miércoles, 6 de mayo de 2026

La uruguaya



La uruguaya (2016) es una novela del escritor argentino Pedro Mairal (1970) quien también es músico y guionista.

Según Google, Mairal forma parte de la Generación del 90 conformada por un grupo heterogéneo de escritores argentinos que comenzaron a publicar o ganaron relevancia durante la década de 1990, caracterizados por un cambio estético marcado con respecto a las generaciones anteriores. Dicha generación se desarrolló en un contexto de consolidación democrática, neoliberalismo económico y una tendencia hacia una globalización cultural.

La uruguaya es  una novela corta que leo en formato digital, siendo la primera que conozco de este autor. Novela bien escrita que mantiene el interés del lector. Lenguaje fluido. Nos plantea una historia que si bien está dentro del marco de cierta cotidianidad, invita a reflexionar.

La uruguaya está ambientada en Buenos Aires y Montevideo. Está narrada en primera persona por su protagonista principal, Lucas Pereyra (44), escritor y profesor argentino muy venido a menos económicamente hablando, que decide viajar a Montevideo para cambiar un dinero (pesos) en  dólares que recibe como adelanto por unos textos que debía producir: una novela (Brasil) y unas crónicas (Colombia).

Vale destacar que si bien está escrita en primera persona, tiene un tono confesional dirigido a un tú, a un vos, lo que hace que funcione en segunda persona en gran parte del relato.

Cambiar el dinero en dólares en Montevideo le era más rentable, lo que le permitiría sufragar una serie de gastos acumulados que lo tenían muy preocupado.

Lucas estaba casado con Catalina (ella trabajaba en una empresa de servicios médicos) y tenían un hijo llamado Maiko.

A quien le habla Lucas es a Catalina.

La convivencia familiar había decaído mucho en general y también en el ámbito sexual. Lucas sospechaba que Catalina tenía un amante pero no hablaban de ello. Por otra parte, más adelante nos enteramos que Lucas le había sido infiel a Catalina en diversas ocasiones.

En su viaje a Montevideo, que era de ida y vuelta, Lucas también tenía planeado encontrarse con una joven uruguaya que había conocido en un viaje anterior que había hecho para asistir a un taller literario. La joven se llamaba Magalí Guerra Zabala (28), trabajaba en un periódico y vivía con un novio músico de nombre César (38).

Desde su primer encuentro, Lucas se sintió fuertemente atraído por la joven y ella parecía corresponderle pero siendo claros ambos en las respectivas existencias de sus parejas. Se mantenían en contacto por correo electrónico donde Lucas se dirigía a ella como “Guerra”.  Tan atraído estaba Lucas que hasta en sueños la llamaba “Guerra”.  En varias ocasiones Catalina le dijo que en sueños decía “Guerra” y que qué significaba aquello, ante lo cual él se hacia el desentendido.

Ese día de su viaje a Montevideo, que hizo por barco y luego por autobús, Lucas tuvo que dejar su carro en la dársena del terminal ya que no consiguió puesto.

Al llegar a Montevideo, Lucas se comunica con Guerra y quedan en verse más tarde, después de que él haga las diligencias bancarias a las que había venido. Por cierto, Lucas le hace saber de las mismas a Guerra.

Finalmente se encuentran. Guerra se presenta con su perro. Almuerzan y beben bastante. La joven le cuenta que se había separado del novio porque le había sido infiel con una amiga y que la amiga había quedado embarazada. Ella le dice que ella también lo está.

Lucas la escucha, la apoya. No logra convencerla de que vayan a un hotel donde él había reservado una habitación.

Deciden ir a una playa cercana y, teniendo relaciones sexuales, dos hombres los asaltan, golpean brutalmente a Lucas y le roban el dinero que había cambiado, unos 15.000 dólares. Lucas está desesperado. No sabe qué hacer. Quiere poner la denuncia en una comisaría cercana y le dice a Magalí que lo acompañe pero ella solo lo hace hasta la entrada pues aduce que tiene un compromiso de trabajo.

Lucas no puede dejar de preguntarse si Magalí estuvo involucrada en el robo.

Lucas, apesadumbrado, regresa a Buenos Aires, ideando qué decirle a Catalina. Amerita hospitalización por complicaciones de los golpes que le habían propinado.

Después que se recupera, Catalina le pide el divorcio. Efectivamente tenía más de un año en pareja con una mujer médico. Lucas se sorprende mucho pero lo acepta. Lucas se va a vivir solo y comparte el cuido de Maiko, quien reacciona con mucha madurez ante el rumbo de vida que tomaron sus padres.

A pesar de lo ocurrido, Lucas termina diciendo que ama a Catalina, que la amará siempre.

La uruguaya tiene varias intertextualidades, tanto de autores argentinos como Jorge Luis Borges (1899-1986), Julio Cortázar (1914-1984), como de autores uruguayos, Juana de Ibarbourou (1892-1979) y a Juan Carlos Onetti ((1909-1984).

Lucas también menciona al gran poeta francés Arthur Rimbaud (1854-1891). Un dato curioso es que para distraerse durante el viaje a Montevideo, Lucas había llevado una biografía de Rimbaud, que deja en la habitación de hotel donde pensaba estar con Magalí y a la cual no regresa. Así que la habitación solo había servido para guardar a Rimbaud.

Vale mencionar que en 2022 se estrenó la película La uruguaya basada en esta novela de Mairal.

 

 

Pedro Mairal


Escrita y publicada por Libia Kancev D.

Caracas, 6 de mayo de 2026. 

jueves, 23 de abril de 2026

Una cosa salvaje que conoce la muerte

 


Una cosa salvaje que conoce la muerte (2026), publicado por la editorial Alfaguara, es un libro de cuentos de la escritora colombiana Lina María Parra Ochoa (Medellín, 1986).

Está conformado por:

1.- El lento e imperceptible retiro de las aguas: narra la corta estadía de Afra, jueza promiscua municipal de Carepa. La jueza había venido desde Medellín como parte de la investigación de los asesinatos de  varias personas, entre ellas, de 3 amigos, Jorge, Laura y Cecilia. Al parece,  las mujeres habían sido violadas (más la directora del colegio). Afra habla de la sangre de sus amigos en sus manos. Aparte de éstos hubo más muertos asesinados por un grupo de guerrilleros por colaborar con los paramilitares. Ella lo supo pero no podía decirlo a costa de morir.

Afra sufría de asma y en Carepa tuvo crisis.

Afra estaba alojada en el pueblo y se fue prácticamente a escondidas después de regalarles unas prendas a dos mujeres del pueblo, Dona Celsa (que le aseaba la habitación) y Doña Minta, dueña de un local cercano.

Viajó  a Apartadó donde tomaría un avión a Medellín.

2.- Un cielo vacío: narra la historia de Iván que, a los dieciséis años, nadando, se le luxó el hombro izquierdo. Se trataba de una luxación recurrente después de un accidente en su infancia cuando, manejando bicicleta, es atropellado por un auto. Lo operaron pero no quedó bien.

Que le sucediera esto en el mar era muy peligroso pero trató de calmarse y de ver lo que más le fascinaba que era el cielo. Cuando decide regresar ve un punto negro que lo sigue hasta que no lo ve más. Llega a salvo a la orilla. Nunca olvidará al punto negro.

Había tres cosas que Iván quería ver: ser testigo de una inteligencia artificial (IA) sensible y autónoma; vida en otros planetas y vida inteligente en otros planetas.

Iván sigue creciendo. De adulto instala en su computadora un programa para detectar inteligencia extraterrestre.

Iván comparte sus intereses, la astronomía y el universo con su hija Lidia de 13 años. Un día iban en el carro y Lidia ve el punto negro e Iván también. El punto negro era la comprobación de que el cielo no estaba vacío. Esta conclusión la relaciona con la muerte, con un sitio no vacío.

3.- La sombra de la Torre: trata sobre una mujer llamada Catalina que de niña y adolescente era una gran creyente en Dios pero, ya de adulta ha dejado de creer, no quiere entrar a la iglesia (todo allí le parece falso). Dice ahora cree en ella, en su cuerpo, en sus amigos.

La pérdida de su fe tiene que ver con un hecho acaecido en la infancia con una tía monja que la cuidaba en las tardes después del colegio. Catalina está algo alejada de su familia pero no puede negarse a asistir a un almuerzo dominical familiar. Resulta que el evento se organizó para homenajear  a la tía monja que había pasado años en el exterior como misionera y estaba de regreso.

La tía monja ya no es joven. Se acerca a Catalina, conversan, la tía le pone una mano en un hombro. Catalina se retira del almuerzo sintiendo que se había liberado, en buena medida del daño que su tía le infringió que, pensamos, fue de naturaleza sexual.

“Es mejor mirar la oscuridad de frente, si le das la espalda te traga” (49).

4.- Mal de tierra: esta narración me ha parecido la más difícil de entender.  Unos hombres van a buscar a Luis (que se hallaba con su esposa e hijos en una subasta de reses). Se lo piden, por favor, pero él sabe que no puede negarse.

Luis sabe a dónde lo llevan. Conoce el camino. Es la casa que a él le mandaron a diseñar hacía dos años por orden de Don Jairo, el patrón. Un narcotraficante.

Al llegar “Luis puede ver en las baldosas del suelo un velo blanco nublando el mosaico colorido. Mal de tierra. El pudo olerlo desde el primer día que visitó el lugar. Si las sombras de la humedad se ven ya en las baldosas, la casa entera está condenada” (42).

Luis sabe lo difícil que es construir allí pero acepta por el dinero.

Don Jairo quiere que vea la caleta que Luis diseñó. Un lugar donde refugiarse sin ser encontrado por la policía cuando allanen su casa. Don Jairo le dice que allí huele mal, que escucha unos ruidos extraños, como rasguños. Le pide que averigüe qué está pasando. Luis debe pasar la noche en la caleta. Lo hace y nota todo lo dicho por Don Jairo. Piensa que es el mal de tierra. Algo que está dentro de la tierra.

Se habla de Luis como un hombre que quiso vivir de una manera sencilla, rural, con un campo de orquídeas y luego de otro Luis, un sobrino que lo visita en esas circunstancias y abandonado por sus hijos…

Por momentos he pensado que Luis se quedó en la caleta o que fue absorbido por el mal de tierra.

5.- La hermana ambidiestra: narra a Lina viajando en autobús con los restos de un tumor (imbuido en formol) que le sacaron tras una operación y que resultó ser los restos de una hermana gemela: un fetus in fetu que es una anomalía congénita muy rara donde un feto malformado queda encapsulado dentro del cuerpo de su gemelo sano.

Lo lleva a enterrar hacia el pueblo montañoso de Heliconia (Antioquia) que era el pueblo materno donde había vivido de niña. La madre se llamaba Soledad, siendo su abuelo Chepe Ochoa.

Lina describe una serie de sensaciones en relación a esa gemela que no pudo ser. Siente que se fusionan, también que son dos. Ella es diestra, y la hermana que no fue siniestra.

“Estas bestias han venido a ti. Tú las albergaras”.

Lars Horn

6.- La prueba del secreto: Iván y su esposa Soledad van de visita a la casa de los padres de ella. Iván era un hombre retraído, de poco hablar. En las noches se sentaba en el patio de la casa (Soledad lo acompañaba) para ver el Universo. Piensa en el grabado Flammarion acercándose al borde del Universo.

Iván ve a una polilla (una Ascalapha odorota. Polilla bruja negra). No le gustan. Dicen que anuncian cosas malas aunque él no cree en esas cosas. La polilla se posa en la entrada de la casa.

Los cuñados de Iván lo invitan a buscar, al día siguiente, por la noche,  una luz que dicen que aparece en un sendero (¿oro?). No está muy animado. Termina escavando una tierra donde ve la luz. De allí saca una pequeña forma en oro que parece ser una polilla. Al día siguiente, mientras Soledad descansa, se la ofrece a su suegra quien le dice que la guarde. La madre se queda mirando a Soledad y le dice a Iván que será para la niña que viene en camino.

Es decir, la polilla fue una premonición del embarazo de Soledad.

7.- El fuego en los pies: este texto hace mención a la adolescencia. Al fuego de la adolescencia. Menciona a diversas santas como Santa Rita de Casia, Santa Teresa de Ávila, Sor Juana Inés y a la santa alemana Hidelgarda de Bingen (1098-1179).

8.- El pensamiento en el puñal: relata la historia de Soledad, ingeniera electrónica y jefa de contratos en una empresa de su ramo.  Estaba casada y tenía una niña. Soledad tenía el propósito de adquirir una vivienda propia.

Soledad se había criado en el campo y sabía lo que era matar a una gallina, a un marrano con un puñal… Tiene un recuerdo de la infancia de un hombre que la quiso seducir. Habla de los mágicos que por el contexto en que es utilizado el término se refiere a personas que lideran negocios sucios con la obtención de grandes ganancias ilícitas.

Un día llegó por su trabajo un mágico (Don Jairo, el hombre que intentó seducirla de niña) que fue atendido por su jefe. Ella y el mágico se cruzaron y mantuvieron la mirada. En su oficina había dos compañeros que habían hecho negocios con Don Jairo, entre ellos, Egidio, un ex compañero de la universidad quien también conversó con él.

Ese día, Egidio la abordó en el supermercado. Se le acercó con sigilo y le entregó un sobre lleno de dinero proveniente de Don Jairo a cambio de que ella favoreciera a unos amigos suyos con un contrato. Soledad se enfureció, le dijo a Egidio que no le volviera a dirigir nunca más la palabra y recordó la vez que había matado a un marrano con un puñal.

Ampliando sobre la palabra “mágicos” en Colombia, Google aclara que se refiere a un contexto histórico del narcotráfico entre los años 70 y 80 para describir a los grandes capos y sus aliados que parecen tener poderes taumatúrgicos para transformar dinero en violencia o riquezas de forma inexplicable.

9.- La voz del animal: una mujer veterinaria viaja junto a un grupo de investigación desde Colombia  hasta New Hampshire (EE. UU). Su interés era el de escuchar el sonido tan singular de las aves llamadas colimbos cuyos ojos eran rojos. En especial, quería escuchar el sonido emitido por el colimbo común (Gavia immer).

Menciona una gran cantidad de películas norteamericanas donde se escuchan para generar un ambiente de miedo, de terror, etc.

Una noche, la mujer se mete en un lago cercano, se relaja y flota. Es rodeada primero por un colimbo (o loons  como ella dice) y luego por varios. Escuchó el sonido que emitían y eso pareció  darle paz, reencontrase a sí misma.

Colimbos: aves acuáticas buceadoras con las patas situadas muy atrás en el cuerpo los que las hace torpes en tierra. Usualmente tienen los ojos rojos. Son nativos del hemisferio norte, en especial de las latitudes altas. Emiten vocalizaciones icónicas, inquietantes y muy variadas como lamentos fantasmagóricos o aullidos esenciales para su comunicación en lagos del Norte.

10.- El peso sobre la cama: este relato cuenta la historia de un hombre (Carlos) que, en su infancia, cuando tenía 11 años, botó a su padre borracho, despilfarrador,  de la casa donde vivían. La madre lo aceptó.

Años después, el padre regresó, moribundo y el hijo lo deja entrar por caridad. A los pocos meses, el padre fallece y es donde se pone en evidencia los tenues recuerdos de Carlos cuando el padre entraba de noche en su cuarto y le decía que lo quería y se sentaba en el borde de la cama dejando una marca. Era la forma de Carlos de saber que su padre había estado allí. El hijo está claro que él también quería al padre y lo decía, se lo decía y que extrañaba la marca del peso sobre la cama.

11.- Por el camino recto: Sonia, la menor de tres hermanas, oficinista, liberada, salía con un hombre llamado Óscar que era bebedor y no trabajaba. Las hermanas, sobre todo la mayor, Virginia (Ginia) la aconsejaba que no estuviera con ese hombre, que no le convenía. Un día, Sonia le confiesa a Consuelo (la otra hermana) que está embarazada y Consuelo se lo hace saber a Ginia quien se enfurece más cuando se entera que Óscar no se quiere casar porque duda que el hijo sea suyo.

Virginia dice que sus padres: mamá Tina y papá Braulio no pueden enterarse.

Lo primero que piensa Virginia es en hacer un bebedizo para que Sonia aborte pero tanto Sonia como Consuelo se niegan. Como un flash a Virginia le pasa por la mente el pésimo destino que tendría su hermana si se casa con Óscar y el mismo sobrino no nacido.

Ginia le comenta a su esposo Chepe la situación y este toma el asunto en sus manos. A punta de pistola obliga a Óscar a casarse con Sonia pero eso no era suficiente para Virginia quien, en la misma iglesia, después del matrimonio le hace una brujería a Óscar, arrancándole unos cabellos del cráneo, para garantizar que ese matrimonio no dure más de tres meses.

12.- Un montón de plumas: un grupo de muchachos armados llegan a la casa de Diana que tenía una venta de huevos.

Los muchachos, ninguno mayor de 21 años, eran hijos de Yolanda, Gloria, Ligia y de otras más. Incluso, Diana había ayudado a traer al mundo a los hijos de Ligia hacía 15 años.

Los muchachos, dirigiéndose al patio, mataron a las 40 gallinas ponedoras de Diana. Su sustento, su modo de vida aunque ella no tenía permiso para vender huevos.

Los muchachos se retiraron. Diana estaba acongojada, se dirigió al jardín y limpió el desastre ocasionado. Se le quitó el hambre.

Al día siguiente, Diana se dirigió a casa de su prima Dora a ver si recobraba el apetito. De camino, pasó por la casa de Gloria donde se dio cuenta de que estaban haciendo un sancocho de gallina. Diana regresó a su casa.

Este cuento es el relato del mal sin sentido.  

13.- El borde de la herida: una joven recuerda la visita a la morgue de un hospital cuando estaba en el liceo. No todas las chicas quisieron entrar. Queda afectada, las otras también. Reflexiona sobre la muerte tomando como punto de referencia que el cadáver que habían visto, el de una anciana, tenía restos de pintura roja en las uñas de las manos. La narradora cuenta que su amiga Julia (con quien había compartido la experiencia, estudió medicina). Saca una reflexión sobre la vida y la muerte.

Los cuentos de Una cosa salvaje que conoce la muerte tienen un matiz psicológico, no obstante, está muy presente la vida sencilla, rural, familiar, también está presente el tema de la naturaleza, del cuerpo, de la muerte, de la memoria, de la política.

Es notorio que en los cuentos se repitan ciertos nombres como si algunos personajes formen parte de la familia (o sean gente conocida) de la autora.

Creo que vale la pena hacer un análisis de los textos El buen mal de Samanta Schweblin y Una cosa salvaje que conoce la muerte de Lina María Parra Ochoa. Establecer similitudes, diferencias y enmarcarlo dentro del contexto del cuento latinoamericano actual.

 

Lina María Parra Ochoa


Escrito y publicado por Libia Kancev D.

Caracas, 23 de abril de 2026.

 

 

 

 

 

 

 

martes, 21 de abril de 2026

El buen mal


“Los ojos jamás podrán ver lo que la mente desconoce”.

“Quizá no aprender del todo tus lecciones es lo que al final te mantiene vivo”. (101)

 

El buen mal (2025) es un libro de cuentos de la escritora argentina Samanta Schweblin (1978) quien, desde 2012, reside en Berlín.

El libro incluye:

1.- Bienvenida a la comunidad

2.- Un animal fabuloso

3.- William en la ventana

4.- El ojo en la garganta

5.- La mujer de la Atlántida y

6.- El Superior hace una visita.

Bienvenida a la comunidad: en lo personal, éste es el relato que me ha resultado más doloroso.  Se trata de una mujer que vive en una urbanización (¿rural?) con su esposo y sus dos niñas.

Una mañana la mujer intenta suicidarse ahogándose en un lago cercano después de haberse amarrado unas piedras alrededor de su cintura -aquí recordé a la gran escritora Virginia Woolf y su suicidio en el río Ouse, Inglaterra.

Después de estar unos minutos sumergida, piensa que las cosas no han resultado como las había planeado. Se pregunta “¿y si esto es todo? Dudar suspendida el resto de la eternidad: el primer miedo real que tuve este día. No ser capaz de avanzar ni de retroceder, nunca más, en ninguna dirección” (7). Se desata las piedras y vuelve a la superficie. Sale del lago, ve las cartas que había dejado y no sabe qué hacer con ellas y las deja en su mesita de noche.

Prepara el almuerzo.

Llegan el esposo y las niñas que regresan del colegio. Las niñas la abrazan. Una de ellas le pregunta si está contenta. No responde. Traen al conejo de la escuela llamado Tonel al que les toca cuidar por una semana. El esposo, muy indiferente con ella y siempre pendiente del teléfono dice que deben tener todo cerrado.

El marido y las niñas almuerzan. Está angustiada. No come. Se dice “soy una mujer anclada siempre en el mismo lugar” (9).

La mujer está muy deprimida. No le encuentra sentido a nada (esto lo escribo yo). Se preocupa por el efecto que su malestar puede tener en sus hijas.

Sale de la casa después de haber abierto una de las ventanas y al poco tiempo vienen las niñas diciendo que Tonel se ha perdido. Están llorosas. El marido molesto porque ella dejó la ventana abierta. No lo consiguen.

Al poco rato, se acerca un vecino con el conejo agarrado y lo devuelve.

El vecino, que hacía un tiempo había sido acusado de haber abusado de una mujer de la cual después no se sabe nada, le hace saber a ella que había visto su intento de suicidio y se lo recrimina. Ella luego, en la noche, se acerca a su casa. Se da cuenta que el hombre es cazador y que está despellejando unas liebres e intenta que ella aprenda. Ella ve que en una de sus muñecas tiene dos heridas transversales, es decir, el hombre había intentado suicidarse y ella le pregunta cómo hacer, cómo salir de esa situación. Él le dice que debe ser a través de la culpa, que al sentir culpa, no se matará.

Ella espera que él le diga más. Él le dice Bienvenida a la comunidad, es decir, se refiere a la comunidad de los suicidas.

Un animal fabuloso: relata la historia de unos padres arquitectos, Elena y Alberto que tenían un hijo, Pedro, a quien apodaban Peta.

El niño había muerto a los 7 años al caer de la cornisa de su casa. Veinte años después del hecho, Elena (que estaba en Buenos Aires) llama a Leila quien se hallaba en Francia. Leila había conocido a Peta a los 2, 4 y 7 años y le pregunta por su hijo, por lo que recordaba del fatídico día de su muerte. Elena le dice que ella se está muriendo.

Leila evoca que Peta le había dicho que él no quería ser arquitecto, que quería ser un caballo. Leila le dice o quiere decirle a Elena que abrace a un caballo.

La historia narra lo brutal que es para unos padres el fallecimiento de un hijo.

William en la ventana: una mujer viaja a Shanghái para un taller de escritores. Lo hace estando su esposo Andrés en tratamiento por un cáncer. La mujer escribe una novela que le cuesta trabajo. Conversa con su esposo a diario. Andrés es un hombre amable, sencillo, atento.

Por otro lado, la mujer comenta su temor de encontrarse a su esposo muerto algún día al despertar.  Al pensar en la muerte de él, piensa en la suya propia.

La mujer conoce a una escritora irlandesa de nombre Denise, de unos sesenta años, quien había tenido éxito con una primera novela.

Denise está casada con un hombre aparentemente zonzo y al que ya no parece amar de nombre Brian. Tienen un gato llamado William. Denise comenta que podría divorciarse pero que el gato es de Brian y que ella no puede vivir sin el gato.

Brian llama a Denise y le cuenta que el gato sufrió un envenenamiento y que estuvo a punto de morir lo que afecta mucho a Denise. Denise cuenta que el gato se posa en la ventana y que hace un ruido que no logra describir bien. Eso resulta muy  importante para ella.

La narradora también recuerda la significancia que tiene para ella la impronta de la mano de Andrés sobre la losa del baño cuando va a orinar. Algo casi imperceptible pero que ella ve. Parece que ambos actos son vitales para estas mujeres y también la forma de expresar el temor de que mueran sus parejas.

Al final, Brian le informa a Denise que William volvió a ser envenenado y había muerto.

La narradora decide volver inmediatamente a Buenos Aires.

El ojo en la garganta: este cuento relata lo que las vivencias duras o nefastas de un hijo pueden causar en una pareja. Es complicado, profundo, conmovedor, doloroso.

Un hombre de 27 años,  está a cargo de su hijo de 2 años (Elías) mientras hace una visita a su madre. Elías se traga algo que resulta ser una pila (de esas de calculadoras de bolsillo). El padre se desespera, llama a la madre y lo llevan al hospital y aunque le extraen la pila, su garganta queda irremediablemente dañada y lleva a que sea necesario hacerle una traqueostomía.

En uno de tantos viajes para el control médico de Elías, el padre se para en una estación de servicio cuyo dueño era un hombre llamado Morris (46) y, en un segundo en que la madre va al baño el niño se pierde. Los padres se vuelven como locos. Resulta que el niño estaba con la esposa del Morris –quien lo había encontrado- y lo tenía distrayéndolo mientras lo reclamaban.

Morris y su esposa no tenían hijos.

Después de este episodio y durante veinte años, alguien llamaba por las noches a la casa de la pareja. No hablaban y luego colgaban. El padre creía que era Morris que lo hacía como una forma de torturarlo por haber sido descuidado con su hijo.

Elías adoraba a su padre.

Mientras el niño crece, la pareja se va distanciando hasta que se separan. La mujer se muda con su hijo ya adolescente a la casa de sus padres y el hombre se queda en la casa, obsesionado con las llamadas telefónicas.

Un día, el padre se presenta a la estación de servicio e incrimina a Morris por las llamadas. Morris le explica que el día que Elías se había extraviado, le pidió que llamara al padre y le da el número de teléfono pero nadie contesta.

El niño crece, estudia, va a la universidad, es exitoso, se enamora. El padre enferma y en el momento de su fallecimiento, Elías está con él.  Introduce su dedo en el orificio de la traqueostomía que se había convertido como en su punto de conexión.

La mujer de la Atlántida: este relato une un pasado con un presente, demostrando la fuerza que pueden tener las relaciones humanas.

Dos hermanas (una de 10 años y la otra de trece) pasan vacaciones con sus padres en una zona playera de Montevideo.

Las niñas, algo aburridas, salen de noche de su cabaña para merodear por las casas y jardines de los alrededores. Por un viejo lector se enteran de que hay una mujer poeta que no sale de su casa y que tal vez estaría bueno que fueran a echarle un vistazo. El hombre les dice que la mujer ha intentado suicidarse. Se trataba de la señora Pitis.

La casa era un completo desorden, con acumulación de cosas, mucha basura y botellas de vino vacías. Las niñas se acercan a la mujer y le dicen que son la inspiración. Quieren estimularla para que vuelva a escribir y que no tome tanto (más tarde descubren que era el viejo lector quien le compraba la bebida).  Se ocupan de arreglar la casa y de asear a la señora Pitis, lavarle el pelo y otras cosas.

Un día, la señora Pitis escribe algunas cosas en un cuaderno y las niñas la llevan al mar. La señora Pitis se mete en la playa y la mayor la acompaña (deja a la menor con el cuaderno). Parecen disfrutar el mar pero de pronto una ola las envuelve y la niña mayor muere ahogada. Sólo sale del agua la señora Pitis.

Cuarenta años después la menor se ha hecho adulta y peluquera en Buenos Aires. Decide regresar a Atlántida y la señora Pitis se aparece por la peluquería sin decir palabra. La muchacha le lava el cabello cada 15 días, en silencio (como se lo lavaba su hermana). No sabe si la señora Pitis la reconoce.

La señora Pitis no vuelve y la mujer va hasta su casa.

El Superior hace una visita: este relato podría considerarse como una pésima experiencia después de un acto bondadoso y un final donde hay que darle gracias a Dios porque uno salió vivo.

Una mujer divorciada, de sesenta años, con una hija que con su primer salario se fue a vivir a otro continente y que no ha vuelto a visitarla, va a visitar a su madre con demencia al Instituto Graziano.

Realmente habla poco con ella porque la madre o come, o duerme. Ella aprovecha para leer.

Sentada en el Instituto ve a una mujer anciana que le pide unas monedas porque va a tomar el subterráneo. La mujer piensa que es una residente y que seguramente alguien la detendrá. La anciana toma el ascensor.

Cuando la mujer decide marcharse se encuentra a la anciana en el subterráneo y se monta en la misma estación que ella. De alguna manera se siente responsable de no haber avisado al Instituto. Le ofrece ir a su casa. Llama al Instituto pero la descripción que da de la anciana no parece corresponder a nadie fugado. Le dicen que mañana pueden enviar a una ambulancia.

Al poco rato suena el teléfono, es un tal Joel que le dice que cree que su madre está en su casa (resulta que la anciana tenía un localizador en una de sus sandalias que ella le había quitado para que estuviera más cómoda).

Joel (como de 45 años) dice que irá a buscar a su madre. La mujer se muestra aprensiva pero lo deja entrar. Se trata de un tipo musculoso que lleva un bolso y que le dice ser dueño de un gimnasio.

La anciana va al baño y luego se recuesta en la cama de su hija. La mujer encuentra a Joel también acostado allí  (ella lo había conservado intacto). Está incómoda y preocupada. El hombre le cuenta que su padre lo había abandonado a los siete años y que muchos años después lo vio y el padre no lo había reconocido. El hombre la amenaza, le pide dinero, joyas, tarjetas. La mujer cree que la violará, que la matará, de hecho escucha un disparo y duda si está viva o muerta.

Ante la presión del hombre sobre si algo le dolía: la mujer responde que de bebé le tenía odio a su hija pero que ahora la amaba pero que su hija le tenía rencor y que eso le dolía.

Joel le dice: que qué quiere que haga por ella. Ella no sabe qué decir y al final contesta que “arreglar la lámpara” de la sala que tiene tiempo descompuesta. El hombre se enfurece pues le parece que lo que la mujer dice es como menospreciarlo a él.

Pasan la noche. En la mañana la lámpara está arreglada. El hombre se despide después de robarla, de preparar el desayuno para los tres  y se va con la madre anciana.

Los cuentos del Buen mal son profundamente psicológicos y giran en torno de las personas y las relaciones familiares, en especial, parejas e hijos.

Los he leído y releído, aún así, no dudo en volver a leerlos.

 

Samanta Schweblin


Escrito y publicado por Libia Kancev D.

Caracas, 21 de abril de 2026.

 

viernes, 17 de abril de 2026

El viejo escritorio

 



El viejo escritorio (2023) es una novela de la escritora y traductora canadiense Aki Shimakazi (Japón, 1954).

Shimakazi se mudó a Canadá en 1981 cuando tenía 27 años. Escribe y publica sus novelas en francés desde 1991.

Acabo de terminar de leer El viejo escritorio y me ha parecido, simplemente, hermosa, dotada de un lenguaje literario sencillo, sereno y fluido.

Narra la historia de un hombre llamado Nobuki Niré (37), ingeniero civil, amante de la música clásica, en especial, la guitarra, que tocaba.

Nobuki estaba casado con Ayako, pianista, que se dedicaba a dar clases. Tenían dos hijas: Miyoko (10) y Namiko (9). Viven en Okayama, Japón.

Los padres de Nobuki vivían en una residencia para ancianos ya que la madre, Fujiko, padecía de Alzheimer. El padre (Tetsuo) no quería dejarla sola.

Fujiko era una mujer sensible, amante de la música clásica, del sonido de los pájaros y de las flores.

Nobuki vivía una vida tranquila, apacible junto a su mujer y sus hijas. No obstante, lo afectaba la enfermedad de su madre quien ya no lo reconocía y lo trataba de “señor”. Nobuki los visitaba con frecuencia.

Nobuki era el menor. Tenía una hermana mayor, Kyoko, que había muerto unos años antes de un tumor cerebral después de haber dado a luz y Anzu quien, después de un primer matrimonio, se divorcia casándose con el prometido de Kyoko, Yuji. Anzu adopta a Suzuko y Yuji a Toru hijo de Anzu.

En el inicio de la novela se narra que Nobuki va a comprar pintura para que sus hijas pinten sus escritorios para el inicio del año escolar. Uno de los escritorios era el que había utilizado Nobuki en su época de colegio. Ese escritorio tenía la gaveta del medio trabada desde hacía años.

Resulta que un día, Minoko le lleva a su padre una especie de cuaderno, de tapas azules, que había encontrado en la gaveta de su escritorio y que era lo que la tenía atascada.

El cuaderno resultó ser un diario que Fujiko empezó a escribir hacia los 65 años cuando se dio cuenta que se le estaban olvidando las cosas. Nobuki comienza a leerlo.

Por el diario, Nobuki descubre varias cosas, entre ellas, aspectos de la juventud de su madre que lo ayudan a mejorar la relación con ella y que constituye un alivio para ambos, también descubre que Tetsuo le había sido infiel a su madre durante un año pero, lo más impactante, fue que su madre había tenido una relación extramatrimonial de una noche con un hombre y de la cual se quedó embarazada, es decir que, Nobuko no era hijo biológico de Tetsuo. Nobuki queda muy impactado.

En el transcurso de ese año donde Nobuki tiene 37 años, Ayako queda embarazada de su tercer hijo, un varón, al cual él le escoge el nombre, Gakuto.

Por el diario y después de conversar con una amiga de su madre de la infancia llamada Tami (que tenía ochenta años, era dueña de una pescadería y apoyaba con el mantenimiento de un orfanato de la zona donde vivía), Nobuki se entera que su madre estuvo enamorada de un chico del colegio, unos años mayor, llamado Gaku-chan. Sabía que el hombre había estudiado música clásica. Suponemos que este hombre era el padre biológico de Nobuki.

El día que nace Gakuto, Fujiko y Tetsuo van al hospital para conocer al niño. Fujiko lo sostiene emocionada y lo llama “Nobuki”, es decir que se le parecía a su propio hijo de recién nacido.

Nobuki decide conversar con su padre sobre lo que había descubierto por el diario. Le dice que sabe que él no es su padre. Resulta que Tetsuo siempre lo supo y que aún así lo crió y educó con mucho amor.

El título de la novela viene dado por el hallazgo accidental del diario de Fujiko que le permitió a Nobuki conocer más de su madre. Nobuki se preguntaba por qué estaba guardado en su viejo escritorio (y que ahora pertenecía a su hija) y si sería que su madre lo había dejado allí con la esperanza que su hijo algún día lo encontrara y supiera la verdad sobre su nacimiento.

El viejo escritorio es una novela hermosa, como escribí antes, que pone en evidencia secretos familiares, el intenso impacto sobre la familia cuando algún miembro enferma gravemente. En este caso, la madre. Nobuki también aprende a través de su hermana Anzu y de la señora Tami que, en el caso del Alzheimer, lo más importante es la paz interior del paciente y la importancia de que se mantenga activo físicamente.

Me gustó mucho El viejo escritorio.

 


Aki Shimazaki


Escrito y publicado por Libia Kancev

Caracas, 17 de abril de 2026.

 

 

lunes, 13 de abril de 2026

Las pruebas de mi inocencia

 


Las pruebas de mi inocencia, publicada en español en 2026, es una novela del escritor británico Jonathan Coe (1961).

En este texto se mezclan varios géneros tales como la novela en sí misma, memorias, auto ficción.

La novela se desarrolla en Inglaterra en 2022.

La narradora principal es Phyl (23), una joven graduada universitaria que regresa a vivir con sus padres. Trabajaba en un restaurante de Sushi, estaba en una etapa de su vida en que no sabía qué quería hacer y piensa en escribir una novela.

Un día, va a la casa un amigo de su madre (Joanna, que regentaba una vicaría) a pasar unos días. El hombre, Christopher Swann (61) era amigo de Joanna desde la universidad  y, junto a Brian Collier, que había estudiado Medicina y que se había dedicado a la psiquiatría, habían mantenido una gran amistad. Los tres provenían de familia de clase media a baja.

Brian Collier había muerto en 2021 de cáncer pero había dejado unas memorias muy interesantes donde recreaba la vida universitaria que habían compartido y otros aspectos interesantes.

Christopher  era un hombre muy inteligente y llevaba un blog donde publicaba sus opiniones sobre la política inglesa, en especial, sobre el conservadurismo y los planes que sus partidarios tenían, por ejemplo, sobre  la Salud Pública que pretendían privatizar, cosa a la que Christopher se oponía rotundamente.

Christopher tenía planeado asistir a un congreso de conservadores buscando desenmascararlos.

Christopher era divorciado. Había vivido años en Estados Unidos y, junto a su ahora ex esposa (Elspeth) habían adoptado a una niña de Etiopía, de nombre Rashida, cuyos padres habían sido asesinados y que ya era una joven mujer y muy hermosa.

Durante la estadía de Christopher en la casa de Joanna y Andrew (el padre de Phyl), Rashida va a visitarlos. Rashida y Phyll establecen una buena relación que, con el tiempo, se transforma en una auténtica amistad.

Phyll construye una novela partiendo de la base de que Christopher es asesinado a puñaladas en el congreso al que había asistido, llegando a dejar una pista escrita sobre quién había sido su asesino.

La policía toma en sus manos la investigación quedando a cargo la inspectora Prudence Freeborne (64) que estaba a punto de ser jubilada. Era una mujer activa, dinámica, a la que le gustaba disfrutar de la buena comida y la bebida. Ella orienta el caso planteando que el móvil del asesinato de Christopher había sido de dinero, se centra en un hombre, Randolph Wetherby, descendiente, supuestamente, de una familia de la nobleza inglesa. Wetherby era el dueño del hotel donde se realizó el congreso de los conservadores. Era un adicto al juego y estaba en bancarrota por lo cual el hotel iba a cerrar sus puertas.

En paralelo, Phyll y Rashida, orientan su atención a un profesor inglés que daba clases en una universidad de Venecia llamado Ronald Wilkes, considerado un experto en la novelística de un escritor fallecido de nombre Peter Cockerill el cual no había tenido  éxito literario en vida. Por cierto, en algún lugar de Las pruebas de mi inocencia se menciona que Cockerill fue el creador de la literatura de auto ficción.

Se creía que Cockerill se había suicidado, cosa que había dejado escrita en su última novela llamada Mi inocencia.

El profesor Wilkes había sido invitado a última hora al congreso, en sustitución de otro ponente que no pudo asistir y al final, su charla tuvo que ser suspendida por el anuncio de la muerte de la reina Isabel II (1926-2022) que reinó desde 1952 hasta el 8 de septiembre de 2022.

Wilkes había sido el último en ver con vida a Christopher. Phyll y Rashida van tras la búsqueda de la última novela publicada de Cockerill (Mi inocencia) en la que decía que se iba a suicidar pero no había sido así, sino que descubren que esa parte del texto había sido modificada.

Peter Cockerill había sido un hombre tímido, taciturno, que tuvo una relación muy estrecha con su madre. Por otro lado, Cockerill siempre estuvo muy dolido por la falta de reconocimiento de sus novelas, las cuales, eran muy conservadoras y realistas.

Lo cierto es que Phyll y Rashida descubren que el profesor Wilkes había sido asesinado por Cockerill y que éste había tomado la identidad de Wilkes y se había dedicado a escribir ensayos y crítica literaria de su obra buscando que tuviera realce.

Resulta que Christopher lo había descubierto una noche que compartió con Wilkes (Cockerill) en el congreso y se lo hizo saber, por ello, Wilkes (Cockerill) lo asesina para que no lo delate, para que no se descubriera su impostura.

Wilkes (Cockerill) es apresado gracias al trabajo de Phyll y Rashida.

Tiempo después, Phyll y Rashida montan un restaurante juntas y Phyll publica su novela con relativo éxito.

La novela tiene como dos vertientes ya que tiempo después se descubre que Christopher había muerto, en realidad, en un accidente de tránsito cuando se dirigía al congreso de los conservadores.  De hecho, se describe que cuando iba hacia el congreso casi tiene un accidente al ser rebasado indebidamente por otro vehículo y cuentan que él se detiene para tranquilizarse un poco. Resulta que sí había habido un accidente y también un testigo que identificó al vehículo agresor el cual pertenecía a una mujer, que conocía a Christopher y que lo detestaba llamada Rebeca Wood, la cual tenía cuarenta años como secretaria de otro hombre llamado Roger Wagstaff, líder del grupo ultraconservador Procesuss, que quería llegar al poder a toda costa.  Christopher lo investigaba. 

Entendemos que la muerte de Christopher iba a ser estudiada a profundidad por la policía.

El trasfondo político inglés, en especial, el accionar de los conservadores queda expuesto en la novela. Nombres como el de Margarte Tatcher (1925-2013) , primera mujer en ser primera ministra  del Reino Unido (RU) y la que más tiempo a durado en el cargo en la época moderna (1979-1990); Boris Jonhson (1964), quien ejerció el cargo de 2019 al 2022;  Liz Truss (1975), también primera ministra durando aproximadamente 45 días en el cargo (tuvo que dimitir).

Por otra parte, se comenta la salida del RU de la Unión Europea, la relación entre Estados Unidos e Inglaterra y otros.

En Las pruebas de mi inocencia hay dos conceptos que nunca antes había escuchado nombrar y que llamaron mi atención. Uno es aposiopesis que viene a ser sinónimo de reticencia. Según Google, la aposiopesis es una figura retórica de omisión que consiste en interrumpir bruscamente un discurso, dejando una frase incompleta para sugerir lo que no se dice a menudo provocando suspenso, emoción o ironía. Habitualmente se marca con puntos suspensivos.

La otra palabra es anemoia, definida como la nostalgia o melancolía suave, por una época, lugar o evento que nunca se ha vivido o conocido personalmente. Es el anhelo por un pasado imaginado, a menudo provocado por películas, música o historias que hacen sentir que se encajaría mejor en otro tiempo. Se trata de un sentimiento fabricado. La palabra fue acuñada por Jhon Koenig en el Diccionario de las penas oscuras que condensa neologismos para emociones que no tienen nombre.

Una novela interesante.

 


                             

          Jonathan Coe


Escrito y publicado por Libia Kancev D.

Caracas, 13 de abril de 2026.


 

martes, 31 de marzo de 2026

Venecos

 


Venecos (2025) es un libro de relatos del escritor venezolano Rodrigo Blanco Calderón (1981) que hace unos años emigró del país.

Venecos está constituido por trece relatos en donde abundan temas que tienen que ver con el cine (norteamericano), con talleres literarios y la Escuela de Letras de la Universidad Central de Venezuela (UCV) como contexto donde se desarrollan ciertas historias.  Por cierto, Blanco Calderón impartió clases en esa Escuela; otros temas incluyen, el divorcio, la infertilidad masculina, el consumo de sustancias, la infidelidad, la situación política venezolana desde la llegada de Hugo Chávez al poder y el terrible tema migratorio.

Con anterioridad he leído relatos de Blanco Calderon (en alguna parte de mi casa deben estar dentro de tantos libros que tengo)  y siempre he pensado que es un buen escritor de relatos basados en la cotidianidad o en su cotidianidad.

También leí una de sus novelas, titulada Simpatía (2021) reseñada en este blog.  Simpatía forma parte de lo que se ha dado en llamar la literatura de la diáspora venezolana en el siglo XXI. En esa reseña planteé que Blanco Calderón escribía mejor relatos cortos que novelas.

Venecos no es un neologismo, como pensé inicialmente. Según Google, es un término coloquial utilizado sobre todo en Colombia y Perú para referirse a personas venezolanas, producto de la mezcla de venezolanos y colombianos y que, anteriormente, tenía un carácter despectivo pero que ha ido derivando o quisiera ser llevado por algunos hacia algo más cultural e identitario.

Aparte de los temas que antes señalé, también resalta la mención de muchos escritores, en especial, latinoamericanos y algunas novelas, tales como: Rayuela (1963) de Julio Cortázar, El Pozo (1939) de Juan Carlos Onetti, El Túnel  (1948) de  Ernesto Sábato. También se menciona El Extranjero (1942) de Albert Camus y al escritor albanés Ismaíl Kadaré, del que reseñé su novela El Palacio de los Sueños (1981) en este blog en 2024.

Este punto, el uso de la intertextualidad en Venecos, es algo en lo que quiero detenerme.

La intertextualidad, esa inclusión de autores o personajes de obras de otros autores en un texto determinado que permite establecer una interpretación o re interpretación, validando significados o creando nuevos.

La intertextualidad tiene, sin duda, su valor pero creo que su uso excesivo, como vemos en prácticamente la totalidad de los relatos que integran Venecos le puede generar y, de hecho le genera un peso al libro que no siempre resulta enriquecedor por mucho que tengamos un lector que conozca a los autores o textos señalados. El exceso de intertextualidad le resta fluidez a un texto, incluso, puede sumergir al lector en una confusión y en una pérdida de sentido del texto (cualquiera que sea ese sentido).

Mientras leía Venecos no podía dejar de pensar que había un abuso de la intertextualidad, además, una especie de pretensión de conferirle a los relatos como un carácter “muy intelectual” y que ello podría alejar al texto del lector y viceversa.

Dentro de los relatos que me gustaron puedo mencionar: Una vida distinta, Café Rostand y Leer y escribir.

Una vida distinta muestra la expresión de lo extraña y contradictoria que puede ser una amistad malsana.

Café Rostand trata sobre un grupo de jurados que se reúnen para la escogencia de un cuento ganador de un concurso. Uno de ellos, un crítico literario, ya mayor y alcohólico, dice cuál debe ser el cuento ganador. Los otros jurados no lo conocen y el crítico dice que se los va a contar y narra un relato que, al final, es absolutamente autobiográfico. Café Rostand es la inclusión de la literatura dentro de la literatura. Incluso, me atrevo a señalar que lo narrado por el crítico es mucho mejor que la globalidad del relato. Es en ese cuento donde se menciona a Kadaré, cuya alusión  me parece irrelevante.  

Leer y escribir, es un cuento interesante y bien estructurado sobre eso, leer y escribir.

Pienso que leer Venecos nos sirve para hacer algunos análisis pertinentes sobre aspectos de la literatura.

 


Rodrigo Blanco Calderón


Escrito y publicado por Libia Kancev D.

Caracas, 31 de marzo de 2026.