“Hay que andar con pies de
plomo para burlar el desorden y las trampas de la memoria”. (21)
“Por más que hagamos y que
nos creamos fuera de su alcance, no siempre nos libramos de los fantasmas”. (23)
“¿Qué es exactamente, se
preguntó, un error de juventud? La
mayoría de las veces, casi nada. A su edad todo cicatriza muy deprisa y pronto
no queda ya ni siquiera el rastro de una cicatriz. Ya no hay testigos de cargo.
No queda ya rastros de nada. Otra vez la inocencia”. (62)
La
Bailarina (2026), publicada por editorial Anagrama, es una novela
del escritor francés, Patrick Modiano (1945) quien ganó el Premio Nobel de Literatura
en 2014.
De Modiano solo había leído Dora Bruder (1997) que reseñé en este
blog.
La
Bailarina es una novela corta escrita en un tono un tanto etéreo,
suave, que parece escribirse sobre las nubes. Trata sobre la memoria que nos
lleva (o no) a un momento, a otro tiempo de la vida.
Un hombre, ya mayor, que no
sabemos de dónde viene ni cómo encaja en toda la narración presente y pasada, recuerda
la experiencia de haber conocido hacía
más de cincuenta años, en París, por un tiempo relativamente corto, a una joven
bailarina de danza clásica de la cual no conoceremos el nombre y a su hijo Pierre,
de 7 años, cuyo padre se había marchado de París y que no supo de la existencia
del niño.
El hombre parecía haberse
enamorado de la joven.
El hombre no sabe por qué le
vienen esos recuerdos en un París ahora tan cambiado que no parece reconocer.
El hombre, que para esa
época, escribía canciones, que editaba libros en inglés, la acompañaba en su
trajinar diario a sus prácticas de danza clásica, también buscaba a Pierre en la
escuela y lo llevaba o traía a donde hiciera falta.
El maestro de danza clásica
de la bailarina era ruso, Boris Kniaseff. Consideraba a la joven como su
favorita y le decía “esa disciplina da de verdad un sentimiento a la vida y nos
impide ir a la deriva”. (11)
El narrador habla que ve a
un hombre que había conocido en esa época, aunque pensaba que ya estaba muerto
por los años transcurridos, Serge Verzini. Verzini también había conocido al
padre de la bailarina y al hombre que fue su pareja y apoyaba a la bailarina en
todo. Verzini también le había alquilado una habitación.
Verzini, aunque dice no
conocer al hombre lo invita a tomar un café en un bar cercano y le deja sus
números telefónicos pero el hombre no logra contactarlo nunca más.
El hombre dice, con
frecuencia, estar en un vacío. En ese sentido, La Bailarina también trata el tema de la identidad o a la falta de
identidad.
Es todo lo que puedo decir
ahora de La Bailarina. Lenguaje
literario, casi prosa poética, memoria, vacío, retazos de recuerdos, identidad.
Leyendo algunas críticas de La Bailarina, me encuentro con que la
crítica francesa la considera como uno de los textos más “depurados y luminosos”
de Modiano.
Escrito y publicado por Libia Kancev D.
Caracas, 12 de junio de
2026.


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