martes, 30 de julio de 2019

La literatura de Leonardo Padura Fuentes




Leonardo Padura Fuentes



La lectura, casi en seguidilla de Pasado perfecto (1991), Vientos de cuaresma (1994), Máscaras (1997), Paisaje de otoño (1998), Adiós, Hemingway (2001), La Neblina del ayer (2005), La Novela de mi vida (2002), La Transparencia del tiempo (2018) y Herejes (2013) del escritor cubano Leonardo Padura Fuentes (1955) ha constituido toda una experiencia literaria para mí.

Padura es muy buen  escritor. La frase anterior puede parecer retórica, pero no, no se trata de retórica sino de una verdad insoslayable pues su literatura goza  de inteligencia, coherencia, produce un interés persistente durante toda la lectura y, otro aspecto muy importante, conocimiento que, independientemente del grado ficcional que contienen estas obras, sabemos que hay elementos de realidad que, literalmente,  pueden helarte la sangre (punto del que hablaré más adelante).

Padura ha sido clasificado como un escritor de novela negra y, es cierto, todo lo que he leído de él es novela negra, hasta La Novela de mi vida que, en paralelo, narra la vida del llamado Poeta Nacional de Cuba, el gran José María Heredia y la vida de Fernando Terry, un cubano que optó por exiliarse y que luego regresó a Cuba con el fin de dilucidar ciertos aspectos de su vida que lo atormentaban y buscar la “novela de la vida” de Heredia que no encuentra pero que, simultáneamente sí pues la conocemos a través de esta gran experiencia de lectura.

Es interesante recordar que la novela negra latinoamericana tiene, entre sus características, el hecho de ser una fuente de denuncia y Padura lo hace de una manera que me impresiona como “natural”, lo cual quiere decir que lo que denuncia es imposible de no denunciar porque forma parte de su vida. Padura ha vivido toda su vida en Cuba, aunque España le concedió la nacionalidad española, sin embargo, el también autor de El hombre que amaba a los perros (2009) declaró, en una entrevista, que necesitaba estar en Cuba para poder escribir.

Ahora no puedo afirmar que leí El Hombre que amaba a los perros que, pienso, es la novela que me hizo conocido a Padura. Sé que la compré (cuando se podían comprar libros en Venezuela), de qué trata en general y que la obsequié a un cuñado atraído por la literatura, así que, desde ya pienso en su rescate puesto que mi cuñado se fue a vivir a Madrid y no creo que se la haya llevado.

Como sabemos, Padura es el creador del personaje detectivesco Mario Conde. Se trata de un hombre inteligente, de grandes intuiciones y premoniciones, con un sólido concepto de la amistad, bebedor y fumador empedernido, con un deseo que, hasta las novelas ya mencionadas, no ha podido lograr, como lo es dedicarse a la escritura, (escribir un “relato escuálido y conmovedor”), vivir en una casita frente al mar y pescar.

En la novela Paisaje de otoño, Conde se retira de su trabajo como policía, trabajo ejercido con grandes logros, en las subsiguientes novelas es buscado para ayudar en la resolución de casos como en Adiós, Hemingway, La Neblina del ayer, en La Transparencia del tiempo y en Herejes, es decir que, Conde es un detective por naturaleza y de pronto pienso si esa característica no tiene mucho que ver con el gusto por la lectura y la escritura. Posterior al trabajo policial, Conde se dedica al negocio de  búsqueda y compra- venta de libros.

Hay un tema dentro de las novelas de Padura que es imposible pasar por alto y más dentro de mi condición de venezolana que vive en Venezuela. La escritura de Padura, aparte de los hechos detectivescos medulares que relata, también hace referencia, en muchas ocasiones, a cómo es la vida en Cuba. Entre ellos, señala la cuestión de las dificultades de alimentación del cubano común (sustentado por la llamada tarjeta de alimentación); la decadencia de las casas y edificaciones, el tema de la migración, no sólo de los cubanos que salieron de Cuba con la llegada al poder de Fidel Castro en 1959 sino los que han salido después arriesgando fuertemente sus vidas: la corrupción y, al fin y al cabo del tema del socialismo que, en definitiva, parece ser una gran farsa de vida. Una vida triste…

Padura, hace decir a Conde sobre su pertenencia (y la de sus amigos) a la llamada “generación engañada”. La generación engañada hace referencia a aquella generación de cubanos que no pudieron ser lo que deseaban sino lo que se supone que debían ser según las necesidades del país, obligándolos a responder a una supuesta necesidad histórica.

Muchas de las cosas que narra Conde ya han sucedido en Venezuela. Ojalá podamos, más temprano que tarde escapar de ese destino que la literatura de Padura muestra.
Leonardo Padura ha obtenido diversos premios, entre ellos, el Hammett en dos ocasiones, en 1998 y en el 2006. Dicho premio, es otorgado a la mejor novela policial escrita en español.


Escrito y publicado por Libia Kancev.

Caracas, 29 de julio de 2019

martes, 3 de enero de 2017

Tieta de Agreste

“De amor no se muere, se vive”

Desde hace tiempo tengo el hábito de seleccionar una novela para leer en el mes de diciembre. Una novela que me hiciese compañía con el frío y cierta soledad  que experimento en ese mes. En 2016 la novela escogida, mientras limpiaba una de mis bibliotecas, fue Tieta de Agreste (1976-77) del escritor brasileño Jorge Amado (1912-2001).

Tieta de Agreste no me resultaba un texto desconocido. Su título trajo a mi memoria el nombre de Sônia Braga (1950) la excelente y muy sensual actriz brasileña que no sólo protagonizó la novela sino la película del mismo nombre. No obstante, mis recuerdos eran fragmentarios.

Tieta de Agreste trata sobre una mujer, Tieta, que durante su adolescencia había sido expulsada de su pueblo (Agreste) por su padre en vista de que, desde muy joven, mostró signos de una vida libertina. Veintisiete años después, Tieta, quien siempre se mantuvo pendiente de su padre y hermanas, ayudándoles económicamente, regresa a Agreste para visitarlos y comprar una casa donde pasar su vejez cuando llegara.

Su regreso constituyó  todo un acontecimiento para el pueblo. Vino acompañada de una supuesta hijastra (Leonora). También era supuesto el hecho de que se había quedado viuda de un hombre rico llamado Felipe Cantarelli.

La estancia de Tieta en Agreste estuvo preñada de múltiples sucesos: regalos para todos los parientes y amigos, adquisición de dos casas: una en Agreste y otra en la localidad cercana de Mangue Seco-zona playera de exquisita belleza. También por la relación de amante que establece con su sobrino mayor (de 17 años) llamado Ricardo quien era seminarista.

Leonora, la hijastra, se enamora del secretario del Ayuntamiento de Agreste, Ascanio Trindade quien era un joven pobre pero muy emprendedor, romántico y deseoso del progreso de Agreste.

En fin, Tieta era considerada casi una santa al lado de la verdadera Santa Ana de Agreste. El envío de un telegrama a Sao Paulo fue suficiente para que a Agreste se le instalara luz eléctrica.

Gran parte de la narración gira alrededor del hecho de que una compañía, llamada la Brastanio,  productora de dióxido de titanio, rechazada de muchos lugares por su carácter contaminante, quería, mediante actos de corrupción, instalarse en Agreste, específicamente en el cocotal de Mangue Seco. Se genera así, diversas historias sobre  herederos del cocotal, pugnas entre ciertas personalidades de Agreste y Ascanio. Este último fue seducido por la Brastanio para que, una vez electo como Alcalde, expropiara las tierras del cocotal.

Finalmente la Brastanio, por el rechazo del pueblo de Agreste, no se instala allí. Leonora, arrebatada de amor por Ascanio le confiesa que ella no es hijastra de Tieta, sino prostituta; que Tieta no era ninguna viuda de Felipe Cantarelli sino dueña de una famosa casa de prostitutas en Sao Paulo. Ascanio se vuelve como loco y rechaza a Leonora y grita, a todo pulmón, la verdad.

De un momento a otro, Tieta deja de ser considerada una santa. Decide regresar con  Leonora, abruptamente,  a Sao Paulo.

Tieta de Agreste  es una historia bastante atemporal, es decir, que podría ambientarse en cualquier tiempo. Los temas del interés por el dinero, del poder, de la corrupción, de la sexualidad como tema primario del ser humano, son centrales. Mientras leía a Tieta  recordé a Doña Bárbara, también a Cien años de soledad.

Hay un elemento particularmente llamativo en Tieta de… Se trata de la participación del autor dentro del texto. Recordemos que hoy en día se ha puesto en duda la existencia del autor, incluso se habla de la “muerte” del autor.

Amado se involucra, bajo un supuesto manto de objetividad, haciendo referencia a los señalamientos del crítico de la novela y fijando posiciones sobre diversos tópicos mostrando su carácter socialista. Es notorio en este texto que somos conducidos por el autor.

Texto citado

Amado, Jorge. 1991. Tieta de Agreste. Barcelona. España. Editorial Plaza & Janes Editores, S. A.


Escrito y publicado por Libia Kancev.


Caracas, 3 de enero de 2017.

sábado, 3 de diciembre de 2016

Un chispazo: La obra maestra desconocida de H. de Balzac

A Gabriela Kizer


La llegada a nuestras manos de algún texto literario –con independencia de su género – puede darse por diversos caminos.

Hace un tiempo, escuchando una clase de una experimentada profesora de la Escuela de Artes de la Universidad Central de Venezuela (UCV) de Introducción a la literatura, motivada, en esencia, por saber cuáles eran sus planteamientos sobre la poesía y el cuento, hizo mención a una novela corta del gran Honoré de Balzac (1799-1850) intitulada La obra maestra desconocida. Ese hecho, esa sola referencia me hizo buscarla y leerla.

La obra maestra…trata sobre el encuentro de tres pintores que, según entendemos, al menos dos de ellos existieron en la vida real: Françoise Porbus (1569-1622) y Nicolás Poussin (1594-1665). El tercero, un anciano ya, también era maestro de pintura, discípulo de Mabuse, cuyo nombre real fue Jan Gossart (1478-1532). El punto central se refiere a la naturaleza del arte de pintar, a la naturaleza del arte en general exponiendo que dicha naturaleza puede rayar con los límites de la locura al querer insuflarle a la obra de arte toda el alma del pintor. Casi como plantear que el artista y, toda su vida, debe darse por entero a su obra de tal manera que, literalmente, la haga viva, que, al verla, no tenga una apariencia de vida sino la vida misma.

Tenemos un texto ambientado a finales de 1612, en París. Se presenta un encuentro entre Frenhofer (el maestro), Porbus y Poussin que a la sazón tendría unos dieciocho años. Frenhofer critica una obra de Porbus aduciendo que le falta vida y que solo él sabe cómo infundírsela a la María Egipciaca de Porbus que también había pintado un retrato de Enrique IV y al que María de Médicis había dejado por Rubens. A Poussin, que apenas iniciaba su carrera como pintor, le parecía extraordinaria pero Frenhofer les dice que no es así.

Afirma Frenhofer
Tu buena mujer no está mal hecha, pero no tiene vida. ¡Ustedes creen haber hecho todo en cuanto han dibujado correctamente una figura y puesto cada cosa en su sitio según las leyes de la anatomía! [con ello] creen haber copiado la naturaleza, creen ser pintores y haber robado su secreto a Dios!...¡Prrr! ¡Para ser un gran poeta no basta conocer a fondo la sintaxis y no cometer errores de lenguaje! Mira tú santa Porbus. A primera vista parece admirable; pero en una segunda ojeada se percibe que está pegada al fondo de la tela y que no se podría rodear su cuerpo…es una imagen incapaz de volverse o de cambiar de posición: faltan el espacio y la profundidad… (10).

Por otra parte, Poussin tenía una hermosa amante, Gillette, en verdad la amaba y ella a él. Poussin le pide posar para Frenhofer y Gillette dilucida que esto podría poner en riesgo su amor a pesar de lo cual, dolida, accede.

Por otro lado, Frenhofer, tenía más de diez años pintando un retrato de mujer, la Belle Noiseuse a la que le había puesto el nombre de Catherine Lescault. Nadie había visto la pintura. Según las palabras muy excitadas de Frenhofer era un ser vivo, su propia mujer, su amante. Se plantea la posibilidad de que Gillette pudiera ser más hermosa que el retrato. Porbus y Poussin quieren ver el retrato de Frenhofer. Este accede después de haber visto a Gillette convencido de que “su mujer” es perfecta y de que ahora sí puede mostrarlo. En una mirada inicial, ni Porbus ni Poussin ven nada en el lienzo, luego

-Estamos en un error, ¡mire!... –continuó Porbus. Al acercarse percibieron, en una esquina del lienzo, el extremo de un pie desnudo que salía de ese caos de colores, de matices indecisos, de aquella especie de bruma sin forma; un pie delicioso, ¡un pie vivo! Quedaron petrificados de admiración ante ese fragmento librado de una increíble, de una lenta y progresiva destrucción. Aquel pie aparecía allí como el torso de alguna Venus de mármol de Paros que surgiera entre los escombros de una ciudad incendiada. -¡Hay una mujer ahí debajo! –exclamó Porbus señalando a Poussin las capas de colores que el viejo pintor había superpuesto sucesivamente, creyendo perfeccionar su obra. Los dos pintores se volvieron espontáneamente hacia Frenhofer, empezando a comprender, aunque vagamente, el éxtasis en que vivía. –Lo ha hecho de buena fe – dijo Porbus. –Sí amigo mío –respondió el anciano, desvelándose- hace falta la fe, fe en el arte, y vivir durante mucho tiempo con la propia obra, para poder realizar semejante creación (38-39).

Al final, Frenhofer, ante esa vida entregada al arte rozando la utopía del “arte vivo” se suicida no sin antes incendiar todos los maravillosos cuadros que tenía en su taller.

La obra maestra…está sustentada en elucubraciones estéticas y mitológicas para explicar la concepción del arte de Balzac, el cual pone en boca de Frenhofer diversas consideraciones sobre la belleza y la pintura aunadas al recurso de la mitología, entre las que se encuentran la mención de Proteo, de Pigmalión, de Orfeo y otras.

Retomando lo expuesto en los dos primeros párrafos de este escrito, agrego que la profesora Kizer, la experimentada profesora a la que me referí,  también hizo alusión a un texto de Carl Gustav Jung titulado “El poeta” que nos permitiría explicar la “personalidad como hombre” y la “personalidad como artista” del personaje de Frenhofer.

No dejo de pensar que si bien fue un azar que escuchara aquella clase, no creo que haya sido producto del azar el hecho de que buscara estos textos, mencionados colateralmente en una clase de Introducción a la literatura, un día cualquiera de este año 2016 en un aula de nuestra querida UCV y que ahora cientos de interrogantes sobre los temas expuestos pululen en mi mente. Creo que esa es la finalidad de la literatura.


Texto citado


Balzac. Honorato de. La obra maestra desconocida. Ediciones del Sur. Córdova. Argentina. 2005. Pp. 6-41.



Escrito y publicado por Libia Kancev.


Caracas, 3 de diciembre de 2016.

jueves, 10 de noviembre de 2016

El discreto enemigo


“Sabía, sin embargo, que no estaba muerto del todo, nunca nada lo está, aún lo que nos parece más alejado de la vida, en la piedra, en la podredumbre, habita una vida parasitaria que carcome y se transforma” (74).

La editorial Madera Fina ha reeditado, en septiembre de este año, la novela El discreto enemigo del escritor Rubi Guerra (San Tomé, Anzoátegui, 1958) cuya primera edición data del 2001 por la editorial Planeta Venezolana. Esta nueva edición ha pasado de contener 8 capítulos a diez y ha sido revisada y corregida por el autor.

Guerra ha escrito novelas, cuentos y ensayos siendo galardonado con los premios Rufino Blanco Fombona de novela breve en 2007 y con el Premio de Narrativa Salvador Garmendia en 2010.

El discreto enemigo es una novela que podemos inscribir dentro del género negro, el cual ha ido aumentando en los últimos años en nuestro país, aún así, Guerra ha afirmado que la novela no sería tan tradicional de este género y que pudiera estar más cercana “a la novela existencial, psicológica o con aspectos metaficcionales” La novela negra tiende a florecer en el marco de las crisis políticas, económicas y sociales. La novela de Guerra pone en la palestra una serie de problemas de orden delictivo, económico y social, además de un endeble aparato judicial que se presta para contribuir y sostener lo criminal.

El periodista Medina, protagonista narrador de El discreto enemigo llega al pueblo de La Laguna con la finalidad de escribir una crónica turística y así obtener un medio para su manutención. De su mano transitamos por un pueblo, ubicado en el oriente venezolano, presa de la decadencia por una sequía prologada y la disminución de su principal actividad económica, la pesca, aunado ello al tráfico de drogas lo cual cuenta con la complicidad generalizada del pueblo regido por un hombre cuya familia siempre lo dominó a su antojo.

Guerra recrea el crimen de una joven, María, siendo considerado Medina como sospechoso de esta muerte. En realidad “El crimen hiede en cada esquina, pero hay cosas de las que no se hablan” tal y como afirma el periodista Humberto Sánchez. La novela plantea, a través de una sucesión de historias, las cuales de por sí podrían constituir novelas cortas independientes, un manejo del tiempo poco común que nos lleva de un presente a un pasado y viceversa y que expresa la solidez de este autor al narrar historias que se distribuyen como redes concatenadas  y que, a su vez, permiten mantener el hilo conductor.

El discreto enemigo consta de diez capítulos intercalados con capítulos con nombres propios en donde se penetran historias que le dan mayor intensidad.


Escrito y publicado por Libia Kancev.



Caracas, 10 de Noviembre de 2016.



martes, 24 de mayo de 2016

Pedro y Juan de Guy de Maupassant

Guy de Maupassant 









“Es cierto que no siempre se es dueño de sí mismo, y que a veces se sufren emociones espontáneas y persistentes contra las que es inútil luchar”.

Guy de Maupassant  (1850-1893) fue un excelente y prolífico escritor de cuentos. También escribió novelas y relatos de viajes aparte de artículos periodísticos.
En estos días me topé con su novela Pedro y Juan (1888) considerada una de las mejores del escritor francés.
Pedro y Juan relata una historia relativamente sencilla: una familia constituía por los padres y sus dos hijos: Pedro, el mayor, médico y Juan, abogado. La novela está ambientada en París. Un día reciben la noticia de que un amigo de la familia Roland, el señor Maréchal había fallecido y que le había dejado toda su herencia  a Juan. Este hecho, aparentemente inexplicable pero muy bien recibido por Juan y sus padres empieza a hacer estragos en Pedro. En conversaciones con algunas personas le hacen ver que posiblemente el fallecido era el verdadero padre de Juan. Ello genera en Pedro todo un drama emocional ante la posibilidad de que su madre le haya sido infiel a su padre. Al final resulta que, efectivamente, el único y verdadero amor de su madre había sido el Sr. Maréchal. Pedro  pasa un tiempo atormentado con la idea hasta que se lo dice a Juan a quien la noticia no le resulta muy sorprendente ante lo “simple” que era el Sr. Roland y la jugosa cantidad de dinero que recibiría y que le permitiría llevar una vida llena de comodidades.
La trama se resuelve de una forma increíblemente simple, Juan hace diligencias para que su hermano mayor se embarque como médico en un transatlántico, el Lorraine (Pedro accede) como forma de alejarlo de la casa y que así Pedro no siguiera lastimando a su madre por su infidelidad.
La novela me sorprendió pues, al haber leído muchos cuentos de Maupassant y, de alguna manera, estar acostumbrada a la excelencia de los mismos, pienso que me esperaba una novela más “desarrollada” y de mayor profundidad.
El Sr. Roland quedó como lo que aparentemente era: un hombre simple y bonachón que no era tomado en cuenta para nada; la madre como la víctima de Pedro sin que se diera ningún elemento de reflexión por parte de la misma; Juan, a quien no le importó ser hijo de otro hombre y no del que lo había criado. Para Juan el dinero era primordial. Pienso que el mejor personaje es el de Pedro quien decide marcharse al comprender que no podría vivir bajo el mismo techo de sus padres sabiendo lo que sabía.

No pude evitar el pensamiento de que los escritores tienen sus capacidades. Está claro que el cuento y la novela, aunque son géneros  narrativos, tienen diferencias evidentes. Posiblemente haya pocos escritores que puedan  escribir buenos cuentos y buenas novelas.

Escrito y publicado por Libia Kancev.

Caracas, 24 de mayo de 2016.

jueves, 28 de abril de 2016

Muerte de un viajante


imagen de Muerte de un viajante


Circunstancias que no vienen a cuento me llevaron a la lectura de la obra dramática Muerte de un viajante (1949) de Arthur Miller (1915-2005).

Por cierto, pienso que no debe ser sencilla de representar en el teatro en la medida que el protagonista principal presenta muchos recuerdos y tiene alucinaciones, lo que implica "viajar" hacia otros espacios de tiempo  o "retroceder en el tiempo" que ameritan que sean expresados.

Su representación cinematográfica, al parecer fue muy exitosa. 

Esta obra trata de un vendedor que lo hacía viajando por diferentes ciudades de Estados Unidos. Tenía a su esposa Linda y a dos hijos ya adultos Biff y Happy.

Es de hacer notar que Willy Loman (el vendedor), ya sesentón, ya no estaba en condiciones de viajar. El último intento de salida había culminado con un retorno a su casa por haberse sentido mal mientras manejaba. Linda le insistía para que hablara en el trabajo y lo dejaran fijo en la ciudad.

Willy Loman era un hombre que vivía mucho de las apariencias y del creer que la primera impresión y ciertas actitudes eran suficientes para caerle bien a la gente y “triunfar” en la vida. Esa visión se la había transmitido a sus hijos. Ninguno de los dos había llegado a estudios superiores y tenían trabajos inestables y mediocres.

Willy se creía un hombre muy popular y poseedor de gran cantidad de amigos.

Para el primer acto de los dos con que cuenta Muerte de un viajante  (y un réquiem), Biff y Happy, quienes ya contaban con 34 y 32 años, respectivamente, estaban en casa de sus padres, después de haber tenido cierto período de ausencia. Se dan cuenta que su padre tiene trastornos de la memoria, imbuido en inventos y recuerdos del pasado, en especial, cuando sus hijos eran adolescentes.

Al parecer Biff, cuando estaba en bachillerato, tenía fuertes posibilidades de entrar en alguna universidad porque poseía grandes habilidades para el fútbol americano pero, lamentablemente no pudo graduarse de bachiller y eso truncó su futuro. El día que fue reprobado en matemática viajó a Boston (donde se encontraba su padre) para pedirle que hablara en el colegio y pudiera graduarse. Resulta que encontró a su padre con una mujer y se sintió muy decepcionado de él. Desde ese día le guardó mucho rencor.

Linda les reclama a sus hijos su abandono y les comenta que Willy había intentado suicidarse. Biff idea montar un negocio con su hermano, para lo cual pediría un préstamo a un ex jefe que había tenido. Esta idea entusiasmó mucho a Willy quien lo vio como el inicio del camino del éxito de sus hijos. Willy pensaba y hablaba como si el negocio ya era un hecho.

Por otra parte, Willy va a hablar con su jefe para pedirle trabajo fijo en la ciudad y este aprovecha para despedirlo sin ninguna consideración.

A Biff no le fue nada bien con el ex jefe quien ni siquiera lo recibió, Biff se robó su estilográfica (resulta que tenía antecedentes de otros robos menores y por el anterior había estado preso). Biff intentó explicarle a su padre lo sucedido pero este no “quería” entender la realidad de su situación.

Todo lo anterior hizo que Biff reflexionara sobre su vida y la falsedad en la que habían vivido todos. Decide irse y no regresar jamás. Se lo comunica a sus padres y a Happy. Willy piensa que su hijo lo odia.

Al final, Willy, quien también padecía alucinaciones (veía y hablaba con su hermano Ben fallecido años atrás) se suicida. Al funeral sólo asistieron Linda, los hijos y unos vecinos, Charley y Bernard.


Como toda obra dramática o toda manifestación artística en general, esta obra es susceptible de múltiples interpretaciones, en cualquier caso, es una obra interesante que demuestra lo que puede ser la debilidad de las convicciones de una familia y el daño de las falsas expectativas.

Escrito y publicado por Libia Kancev.


Caracas, 28 de abril de 2016.

domingo, 6 de marzo de 2016

Una pintura, un poema

Otoño, (1573) de Giuseppe Arcimboldi 



A mitad del sendero
mí corazón une fuerzas
                         [¿echar el resto?

Los cabellos blancos exigen color
                                        [¡artificios!
El hombre de la Historia del cerco de Lisboa

No conozco Lisboa
Sólo el libro enmarañado de Saramago

A mitad del camino
la antesala del fin recorre certezas
la vejez, la muerte
se exhiben en tenues nebulosas
cada vez más claras

Quiero detenerme y desandar
esa imposibilidad que es la vida
regresar al nido, al útero ahora inerte

Partir con una única esperanza,
Dadora de salidas y encuentros                                                

                                      [el amor.




Escrito y publicado por Libia Kancev.

Caracas, 06 de marzo de 2016.