Cuando el sol se pone tras los tejados, me quedo a solas con mi melancolía (16).
Y ahora él, ante la ventana
abierta, se alegraba si darse cuenta del invierno y los árboles sin hojas, se
deseaba sin una sola hoja, pelada incluso la hoja perenne que le pesaba en el
corazón (34).
La primera vez que escuché el nombre de Peter Handke (Austria, 1942) fue cuando le otorgaron el Premio Nobel de Literatura en 2019.
Lo que leí fueron fuertes críticas por habérsele otorgado el
prestigioso galardón debido a su cercanía con el dictador Slobodan Milosevic (1941-
La Haya, 2006).
Recordemos que Milosevic fue
acusado de crímenes de guerra.
Leo, en versión digital, La balada del último cliente (2026) de
Peter Handke.
En principio puedo decir que
se trata de una novela con un elevado nivel de lenguaje, en especial en su
construcción apretada, reiterativa, afirmadora, interrogativa y negativa a la
vez, que convierte al texto poco
sencillo de digerir en todo su contexto.
Narra la historia de un
hombre llamado Gregor Werfer, el mayor de tres hermanos, ciego de un ojo – por una
enfermedad en la infancia- y que regresa de visita a su casa familiar para ver
a su madre, a su padre y a su hermana Úrsula quien tenía un bebé de pocos
meses. Había hecho el viaje primero por avión,
luego por tren, después en autobuses y por último caminando.
Cuando desciende en el
terminal de trenes ve que le ha llegado un mensaje de texto que dice que su
hermano menor, Hans, quien formaba parte de la legión extranjera, había muerto
de un tiro en la cabeza (procedente del enemigo). El mensaje agrega que su hermano no había
sufrido.
Su familia lo recibe con
alegría y le preguntan que qué sabe de Hans. Gregor les dice que no mucho, solo
que tiene una pareja. Gregor sabe,
siente, que su familia preferiría recibir a Hans.
Úrsula le dice a Gregor que
será el padrino del niño, que el bautizo ha sido planeado para dentro de unos
días, que será en la vieja iglesia del pueblo y que el bautismo será oficiado
por el viejo párroco ya retirado pero que lo hará por la amistad que lo une a
la familia (Gregor había sido su monaguillo).
Gregor era un hombre como
desajustado, desplazado, culpabilizado, que viajaba mucho y vivía en otro
continente. Después de dormir la primera noche en casa de sus padres, se
despierta, baja las escaleras y ve al bebé que está en una especie de corral.
Gregor insulta al bebé que parece seguirle la corriente.
Gregor sale de la casa,
cuando uno pensaría que compartiría con su familia, pasa varios días afuera,
camina por su pueblo natal y por las construcciones hechas en lo que llama la
Ciudad Nueva, entra y pernocta en un bosque cercano, se baña en una especie de
foso (¿hecho por el efecto de alguna bomba de la Segunda Guerra Mundial?) que
está lleno de agua; describe la naturaleza, a los animales, ve a gente que no
recuerda pero dice recordarlo.
En La balada del último cliente, la naturaleza y sus fenómenos
inherentes son un personaje vital.
El relato que hace Handke es
el de un hombre sumergido en una profunda soledad y en una especie de
desubicación continua. Su mayor contacto es con la naturaleza. Por momentos,
Gregor recuerda a su hermano.
Gregor, transcurrida prácticamente
la semana que duraría su estancia, bautizó a su sobrino y ya debe irse.
Úrsula lo acompaña a la
estación. Allí él le cuenta a su hermana que Hans ha muerto y ambos lloran.
Gregor regresa a su casa en otro continente y parece contento.
La finalización de la novela
me ha generado cierta sorpresa pues Gregor parece estar contento de regresar a
su propia casa.
Desde el punto de vista de
la intertextualidad, vale resaltar la mención de La Odisea (siglo VIII a. C.) de Homero. Menciona a Ulises
(¿podríamos intuir que Gregor tiene un comportamiento contrario a Ulises quien
está contento de regresar a Ítaca?) y a su nodriza Euriclea.
Me costó leer la novela de
Handke pero pienso que valió la pena.
Escrito y publicado por Libia Kancev D.
Caracas, 13 de octubre de
2026.













