“Escribo enteramente para
descubrir lo que estoy pensando, lo que veo y lo que significa, lo que quiero y
lo que temo”.
“Los recuerdos se borran, la
memoria se adapta, la memoria se ajusta a lo que creemos recordar” (20).
“Y lo poco que aprecié los
momentos cuando los tuve delante es otra cosa que ya no me puedo permitir ver”
(41).
Hasta hace poco, leer o
escuchar el nombre de Joan Didion (EE. UU. 1934 – 2021) me traía al pensamiento
la expresión Nuevo Periodismo. Pienso que debo haber leído algo sobre esa
frase en alguna guía o algún texto de mi
hija María Victoria cuando estudiaba Comunicación Social en la Universidad
Central de Venezuela.
Resulta que Joan Didion,
escritora y periodista, fue una de las máximas figuras del Nuevo Periodismo
estadounidense de las décadas de 1960 y 1970. Transformó la no ficción al
fusionar técnicas literarias propias de la novela con un rigor de observación
implacable, explorando el desmoronamiento social y cultural de Estados Unidos
con un estilo minimalista, clínico y profundamente personal.
Hace días, leí algo sobre
Didion que hacía mención sobre unas memorias suyas titulada El año del pensamiento mágico (2005) y
decidí buscarla pero no la he encontrado aún. Conseguí otros textos suyos,
entre ellos, Noches azules (2011) que
decido leer.
Más que una novela, Noches azules parece una memoria o
ensayo personal. Está escrita en primera persona y es claramente autobiográfica. Didion tiene una forma
particular de escribir. Por una parte, bastante directa, por otra, algo
fragmentada, con reiteraciones y con latigazos de literariedad.
Noches
azules inicia haciendo mención al solsticio de verano,
caracterizado por días largos y noches cortas (usualmente se suceden en junio)
que observaba Didion en Nueva York pero no en California de donde la autora es
originaria. Relaciona esos días como “días iluminados” (y entusiastas) pero, ve
su finalización como sinónimo de aparición de enfermedades y la llegada de la
vejez.
En esencia, Noches azules trata sobre la llegada de
su hija adoptiva (1966) a la que ella y su esposo le ponen el nombre de
Quintana Roo. Le dejan saber, desde pequeña, que era adoptada, situación que,
en lo personal, me pareció innecesario.
Quintana fue una niña y
adolescente muy singular. Era muy libre y creativa. También pasaba por períodos
de depresión. En algunos momentos, pienso que padece de enfermedad bipolar.
Estudia en la Universidad y
luego trabaja en una agencia fotográfica. Se casa. Ya de más adulta, recibe una carta de una joven que
le dice que es su hermana. Llega a
conocer a otro hermano y a su madre biológica. Hacia los 32 años sufre una
hemorragia cerebral que la hace permanecer muchos meses en diversas unidades de
terapia intensiva hasta que fallece.
Didion nos habla de su dolor
por la pérdida de su hija. Se alimenta de sus recuerdos, de sus experiencias
con ella, de su ropa, sus fotos.
Otro elemento importante que
Didion introduce es sobre su vejez, su miedo a la soledad, a las enfermedades,
a la muerte.
Noches
azules es un texto bastante intimista y doloroso.
Escrito y publicado por Libia Kancev D.
Caracas, 14 de agosto de 2026.


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