Venecos (2025) es un libro de relatos del escritor venezolano Rodrigo Blanco Calderón (1981) que hace unos años emigró del país.
Venecos
está constituido por trece relatos en donde abundan temas que tienen que ver
con el cine (norteamericano), con talleres literarios y la Escuela de Letras de
la Universidad Central de Venezuela (UCV) como contexto donde se desarrollan
ciertas historias. Por cierto, Blanco
Calderón dio clases en esa Escuela; otros temas incluyen, el divorcio, la
infertilidad masculina, el consumo de sustancias, la infidelidad, la situación
política venezolana desde la llegada de Hugo Chávez al poder y el terrible tema
migratorio.
Con anterioridad he
leído relatos de Blanco Calderon (en alguna parte de mi casa deben estar dentro
de tantos libros que tengo) y siempre he
pensado que es un buen escritor de relatos basados en la cotidianidad o en su
cotidianidad.
También leí una de sus
novelas, titulada Simpatía (2021) reseñada en este blog. Simpatía
forma parte de lo que se ha dado en llamar la literatura de la diáspora
venezolana en el siglo XXI. En esa reseña planteé que Blanco Calderón escribía
mejor relatos cortos que novelas.
Venecos
no
es un neologismo, como pensé inicialmente. Según Google, es un término
coloquial utilizado sobre todo en Colombia y Perú para referirse a personas
venezolanas, producto de la mezcla de venezolanos y colombianos y que,
anteriormente, tenía un carácter despectivo pero que ha ido derivando o
quisiera ser llevado por algunos hacia algo más cultural e identitario.
Aparte de los temas que
antes señalé, también resalta la mención de muchos escritores, en especial,
latinoamericanos y algunas novelas, tales como: Rayuela (1963) de Julio Cortázar, El Pozo (1939) de Juan Carlos Onetti, El Túnel (1948) de Ernesto Sábato. También se menciona El Extranjero (1942) de Albert Camus y
al excelente escritor albanés Ismaíl Kadaré, del que reseñé su novela El Palacio de los Sueños (1981) en este
blog en 2024.
Este punto, el uso de
la intertextualidad en Venecos, es
algo en lo que quiero detenerme.
La intertextualidad,
esa inclusión de autores o personajes de obras de otros autores en un texto
determinado que permite establecer una interpretación o re interpretación,
validando significados o creando nuevos. La intertextualidad tiene, sin duda,
su valor pero creo que su uso excesivo, como vemos en prácticamente la
totalidad de los relatos que integran Venecos
le puede generar y, de hecho le genera un peso al libro que no siempre resulta
enriquecedor sino todo lo contrario ya que puede sumergir al lector en una
confusión y en una pérdida de sentido del texto (cualquiera que sea ese sentido).
Mientras leía Venecos no podía dejar de pensar que
había un abuso de la intertextualidad, queriéndole conferir un carácter como
“muy intelectual” y que ello podía alejar al texto del lector y viceversa.
Dentro de los relatos
que me gustaron puedo mencionar: Una vida
distinta, Café Rostand y Leer y escribir.
Una
vida distinta muestra la expresión de lo extraña y
contradictoria que puede ser una amistad malsana. Café Rostand trata sobre un grupo de jurados que se reúnen para la
escogencia de un cuento ganador. Uno de ellos, un crítico literario, ya mayor y
alcohólico, dice cuál debe ser el cuento ganador. Los otros jurados no lo
conocen y el crítico dice que se los va a contar y narra un relato que, al
final, es absolutamente autobiográfico. Café
Rostand es la inclusión de la literatura dentro de la literatura. Incluso,
me atrevo a señalar que lo narrado por el crítico es mucho mejor que la globalidad
del relato. Es en ese cuento donde se menciona a Kadaré, alusión que me
impresiona que no tiene mayor relevancia. Leer y
escribir, es un cuento interesante sobre eso, leer y escribir.
Pienso que leer Venecos nos sirve para hacer algunos
análisis pertinentes en la literatura.
Escrito y publicado por Libia Kancev D.
Caracas, 31 de marzo de
2026.


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