIÉVICH, Svetlana. Voces de Chernobyl [en línea]. 1997. [17 noviembre 2015]. Disponible en: >file:///D:/Documents%20and%20Settings/Libia%20Kancev/Mis%20documentos/Downloads/Svetlana%20Aleksievich%20-%20Voces%20de%20Chernobyl%20(1)%20(1).pdf

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Paz Soldán, E. “El método Alexiévich”. Prodavinci. Web. 23 noviembre 2015. 23 noviembre 2015. http://prodavinci.com/2015/11/23/artes/el-metodo-alexievich-por-edmundo-paz-soldan-2/?utm_source=feedburner&utm_medium=email&utm_campaign=Feed%3A+Prodavinci+%28Prodavinci%29

Thays, I. “Vuelta alrededor de Svetlana Alexiévich”. Babelia. 16 octubre 2015. 17 octubre 2015. http://cultura.elpais.com/cultura/2015/10/14/babelia/1444821424_919891.html


Por Libia Kancev

Caracas, 12 de diciembre de 2015



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