Hace pocos días terminé de
leer El cuento de la Criada (1985),
de la poetisa y escritora canadiense Margaret
Atwood (1939).
Había escuchado hablar hace
tiempo de esta novela pero no me había animado a leerla, un poco pensando que
no tendría mayores elementos de la realidad (aunque todo relato fuese ficcional
por naturaleza), es decir, que se trataba de una novela de ciencia ficción,
género que no me resulta atrayente.
La empecé a leer a inicios
del mes de junio de este año, sin mucho afán y la terminé de leer después del
terremoto que azotó a Venezuela, doblete sísmico, lo han llamado, ocurrido el feriado 24 de junio como una
manera de “salvar mi vida” recordando una frase del escritor español Javier
Cercas (1962) aparecida en la novela Independencia
(2021) –segunda entrega de la trilogía Terra
Alta (2019) que dice ”Las novelas no
sirven para nada, salvo para salvar vidas”. Así, buscaba sosiego, concentrarme
en otros temas que no fuera el terremoto y sus terribles consecuencias en la
zona norte costera del país.
La lectura de El cuento de la Criada me ayudó a
tranquilizarme.
Vale destacar que Atwood
escribió está novela en Berlín Occidental cuando todavía estaba presente el
Muro. La novela parece ambientada en Estados Unidos, al menos se nombran varias
ciudades de ese país, en un futuro cercano de finales del siglo XX o principios
del XXI y parte de la toma del poder de un grupo de políticos teócratas cuyas
primeras acciones se basan en la supresión de la libertad de prensa y de los
derechos de las mujeres llegando a prohibirles leer y escribir, tampoco podían
manejar su propio dinero ni trabajar fuera de sus casas.
El
cuento de la Criada es una obra testimonial, narrada por una
mujer joven de nombre Defred (nunca sabremos su verdadero nombre) quien estaba
casada con Luke y tenían una niña de entre 3 a 5 años. Tanto Luke como la niña
habían desaparecido. El cuento oscila entre una narración pasada y la actual
que vive Defred, exponiendo las diferencias, los cambios radicales que habían
sucedido en los distintos tiempos.
Defred vive en la República de
Gilead en la ciudad de Bangor (Maine). La República tiene un régimen
totalitario donde las mujeres, en
especial, las que se hallaban en edad reproductiva (y que ya hubieran probado
su capacidad de tener hijos sanos) y que eran conocidas como Criadas (se
vestían de rojo) y estaban destinadas a tener hijos para contrarrestar el bajo
índice de natalidad debido a la contaminación ambiental producto de residuos
tóxicos. No obstante, los hijos no serían de ellas si no de parejas -de edad
avanzada- ligadas al poder, como los Comandantes y sus Esposas (se
vestían de azul). El acto de fecundación era una muestra franca de la objetivación,
de la deshumanización del ser humano, en este caso de Defred. En el mismo, ella
estaba ubicada entre la Esposa del Comandante (Serena Joy) y el Comandante, es
decir como si ella fuera un medio, un simple receptor en el acto.
Defred recordaba a Serena
Joy como una soprano que cantaba plegarias religiosas en la televisión, en el
sistema de vida anterior.
En la República de Gilead,
también habían otros estratos como las Tías que tenían una función “educativa”
para el régimen, las Marthas (que se vestían de marrón) y que servían en
las casas. Los Guardianes, los Ángeles (que iban a la guerra).
Las Esposas de los Comandantes y los Comandantes (iban vestidos de negro), las Econoesposas
(trajes de rayas) que eran las esposas de los hombres pobres.
Había un Muro donde colgaban
a hombres y mujeres que hubiesen cometido algún “pecado” y los exhibían como
muestra de los que les podía pasar a quiénes se atrevieran a pretender burlar
las normas del régimen.
Hay una parte de la novela
que nos hace pensar que el amor es la única salvación al mal del régimen.
Resulta que había un guardián en la casa asignada a Defred llamado Nick al que,
en apariencia, le gustaba Defred. Aparte de las sesiones que Defred debía tener
con el Comandante, ella también se veía a solas con él lo que nos hace pensar que
el propio Comandante tenía necesidades simples, sencillas, aparte de las
sexuales. Defred no quedaba embarazada del Comandante y Serena, pensando que su
esposo era estéril, le propone que tenga relaciones con Nick. La relación que
establecen sirve para que ella vuelva a sentirse de una manera más humana: el
solo poder conversar, el calor y el contacto humano le daba serenidad.
Toda la historia narrada por
Defred es un relato de dominación, de control, de ausencia de derechos humanos
y aunque hubo grupos de resistencia, a uno de los cuales pertenecía Nick y
Deglen que era la Criada compañera de Defred que, al final, se suicida antes de
ser arrestada, no tuvieron mayor éxito.
Al final de El cuento de la Criada, Defred, que
parecía estar embarazada de Nick (no tenemos certeza de ello), es sacada de la
casa bajo una acusación de traición. El Comandante no tenía esa información
pero se asusta pensando que podría ser arrestado pero queda abierta la
posibilidad de que fue idea de Nick para salvar a Defred y al futuro niño, hijo
de ambos.
El
cuento de la Criada es lo que se llama una novela distópica, género
que es, a su vez, subgénero del de la ciencia ficción que plantea sociedades
alternativas en las que predominan aspectos negativos de la vida humana. Es
interesante saber que Atwood escribe esta novela tomando experiencias que
habían sucedido en la realidad de diversos países lo que abre la posibilidad de
que los hechos relatados en El cuento de
la Criada puedan ocurrir.
De El cuento de la Criada se hizo una película en 1990 cuyo guión fue
escrito por el autor inglés Harold Pinter (1930-2008), premio Nobel de literatura
2005, y una serie de televisión (2017-2025).
También existe una segunda
parte titulada Los Testamentos
(2019).
Buena lectura de El cuento de la Criada.
Escrito y publicado por Libia Kancev D.
Caracas, 8 de julio de 2026.


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