miércoles, 8 de julio de 2026

El cuento de la Criada

 



Hace pocos días terminé de leer El cuento de la Criada (1985), de la poetisa y escritora canadiense Margaret Atwood (1939).

Había escuchado hablar hace tiempo de esta novela pero no me había animado a leerla, un poco pensando que no tendría mayores elementos de la realidad (aunque todo relato fuese ficcional por naturaleza), es decir, que se trataba de una novela de ciencia ficción, género que no me resulta atrayente.

La empecé a leer a inicios del mes de junio de este año, sin mucho afán y la terminé de leer después del terremoto que azotó a Venezuela, doblete sísmico, lo han llamado,  ocurrido el feriado 24 de junio como una manera de “salvar mi vida” recordando una frase del escritor español Javier Cercas (1962) aparecida en la novela Independencia (2021) –segunda entrega de la trilogía Terra Alta (2019)  que dice ”Las novelas no sirven para nada, salvo para salvar vidas”. Así, buscaba sosiego, concentrarme en otros temas que no fuera el terremoto y sus terribles consecuencias en la zona norte costera del país.

La lectura de El cuento de la Criada me ayudó a tranquilizarme.

Vale destacar que Atwood escribió está novela en Berlín Occidental cuando todavía estaba presente el Muro. La novela parece ambientada en Estados Unidos, al menos se nombran varias ciudades de ese país, en un futuro cercano de finales del siglo XX o principios del XXI y parte de la toma del poder de un grupo de políticos teócratas cuyas primeras acciones se basan en la supresión de la libertad de prensa y de los derechos de las mujeres llegando a prohibirles leer y escribir, tampoco podían manejar su propio dinero ni trabajar fuera de sus casas.

El cuento de la Criada es una obra testimonial, narrada por una mujer joven de nombre Defred (nunca sabremos su verdadero nombre) quien estaba casada con Luke y tenían una niña de entre 3 a 5 años. Tanto Luke como la niña habían desaparecido. El cuento oscila entre una narración pasada y la actual que vive Defred, exponiendo las diferencias, los cambios radicales que habían sucedido en los distintos tiempos.

Defred vive en la República de Gilead en la ciudad de Bangor (Maine). La República tiene un régimen totalitario  donde las mujeres, en especial, las que se hallaban en edad reproductiva (y que ya hubieran probado su capacidad de tener hijos sanos) y que eran conocidas como Criadas (se vestían de rojo) y estaban destinadas a tener hijos para contrarrestar el bajo índice de natalidad debido a la contaminación ambiental producto de residuos tóxicos. No obstante, los hijos no serían de ellas si no de parejas -de edad avanzada- ligadas al poder, como los Comandantes y sus Esposas (se vestían de azul). El acto de fecundación era una muestra franca de la objetivación, de la deshumanización del ser humano, en este caso de Defred. En el mismo, ella estaba ubicada entre la Esposa del Comandante (Serena Joy) y el Comandante, es decir como si ella fuera un medio, un simple receptor en el acto.

Defred recordaba a Serena Joy como una soprano que cantaba plegarias religiosas en la televisión, en el sistema de vida anterior.

En la República de Gilead, también habían otros estratos como las Tías que tenían una función “educativa” para el régimen, las Marthas (que se vestían de marrón) y que servían en las casas. Los Guardianes, los Ángeles (que iban a la guerra). Las Esposas de los Comandantes y los Comandantes (iban vestidos de negro), las Econoesposas (trajes de rayas) que eran las esposas de los hombres pobres.

Había un Muro donde colgaban a hombres y mujeres que hubiesen cometido algún “pecado” y los exhibían como muestra de los que les podía pasar a quiénes se atrevieran a pretender burlar las normas del régimen.

Hay una parte de la novela que nos hace pensar que el amor es la única salvación al mal del régimen. Resulta que había un guardián en la casa asignada a Defred llamado Nick al que, en apariencia, le gustaba Defred. Aparte de las sesiones que Defred debía tener con el Comandante, ella también se veía a solas con él lo que nos hace pensar que el propio Comandante tenía necesidades simples, sencillas, aparte de las sexuales. Defred no quedaba embarazada del Comandante y Serena, pensando que su esposo era estéril, le propone que tenga relaciones con Nick. La relación que establecen sirve para que ella vuelva a sentirse de una manera más humana: el solo poder conversar, el calor y el contacto humano le daba serenidad.  

Toda la historia narrada por Defred es un relato de dominación, de control, de ausencia de derechos humanos y aunque hubo grupos de resistencia, a uno de los cuales pertenecía Nick y Deglen que era la Criada compañera de Defred que, al final, se suicida antes de ser arrestada, no tuvieron mayor éxito.

Al final de El cuento de la Criada, Defred, que parecía estar embarazada de Nick (no tenemos certeza de ello), es sacada de la casa bajo una acusación de traición. El Comandante no tenía esa información pero se asusta pensando que podría ser arrestado pero queda abierta la posibilidad de que fue idea de Nick para salvar a Defred y al futuro niño, hijo de ambos.

El cuento de la Criada es lo que se llama una novela distópica, género que es, a su vez, subgénero del de la ciencia ficción que plantea sociedades alternativas en las que predominan aspectos negativos de la vida humana. Es interesante saber que Atwood escribe esta novela tomando experiencias que habían sucedido en la realidad de diversos países lo que abre la posibilidad de que los hechos relatados en El cuento de la Criada puedan ocurrir.

De El cuento de la Criada se hizo una película en 1990 cuyo guión fue escrito por el autor inglés Harold Pinter (1930-2008), premio Nobel de literatura 2005, y una serie de televisión (2017-2025).

También existe una segunda parte titulada Los Testamentos (2019).

Buena lectura de El cuento de la Criada.

Margaret Atwood


Escrito y publicado por Libia Kancev D.

Caracas, 8 de julio de 2026.

 

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