Penélope
y las doce criadas (2005) es un texto corto de la poetisa y
escritora canadiense Margaret Atwood (1939).
Esta obra nos es relatada de
una manera clara, fresca y sencilla lo cual no le resta ni profundidad, ni
interés.
Con el reciente estreno de
la película La Odisea (2026) escrita,
producida y dirigida por el cineasta británico-estadounidense Christopher Nolan
(Londres, 1970) pienso que su lectura es muy pertinente.
En Penélope y las doce criadas se relata la historia de Penélope, hija
de Icario, rey de Esparta y de una náyade que, según la mitología es una ninfa
que vive en los ríos y en las fuentes.
Penélope es casada, a los
quince años, con Odiseo después de que este obtuviera su mano al vencer en una
carrera.
Vale destacar que Penélope,
que es la narradora, yace en el Hades, es decir que, nos habla su alma.
Recordemos que el término Hades, en la mitología griega, tiene un doble
significado: dios soberano del inframundo y nombre del reino subterráneo donde
residen las almas de los muertos.
De pequeña, a Penélope la
llamaban La Patita pues, cuando nació, su padre ordenó que la echaran al mar ya
que un supuesto oráculo le había indicado que, de grande, ella tejería un
sudario que sería la mortaja de su padre. Unos patos la rescatan.
Hablemos de Odiseo: era hijo
de Laertes, rey de Ítaca y de Anticlea. Cuando se casa con Penélope se la lleva
a vivir (junto con todos los regalos que habían recibido por el matrimonio) a
Ítaca. Penélope describe a Odiseo como amable, cariñoso, gran conversador y
narrador de historias lo cual no le quitaba su gran capacidad para mentir y su enorme
astucia.
Lo cierto es que Penélope se
siente bien con Odiseo. Establecen una relación que pudiera llamarse de
confianza y que hasta se enamoran.
Anticlea, madre de Odiseo e
hija de Autólico, establece un trato indiferente hacia Penélope, mientras que
la vieja Euriclea, que había sido la nana de Odiseo y que lo conocía a la perfección,
no la deja hacer nada en el palacio, alegando que era muy joven.
Por cierto que es Autólico
quien le da nombre a Odiseo.
Penélope era prima de
Helena, considerada la mujer más hermosa del mundo. Helena se casa con Menelao,
rey de Esparta. Helena siempre hacía gala de su belleza y de su capacidad para
tener muchos pretendientes y no perdía ocasión para restregárselo en la cara a
Penélope que, si bien no era tan agraciada como su prima, sí era muy
inteligente.
Al poco tiempo del
matrimonio, Penélope queda embarazada y da a luz a un hijo varón a quien le
ponen el nombre de Telémaco.
Cuando Telémaco tiene un
año, Odiseo debe acudir a Troya para participar en la guerra que Esparta le
declara a Troya ya que había hecho un juramento de apoyo al que se
comprometieron todos los que habían sido pretendientes de Helena, siendo
Menelao el que gana su mano. Odiseo hizo lo posible por no asistir a esa guerra
pero, al final, no pudo librarse de ese compromiso.
La guerra de Troya se
desencadena porque durante una visita a Esparta y, en ausencia de Menelao,
París, el hijo menor del rey Príamo, conquista a Helena y juntos escapan a Troya,
llevándose muchos tesoros. Así, Menelao, apoyado por su hermano Agamenón, exige
la devolución de Helena y como ello no sucede, declara la guerra a Troya que
dura diez años.
A partir de lo anterior se
inicia la ausencia de Odiseo, ausencia que dura veinte años, lejos de Ítaca,
lejos de su mujer y su hijo (de vez en cuando Penélope obtenía alguna noticia
de Odiseo). En el ínterin, Penélope debe enfrentar el acoso de más de cien
pretendientes (que, de paso, iban al palacio y consumían, groseramente, sus
bienes). Este acoso a que era sometida Penélope y el consumo de sus bienes,
enojaba mucho a Telémaco, quien, a medida que iba creciendo, mostraba cierta
actitud dura y crítica hacia su madre.
Una de las formas que emplea
Penélope para hacerle frente a sus pretendientes (que más que quererla a ella,
estaban interesados en ser reyes de Ítaca y quedarse con todos los bienes
materiales del reino) es tejer un sudario para su suegro Laertes, asegurando
que cuando lo terminase, escogería un pretendiente. No obstante, Penélope tejía
por la mañana y destejía por la noche hasta que fue descubierta.
Penélope -no diciéndole nada
a Euriclea- escoge a doce niñas, de las
más lindas y las educa para que vivan en palacio y la ayuden a lidiar con los
pretendientes hasta que Odiseo regresara. Éstas la ayudan con la mentira del
sudario. A veces, las jóvenes eran
violadas o mantenían relaciones con los pretendientes, bien porque se
enamoraban o para obtener algún beneficio para Penélope. El trato de Penélope
con las criadas era casi de hermanas.
Lo cierto es que Odiseo
regresa a Ítaca. Llega disfrazado de mendigo para poder evaluar la situación en
su palacio. También para ver el comportamiento de su esposa. Penélope lo
reconoce al instante pero disimuló.
Odiseo, ayudado por Telémaco
y dos sirvientes leales y bajo el desconocimiento de Penélope, mata a todos los
pretendientes (Penélope se entera por Euriclea que lo vio todo). Luego, Telémaco, como muestra de hombría mata
a las doce criadas “aliadas” de Penélope, ahorcándolas, porque estás tenían
relaciones con los pretendientes. Insisto: recordemos que las criadas actuaban
por órdenes (y complicidad) con Penélope lo cual era ignorado por Telémaco y
por Odiseo. Incluso, Odiseo es llevado a
juicio (expuesto en un coro tragicómico representado por las criadas) saliendo
absuelto.
Penélope
y las doce criadas es una obra feminista que denuncia el dominio
patriarcal con mucha fuerza pero también las diferencias de clases. Penélope
era hija de un rey y utiliza a las criadas que resultaron asesinadas.
Penélope siente la muerte de
las criadas pero no hace nada al respecto.
Al final, se nos narra la
vida que Odiseo hace con Penélope en el Hades, aunque muchas veces, Odiseo se
escapaba para hacer lo que le viniera en gana. Las almas de las criadas, en el
Hades, persiguen a Odiseo recriminándole que las hubiera mandado a matar.
La novela deja abierta la
posibilidad de que Penélope, le hubiese
sido infiel a Odiseo siendo ayudada por las criadas, que, al final, no serían
doce sino trece –según los meses lunares- siendo la décimo tercera Penélope.
Así que más que una posibilidad parece ser una realidad a diferencia de lo que
plantea La Odisea, famoso poema,
atribuido a Homero y compuesto en el siglo VII a. C. en el que se cuenta una
historia diferente.
Penélope
y las doce criadas es la segunda novela que leo de Margaret
Atwood, cuyo nombre, por cierto, ha sido mencionado para el Premio Nobel de
Literatura. No lo ha ganado pero pienso que lo tendría bien merecido.
Escrito y publicado por Libia Kancev D.
Caracas, 11 de agosto de 2026.


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