viernes, 4 de julio de 2014

Poemas hoy

Tomado de: zamcifuentes.wordpress.com 







Si el mundo
fuese así
bombitas luminosas
por el artificio
rodeado de la inobjetable lluvia.

Si el mundo fuese así
imágenes sacralizadas
en textos de poetas
que se lo creen.

La imagen
modificada por
la palabra
semilla y árbol de subjetividades.
La palabra surgida de imágenes
recrea memoria y vida.
No sé.




A Mariana


La niña recorre espacios
con La emperatriz de los Etéreos.
¡Voy por la 10!, ¡por la 30!,
Por la 100!.

La niña recorre espacios
con La emperatriz de los Etéreos.
En cada anuncio, alcanza picos
de cimas crecientes

Su piel
           [hermosa

Sus rulos
             [más libres que yo.

Crece a la par de las palabras.

¡Escúchame!

Te escucho

¡Déjame hablar!

Te escucho.






¡Lávate
con la alabanza del Otro
que exhala poemas de miseria laberíntica!
No- poemas, que los hay.

¡Grande que te crees!
Ya no escribes porque la felicidad
Toma cuerpo común
          [Es la tristeza pira de anunciación.





Publicado por Libia Kancev D.




Caracas, 4 de julio de 2014.

lunes, 3 de marzo de 2014

La Vida no es abstracción

Cerro El Morro. Lechería. Anzoátegui

"La soberbia no es grandeza sino hinchazón; y lo que está hinchado parece grande pero no está sano"
San Agustín.


Todo o Nada. La escueta pero significativa frase me toma por sorpresa en este día gris. La frase sorpresiva viene ligada al pensamiento  de la concepción de la vida como forma abstracta. Es a través del hilo telefónico, con ciertas interferencias, desde Caracas hasta Lechería que la idea es expuesta. Mi entendimiento  es oscuro, tanto, que mi interlocutora debe aclarar que lo que dice es desde el punto de vista abstracto. Pero ¿es la Vida una abstracción?

Surgió como argumento -de una persona de innegable inteligencia-, como respuesta del por qué había que vivirla aunque se sintiera que no había motivos íntimos para ello. Lo entendía casi como un “porque sí”.  Aunque sea de rodillas o arrastrándose. Confieso no entender, porque la vida -pienso- debe ir más allá de la mera existencia.

Me permito una digresión, ¿dónde queda Lechería? La digresión no pretende aumentar el volumen de este escrito, no. Se trata de que mi capacidad para ubicarme geográficamente siempre ha sido precaria. La búsqueda de un mapa se impone para saber dónde está alguien o algo. Usualmente es esa la motivación. 
Pescador en el río Tisza

Otra razón es seguir los países o los lugares que se mencionan en algún texto que leo, así, aunque nunca he viajado fuera de Venezuela, literariamente sí lo he hecho (Dese por sentado que desconozco los trámites necesarios que hay que hacer para adquirir los dichosos dólares para viajar al exterior).

Por ejemplo, en estos días busqué dónde estaba el río Tisza pues lo mencionaban en la novela más reciente que he leído, La Gaviota (2011) de S. Márai. Y no era que mencionaban al río como tal, sino que dentro de la descripción de la oficina del protagonista, se señala que “…y en la pared de enfrente, un cuadro de pescadores en el Tisza,…” (12). Ello me llevó a saber que el Tisza es uno de los principales ríos de Europa Central (nace en Ucrania), que es el mayor afluente del Danubio (el segundo más largo de Europa tras el Volga que es el más largo del continente europeo).

Estuve buscando cuál podría ser el cuadro exacto que el consejero describía. De ser posible lo pondré como acompañamiento de este escrito.

Por cierto, la palabra Danubio me hace recordar una novela que nunca he tenido en mis manos, que nunca he conseguido en ninguna librería, ni de viejo ni moderna. Se trata de una novela de Claudio Magris (Trieste, 1939), titulada El Danubio. Hace algunos años, un hombre con quien me topé debajo del puente de la avenida Vollmer que, al igual que yo, ojeaba libros, lo llevaba en sus manos. Le pregunté ¿qué tal ese libro? 

Me dijo que: “es fundamental para quien quiera saber sobre…”. No recuerdo exactamente por qué era esencial leerlo. Lo cierto es que, hasta ahora me he quedado con la duda.

Me interrumpo un instante para buscar en internet donde queda Lechería, ciudad o pueblo de nuestro país. Si me lo preguntaran en el conocido programa “¿Quién quiere ser millonario?”, tendría casi que adivinar, diría que es hacia el oriente del país, en Anzoátegui y, de no ser así, me daría pena ajena pues creo que todo venezolano de mediana educación debiera saber dónde queda Lechería, así como quién nos libertó, los países limítrofes de Venezuela, nuestros estados y sus respectivas capitales, para no hablar de cuáles son nuestros escritores canónicos, sus novelas más conocidas, quién está considerado como el primer poeta de Venezuela, entre otros temas. Cosas, pues, de cultura general  nacional.

¡Acerté!. Lechería queda en el estado Anzoátegui. El acierto no me satisface del todo porque quedo sin saber qué fue a hacer allá la persona que me hablaba de vivir la vida, apoyándose en un concepto abstracto. Dijo que fue a acompañar a una amiga a la que tenía años, muchos años que no veía. Aparte de acompañar, aprovecharía para descansar. Compartirían recuerdos, verían el mar juntas, de día, de noche, tendría chance de leer alguna novelita rosa del siglo XIX. ¿Quién sabe?

Sigo ahora con la vida.

Prefiero pensar en la vida como una materialidad. Materialidad que comienza en nuestro propio cuerpo y que se inicia en el nacimiento, el de otros (para cuya creación aportamos una parte de nosotras), los objetos que nos rodean, los momentos de felicidad y aún los de tristeza. Materialidad que incluye el trabajo, las actividades que nos gusta hacer hasta la dicha de ver  la sonrisa de alguien amado bien sea en el contexto de la amistad, del amor o de la simple convivencia.

Bien cierto es la existencia de teorías sobre la vida, filosofías de vida. El nombre del libro más leído en el mundo, la Biblia, es un ejemplo demasiado obvio. Allí podemos encontrar, anécdotas, parábolas, cuya interpretación pueden orientarnos en el deber ser, según el cristianismo. No menos curioso es que se plantea allí que esta vida, esta que conocemos no es la "real", sino que si nuestro comportamiento ha sido acorde con los mandamientos conocidos, sólo estaríamos de paso, es decir, sería una vida de transición hacia el Paraíso donde la maldad, la tristeza, la melancolía no tienen cabida. Repito, esto sucederá si nos hemos “portado bien”, ya que si no, tendremos que pasar primero por el Purgatorio o iríamos directo al Infierno.  Para quien haya tenido un mal comportamiento, haya sido egoísta, mentiroso, ruin, falto de piedad, de humildad, haya carecido de solidaridad, que no se haya arrepentido, etc, no habría barricadas que no guarimbas que detuvieran su viaje al lugar correspondiente.

Por cierto, el término guarimba ha adquirido una definición natural que creo que conocemos pero que no tiene respaldo desde el punto de vista de diccionarios importantes como el de la Real Academia Española, no obstante, recordemos que el uso habitual de un término le va confiriendo valor, aunque sea para una comunidad determinada.

Vale saber que GUARIMBA se llamaba una de las haciendas que describe Urbaneja Achelpohl (Caracas, 1873- Montreal, 1937) en su novela criollista En este país (1916). También era el apellido de Paulo Guarimba, primero peón y luego general y ministro, ascenso social que le permitió acceder al amor de Josefina Macapo (Silva, 2007). Para quienes utilizan este argumento con la finalidad de descalificar el uso actual de la palabra guarimba (que carga consigo una buena dosis de tergiversación perversa según las tendencias políticas de algunos), vale destacar que ahora, la movilidad social del venezolano ha padecido un fuerte impacto negativo en los últimos años. Antes, me refiero a las décadas del 70, 80, 90, estudiar, tener una profesión, permitía al venezolano adquirir un poder adquisitivo que les abría las puertas para un ascenso social. Ahora son muchos los venezolanos que aún estudiando, teniendo uno, dos ó tres post grados, no tienen la posibilidad real de adquirir una vivienda, un vehículo, etc. y emigrar del país (con la consecuente fuga de cerebros) se convierte en una opción difícil de rebatir.

Por supuesto que no incluyo aquí a aquellas personas que aprovechándose de ciertas posiciones, especialmente políticas, logran “ascender socialmente” y no las incluyo porque ese ascenso lleva el peso de la ausencia del esfuerzo honesto,  del estudio, del trabajo.

La vida no puede ser una abstracción. La muerte tampoco aunque el filosofar sobre esta última puede darnos un consuelo auténtico al prolongar y mantener la presencia de alguien cuando materialmente ya no está. Me refiero a ver fotos (la fotografía como verdad simple, tangible y visible, como dice Márai (161)) de alguien que murió, recordar vivencias compartidas, mencionar el nombre de esa persona, pensar que está en un lugar mejor, en una vida verdadera.

Estimada, la vida no es una abstracción, la vida será vivida por cada quien guiado por algo encendido en su corazón (eso llamado pasión) o por la rutina que no por rutina la descalifica. Se trata de “estilos” de asumir la vida o de vivirla o de más que estilos, de algo que llevamos por dentro, que nos resulta inherente, que ante los conflictos o situaciones traumáticas, no se resuelve con un “paso de página” sino con el afrontar esos conflictos, esos traumas, transitando los senderos necesarios para que la pasión apagada pueda renacer. 

Textos citados:

Márai, S. La Gaviota. Editorial Salamandra. Barcelona. 2011.

Silva J., Roberto. “Uso inadecuado de la palabra guarimba”.  Web. 29 jun. 2007. 2 marzo 2014. Aporrea. http://www.aporrea.org/actualidad/a37454.html.


Escrito por Libia Kancev D.

Caracas, 3 de marzo de 2014.


viernes, 28 de febrero de 2014

La Gaviota. Sándor Márai

Salón de la Ópera de Hungría 
A Yasmin Mora, por su amistad.



“Cuando algo llega a su fin, siempre se impone un silencio extraño: tanto en el mundo como en el corazón de las personas”

“…no todo lo que sucedía podía juzgarse con parámetros humanos”

“No. El hombre es impotente en su cuerpo. Sólo su alma puede discutir con Dios”

“…aunque ya sabes que los encuentros con uno mismo son siempre los que más conmocionan”

“Porque sólo es efectiva la magia que tiene lazos con una realidad en la que se ensamblan elementos celestiales y cotidianos,…”

“La realidad, ya ves, es más simple que la que nosotros, las personas, creamos a partir de ella en nuestra alma…”

La lectura de textos narrativos literarios, nos llevan, en algún punto, a pensar cuál sería el final. ¿Cómo se resolvería tal o cual situación? Si se trata de una historia de amor, ¿quedarán juntos los amantes? Y muchas otras interrogantes.

Al menos a mí me ocurre así y no con poca frecuencia el final me sorprende y hubiera deseado otro pero no somos él o la autora aunque, sin duda, nuestra lectura, esas interrogantes, nos llevan a un diálogo íntimo con el autor del cual, muchas veces, éste ni se entera.

La lectura de La Gaviota (2011) de S. Márai me ha dejado una especie de desasosiego. Se trata de un texto interesante donde Márai, se refiere a temas que ha tocado en otras novelas como en La Extraña: el amor de pareja; el tema del cuerpo; de las religiones, de Dios, entre otros.

Un consejero político (45 años) de Hungría, redacta un escrito que deberá llegar al más alto nivel en el cual, parece, hace saber que, al día siguiente, el país entraría en guerra (Segunda Guerra Mundial). El hombre, profundamente reflexivo, piensa en cómo cambiará el país al día siguiente, piensa en la escasez, en el tiempo y escribe
¿Qué sucedería  al día siguiente cuando se divulgaran aquellas palabras? ¿Y al otro? ¿Y cómo repercutiría en eso turbio y tangible que, en términos cotidianos, suele denominarse tiempo y que posee la peculiaridad de no soltar lo que agarra, como el amante enajenado rodea con un abrazo mortal el cuerpo amado? Aquello que se inicia seguirá siendo presa del tiempo… Y más allá, sumidos en la niebla, millones de personas, el país. Y todavía más lejos, en medio de la bruma y el tiempo, otros países, capas que se desvanecen y alzan sucesivamente en ese extraño elemento, el tiempo…Y en alguna parte, mucho más lejos, más allá de la historia, el individuo con su incomprensible destino: un chino va en camino de las tierras de labranza y, entre dos bombardeos, trabaja sereno en los arrozales, sonriente y pensando en un verso o un viejo proverbio…A  continuación pensó que algún día finalizaría la guerra, y que para entonces ya no sería un hombre joven” (11-2).

Ese mismo día, una joven que él no conoce pide verlo en su despacho. Cuando la recibe, su sorpresa es indecible pues la joven se parece enormemente a una mujer que había amado profundamente y que se había suicidado con la ingesta de cianuro, unos años atrás.

La joven, de 22 años, le dice que es finlandesa, que es maestra y que acude a él para conseguir un visado, una beca, que desea quedarse en el país.

El consejero no sale de su desconcierto y los recuerdos de Iliona resurgen como olas sin descanso. Es como si el pasado regresara a él y quisiera jugarle una broma muy pesada.

La joven se llamaba Aino que, en húngaro, significa Única y su apellido era Laine que en húngaro es Ola. La joven le comenta que el nombre se lo puso su padre y que lo extrajo del Kalevala (poema épico, compilado por Elías Lönnrot en el siglo XIX a partir de las fuentes folclóricas finlandesas. Se considera una de las epopeyas más sugestivas y notables de Europa). El consejero la invita ese día a la Ópera  y ella acepta.

De aquí en adelante, los recuerdos de Iliona fluyen incontenibles en la mente del consejero: cómo era ella, la última vez que habían estado juntos, día que él jamás sospechó que sería la última vez. También relata un encuentro que había tenido con el padre de Iliona (que era farmacéutico) donde este le dice que ella se había suicidado por el engaño del profesor G ya que ella lo amaba mucho. Este dato deja al consejero muy perturbado pues desconocía que Iliona pudiese tener otra relación. Ello lo hace ir a una conferencia del profesor G (quien era un químico renombrado) y sacar sus propias conclusiones de él.

Márai nos hace conocer ciertas posiciones sobre los hombres en la vida como por ejemplo, la similitud física que existe entre muchos seres humanos, llegando a la conclusión que lo que auténticamente nos diferencia es el alma; el distinto alcance que tienen para el hombre y para la mujer el envejecimiento. A este respecto escribe
Eso que a vosotras, a las mujeres, os hace sufrir tanto y apresuraros a la iglesia y la peluquería para rogar a Dios y al esteticista, es decir, el momento en que la juventud se acaba, a nosotros, los hombres en realidad no nos hace sufrir. Tal vez finjamos despedirnos y nos pavoneemos un poco, pero, en el fondo del corazón, sufrir, no sufrimos. Todo hombre suspira aliviado cuando se aleja la juventud; suspira e incluso ríe a hurtadillas. No se trata de un rasgo sublime del hombre, pero es la verdad (151-2).   

También se refiere a la atención que Dios presta bien sea al colectivo humano o cada ser individualmente. En una conversación con Aino le dice

¿Quién te envía? ¿Dios?...Pero ¿no es un signo de envanecimiento pensar que Dios, el infinito, entre la infinidad de posibilidades, tenga tiempo y ganas de entretenerse con nuestros dudosos e insignificantes destinos, de ocuparse de detalles tan nimios? ¿O tal vez la verdadera fe, creencia y convicción piadosa e irracional consiste justo en pensar que Dios, en el infinito, también se ocupa de cada uno de nosotros, con tanto o más esmero del que dedica al universo?(137).

Otros temas como lo que llama, las leyes universales, en las que engloba a: Dios, la guerra, el amor, la muerte, el nacimiento. Por otro lado, diserta sobre la personalidad del ser humano, sobre el destino, sobre las palabras y los hechos , la muerte y hasta el beso entre un hombre y una mujer, la personalidad y lo que él llama matices.

Aunque el consejero trata a Aino con cierta desconfianza, resulta evidente que se enamora de ella y desea que se quede con él pero al final, tengo la impresión de que la joven resulta ser una espía y que ella también se enamora pero que decide marcharse, como le dice, por el bien de él mismo.

Al igual que en La Extraña, reseñada recientemente en este blog, La Gaviota merece su relectura y el análisis individual y detallado de ciertos planteamientos de Márai  que nos lleva a pensar que la novela no termina en la última página sino que la historia lo que hace es abrir una y mil posibilidades de reflexión para poder decir que en verdad la leímos y comprendimos.
Me uno a estas palabras que encontré en un blog titulado El Placer de la lectura, referente a La Gaviota y a la literatura de Márai “La literatura que nos ha entregado este prolífico autor…es un ejercicio permanente de reflexión respecto de una realidad concreta, trascendente, de la que los protagonistas se hacen cargo por razón de su cultura y de su inteligencia”  

Textos citados
“La Gaviota - Sándor Márai”. El Placer de la lectura. Web. 28 feb. 2014. http://www.elplacerdelalectura.com/2011/08/la-gaviota-sandor-marai.html


Márai, S. La Gaviota. Ediciones Salamandra, S.A. Barcelona. 2011.

Escrito por Libia Kancev,

Caracas, 28 de febrero de 2014.

domingo, 16 de febrero de 2014

Cuatro poemas en: CUIDADOS INTENSIVOS. A propósito de Venezuela




Tomado de www.caraotadigital.net.
Un país

Cuando el forastero llegó
ya todos se habían ido.

Cuentan que sólo tuvo entre sus manos
acuarelas de niños que pintaban un país
donde la nieve era apenas un tacto imaginado.

Un lugar amañado por la astucia
y las costumbres de la luz,
que incauta resguardaba escondrijos
para que las sombras perpetuaran traiciones,
desde antes de nacer.

Cuentan sus ingenuos dibujos
(ahora devorados por polillas)
que era una tierra frondosa,
donde junto a la ventura
se forjaban ardorosas proclamas.
Una comarca poblada de fértiles maderas,
aptas para el refugio de hombres, isópteros y orugas.
Y también para el fuego (48).


Graffiti olvidado en cualquier
pared de Caracas

Ni líricos, ni láricos ni lúdicos.

Aquí, a punta de pistola,
                            despachamos al mayor.

Aquí somos todos objetivos
                                    aunque pese el azar (49).



Renuncien a defender
las buenas costumbres

Ustedes son los que tienen miedo de morir.
Nosotros no.
Somos hombres bombas.

Estamos en el centro de lo insoluble.

Ustedes, entre el bien y el mal,
se detienen en la única frontera.

Su muerte es un drama cristiano
en una cama, un cáncer, un ataque al corazón.
La nuestra, la comida diaria, la fosa común.

Somos una empresa moderna, rica.
Ustedes, el estado quebrado, una zafra de incompetentes.

Tenemos métodos ágiles de gestión.
Ustedes son lentos, burocráticos.

Luchamos en terreno propio.
Ustedes, en tierra extraña
muriendo de miedo, cada hora.

Estamos bien armados, al ataque.
A ustedes los persigue la manía del humanismo.
Somos crueles, no conversamos con la piedad.

Ustedes nos han transformado en “super stars” del crimen.
Los tenemos de payasos.

Nos llaman “los barones del polvo”,
y por miedo o por amor nos ayudan en el barrio.
A ustedes los odian.

Nuestras armas y mercancías vienen de afuera,
[somos “globales”.
Ustedes, nuestros clientes.

¿Solución? No hay solución, hermano.

Somos el inicio de algo tardío.

Somos hormigas devoradoras,
escondidas en los rincones.

Renuncien a defender las buenas costumbres.

Estamos todos en el centro de lo insoluble.

Como dijo el divino Dante: “Pierdan las esperanzas,
[estamos en el infierno”
(50-1).




La gente invisible
When you have city eyes you cannot see the invisible people.
Salman Rushdie

Alguien debe recoger los muertos:
los de antes, los de ahora, los de siempre.
Alguien debe hacerlo.

Son urgentes la amnesia,
las calles limpias
y las flores en las aceras.

Tal vez sea la gente invisible
la que se ocupe de ellos.

Gente que al caminar
apenas deje huellas.

Gente sin padres ni abuelos.
Gente que está por nacer,
y vendrá con aguaceros.

La gente invisible sabe cantar
pero prefiere el silencio,
sabe reír si corresponde
pero no se deja tentar por quimeras.

La gente invisible procura
hacer todo invisible,
lo que vemos y lo que no.
Por eso si alguien se los lleva serán ellos.

Para que las calles queden limpias,
sin sangre ni recuerdos. (52-3).


Cuidados intensivos: es el más reciente poemario (inédito hasta donde sé, por falta de papel) del profesor, poeta y ensayista Arturo Gutiérrez Plaza (Caracas, 1962).

viernes, 17 de enero de 2014

La Extraña de S. Márai





“El mar no es capaz de sufrir…Entonces, ¿con qué finalidad fue creado?”

“Sólo la razón es capaz de doler”

“Un texto ajeno [el procedente del mar]…Una lengua monótona. Puede que carezca incluso de conjugación verbal. Es sólo ritmo…Dice algo, sin duda, pero tal vez no haya que percibirlo con el oído y la razón…Algún día tendría que librarse de eso: del vocabulario limitado de la razón, de unos centenares de miles de conceptos que guardan celosamente un secreto, incapaces de abarcarlo y de expresarlo del todo. Pero, ¿por qué sigo insistiendo con la razón?...aquí de poco me sirve…”

“Los muertos no tienen sexo”

La Extraña

Ésta es la más reciente novela que he leído de Sándor Márai (1900-1989). Una vez más, el escritor húngaro demuestra la solidez de su escritura.

La novela consta de cinco partes, cuyos títulos son: 38 grados centígrados, ¿El señor Askenasi? ¿De Ostrava?, Ridículo. Por una mujer, Un mentiroso y El diálogo.

La extraña (1934) está narrada en distintos tiempos verbales, en donde el final es lo más cercano al presente. Aparte del manejo temporal, Márai exhibe, con maestría, dominio de lo psicológico y de lo filosófico en el ser humano.

Un profesor de la Escuela de Estudios Orientales,  residente en París, hace un “viaje de descanso” por sugerencia de amigos, después de haber dejado a su esposa Anna, tras quince años de matrimonio, y a su hija. La antesala de esta separación está dada por el hecho de haber conocido a una mujer llamada Eliz. Eliz era bailarina y  muy poco dada a los convencionalismos. Llevaba un estilo de vida muy diferente al de él, situación que,  se convierte en una experiencia muy gratificante para el profesor.

La  relación de Eliz con el profesor no es, para nada, un asunto privado sino que se ve sometida a las críticas de la época, tema sobre el que el profesor reflexiona con detalle y muy filosóficamente durante buena parte de la narración. No nos queda claro si es realmente “amor” lo que se produce entre Eliz y el profesor pues, un buen día, éste la deja sin pena ni gloria y prácticamente nunca más la vuelve a ver. ¿A fin de cuentas qué es el amor?

El tema de “lo privado” y el de los convencionalismos son dos de los primeros aspectos que toca Márai. 

Hay otro punto que es el de “la sensación, que tiene el profesor, de que ha olvidado algo” y la existencia de una pregunta que trata de formularse y no logra. Por supuesto, si no se puede construir la interrogante el camino de la respuesta será inexistente, lo cual no significa que la angustia generada se atenúe.

El profesor hace el viaje a una isla del Mar Adriático, previo a haber pasado varios días en Alemania. Se hospeda en un hotel venido a menos, El Argentina, bastante lleno y bajo unas condiciones climáticas particulares. De hecho, el primer capítulo de la novela se titula “38 grados centígrados: “A esa hora el calor era tan punzante y pegajoso que todo cuerpo parecía un lastre cubierto de impurezas…Para aquella estación del año, la temperatura era sin duda excepcional, incluso en aquel rincón meridional, sofocante y de clima casi tropical del Adriático” (11-12).

El  profesor, de apellido Askenasi: “Un hombre con gafas, algo calvo, sin afeitar y pálido como un enfermo del corazón…” (18) ve a una mujer mientras se dirige a su habitación, pensando en prepararse para regresar a París pues ha recibido una llamada urgente. La escena, narrada por Márai, podría definirse como típicamente cinematográfica y parece ser  el desencadenante de una terrible experiencia que produce en Askenasi una revelación: la formulación de esa pregunta que no hallaba y lo conduce al camino de una respuesta que él mismo desarrolla. Lo anterior confirma ese conocido planteamiento psicoanalítico de que cuando se va a un análisis creemos que es el analista el que sabe. Resulta que las respuestas están en nosotros. Somos quienes realmente sabemos pero no sabemos que sabemos.

La mujer de la escena resulta ser la extraña.

El profesor Askenasi, hombre de amplísima cultura y plenamente dedicado a la literatura y, por ende, a los libros, piensa sobre “esa pregunta” una y otra vez. Según lo que podemos comprender, el destinatario de la pregunta es Dios y el profesor, al salir del hotel, bastante alterado física y emocionalmente, se dirige a una isla cercana, se desnuda con una especie de ritual e inicia una conversación con Dios: “…ahora que por fin estaba solo podría hablar con Él en privado, en aquel lugar íntimo, aislado acústicamente, donde nadie los oiría, solos en aquel pequeño y entrañable universo” (143). El tema tiene que ver con el disfrute del acto sexual, con la bondad, con el amor, con el erotismo, con las imposiciones sociales que impiden un gozo auténtico y mayor. En fin, la pregunta es sobre ese goce que Askenasi piensa como algo que tiene que ver con el cuerpo (aunque duda):

Acabó de desvestirse y dio unos pasos enteramente desnudo…A la luz de la luna se contempló el cuerpo despojado de todo oropel y galanura, y vio que desprendía una extraña luminiscencia, como una figura del museo de cera. Se miró las piernas delgadas y torcidas, la barriga incipiente, los brazos chupados, y se encogió de hombros. `Qué penoso –pensó. No vale la pena. No se trataba de esto`…-Es imposible que sólo se tratara de esto… (142).

Askenasi se siente decepcionado y engañado por Dios.  

El título, La Extraña, no es directo, nada lineal con respecto a los diversos temas abordados aquí. La extraña, la mujer que ocupaba la habitación 42 del hotel y a la cual Askenasi sigue, bajo una sensación de “haber vivido aquello con anterioridad” y de que la mujer se le está insinuando y a la cual asesina (eso pensamos). ¿La mujer se insinúa a Askenasi o es lo que él cree percibir? No lo sabemos pero lo que le ocurre con esa mujer es un “disparador”, el impulso (y acto) necesario para que la interrogante tanto tiempo buscada llegue a su mente y busque a quien desea formulársela. Como hemos escrito antes, ese destinatario es el mismísimo Dios.

Mientras leía esta novela de Márai pensé, en distintos momentos, que Freud hubiera podido hacer una gran disección de la misma, que los temas centrales hubiesen sido motivo para que escribiera algo al respecto, ello podría dar una idea de lo que esta novela encierra en sí misma.

Sin duda, La Extraña es una novela que contiene, por adelantado, una invitación para su re-lectura como otras novelas de Márai. Ello no significa que se traten de "novelas complicadas", sino de novelas con un contenido que invita a una permanente reflexión, reflexión que, a su vez, abre un auténtico abanico de opciones.

Texto citado

Márai, S. La Extraña. Ediciones Salamandra. Barcelona, España. 2008.



Publicado por Libia Kancev.


Caracas, 17 de enero de 2014.


jueves, 26 de diciembre de 2013

Carta



No es lo mismo hablar que escribir, así, tampoco, escuchar y leer. Órganos distintos involucrados. Efectos divergentes que, extrañamente, discurren en río precario. Allí se juntan las percepciones de lo vacío cuando su origen plagado estaba de naturaleza que se creía ardiente pero que realmente había fenecido en un mar pletórico de peces muertos. "La felicidad y el placer, o sea, aquel estado anímico extraordinario que suele considerarse la única recompensa por los sufrimientos terrenales" (Márai, 78-79). 

¿Y la mirada? ¿Dónde queda la mirada que aunque extienda la red de la trampa oronda, resguarda el hilo ceniciento de eso que llamamos verdad?    

¿Sabes?. Una afectación profunda, una tristeza inigualable ante lo ilusorio sin fin. Si no te hubiera dado por buena tus manos jamás hubieran rozado la piel desconocida hasta de mi misma. Tus palabras surgieron (y florecieron) como rosas huecas de colores vacíos. En cambio yo, te vi como lo sublime. Recorrerte en cada minuto canto de alegría plena unida con la esperanza de que más que ilusión ambigua era vida. Vida plena.

Serpientes y lenguas inhumanas lucharon por apartar. Pugna despiadada innecesaria que me encerró en el horror de lo que jamás conocí. Ahora lo sé y hubiera preferido desconocer lo habitual, las costumbres de adulteces que opté por no ser. Me prohibo aprender la lección de lo que parece cotidianidad amorosa. Me lo prohibo pues el amor supera a la biología y a la patraña psicológica del ser común. En realidad, aunque me lo hubiese propuesto no aprendería la lección.

Digo lo que pienso y siento, asumiéndolo. No huyo.
Hasta ahora asumí la responsabilidad de lo que ocurrió pues en mis tinieblas creí que eso correspondía.
Demasiadas desmesuras. Inaceptables, incomprensibles.
Escribo al vacío, sin esperar ya, desde hace algún tiempo, respuestas, pero el vacío responde sin reflexión, sin mínima autocrítica. Lo lleno vacío.

¿Duele?. ¿Le duele?. No creo. No creo que sepa en verdad lo que es esa experiencia.
¿Cómo se puede transgredir tanto?. 
Se equivoca una y otra vez, una y otra vez.

Ni un segundo. Desilusión, Tristeza, Verdad, No inverdad. Pena. No inpena. Eso es.
Interior de una rama seca.


Elena Ruiz (Noviembre de 2010)



Publicado por: Libia Kancev.

Caracas, 26 de diciembre de 2013.

miércoles, 11 de diciembre de 2013

El perro tendrá su día y el perro lo tuvo: J.C. Onetti

Juan Carlos Onetti


“…cada uno cumpla su sueño”

“…para sentir el calor de una persona, atravesando las ropas, porque eso era más importante y más fuerte que cosa alguna”

“Con la cabeza gacha escuchaba el silencio buscando interpretarlo, guiarse entre sus corrientes de intensidad diversa como si persiguiera rastros en un monte”

“…cerrando los ojos para huir sin destino, para quedar aislado en un aire cualquiera donde acariciar en paz nada más que palabras unidas de manera inexplicable al desconocido amor”

“…buscando nuevas palabras para repetir lo mismo…”

“…dejaba de estar en ninguna parte”

Cuando leo alguno de los cuentos o de las novelas del escritor uruguayo Juan Carlos Onetti (Montevideo, 1909- Madrid, 1994) no puedo dejar de pensar en su excelente calidad literaria. Lo defino así porque lo escrito por Onetti está lleno de una intensa profundidad psicológica que no es muy común. Lo más reciente que he leído de este hombre cuya vida, al parecer, no estuvo exenta de intensos sufrimientos, es la novela Para esta noche (1943). Durante toda su lectura también venía a mi mente el recuerdo de otro grande de la literatura, el norteamericano William Faulkner (1897- 1962). Creo que esta asociación tenía que ver con que Faulkner también poseía esa misma característica al escribir. Además, no hace tanto tiempo que leí  El Villorrio (1940) que demuestra, como en otras novelas del Premio Nobel de Literatura de 1949 esa misma intensidad.

Para esta noche parece estar ambientada  en Uruguay o en Argentina y nos narra una especie de historia de traición política y moral. Ossorio, de aparente origen humilde, era integrante de un partido político liderado por Barcala que luchaba contra el gobierno de turno. Barcala sufre una gran decepción que lo hace separarse del partido pero sus miembros no parecen aceptar ese retiro. Barcala, a su vez, tiene una cantidad de boletos para huir del país en barco, el Bouver pero, él mismo no piensa irse y, por otra parte estaba enfermo.

Ossorio, quien era buscado por la policía, logra que Barcala le dé dos boletos aunque Ossorio le dice que uno es suficiente. Barcala insiste en que sean dos. Avanzada la lectura sabemos el por qué de esa insistencia de Barcala.

En el único encuentro entre Ossorio y Barcala que se narra y en el cual Ossorio tiene como objetivo que Barcala le dé un boleto para huir argumentando que hay que sacar a la gente que se pueda, como vía de salvación de las ideas del partido, Ossorio le dice a Barcala, ante la pregunta de éste sobre para qué lo buscan (se refiere a la gente del partido):

-Lo conozco –le dijo-. Dudar de usted en relación al Partido es absurdo. Pero nadie puede entender esto que pasa con usted. Precisamente en el fin, después de años de guerra. No me hago ilusiones sobre el fin. Pero una derrota está hecha con mil detalles en los que se puede presentar batalla y ganar o dejar cosas ganadas para una batalla futura. Es para eso que lo necesitamos”  (70).

Ante eso, Barcala responde:

-Era así -…Sí, es el final y todo queda enterrado. Yo era esto, es cierto. Hay gente sucia y hay gente limpia. Yo soy limpio, una persona limpia que había hecho su vida con esto, que era esto. Hubo una etapa de ese trabajo que se hace totalmente, cuando hay una relación entre él y el tiempo que exige y es posible hablar de lo cotidiano, la propaganda, despertar a la gente, sacudir y despertar, sacudir y despertar. Se acabó y viene otra etapa. Están los perros, en el otro lado, al lado nuestro, están ellos golpeando y verdaderamente golpeando para dormir o matar al despierto y al que iba a despertar. Ya no se puede sentir armonía entre el trabajo y el tiempo que necesitamos,…Y estamos contentos porque nuestra tarea es la buena, y la tarea de ellos es la maldita…[sólo hay] dos tareas, la nuestra que es la de todos los hombres y la naturaleza, la que está colocada en el sentido de la vida y el universo, y la de ellos que es la tarea del hombre de cerebro podrido que busca muchas cuentas y se enfrenta y se resuelve a matar contra la vida y el universo” (71-72).

Luego Barcala continúa explicando el motivo de su desazón y Ossorio piensa que Barcala se ha vuelto loco y que debe matarlo. Matarlo por el bienestar del partido y sus fines.
Ossorio traiciona a Barcala haciendo una llamada anónima al jefe de la policía secreta, Morasán, quien parece haber pertenecido al partido y era ex amigo de Barcala.

En la narración, Onetti hace gala de un gran dominio del manejo del presente, del pasado y del futuro, mezclando en el presente recuerdos, reminiscencias, planes futuros. Y lo hace como un auténtico maestro.
Casi al final de la historia cuando Barcala ya estaría muerto o a punto de morir, a Ossorio le es dejada una niña que era cuidada por otro miembro del partido. Se trataba de Victoria, una niña de once ó doce años, hija de Barcala. A Ossorio le parecía una gran ironía, un grave problema pero  piensa huir, embarcarse con ella aunque asaltado por la idea de dejarla en cualquier momento. Bajo una gran persecución policial, con disparos y bombas, Ossorio intenta llegar al barco con Victoria pero resulta mortalmente herido al igual que Victoria. Historia de luchas, de delaciones a pesar de lo cual, lo moral no deja de asediar a varios de los protagonistas.

Onetti, muchas veces al referirse a Morasán, lo ubica con el recuerdo de una mujer llamada Beatriz, de la que Morasán estaba muy enamorado. Pero se tratan de recuerdos tristes, recuerdos de un amor inútil.

Para esta noche es, sin duda, una novela política en muy diversos sentidos, donde parece haber una lucha intrincada entre el autoritarismo (de aparente derecha, políticamente hablando) y lo que vendría a ser, el socialismo aunque el término nunca es mencionado. Me pone a reflexionar, una vez más, sobre el capitalismo inhumano y un socialismo intrínsecamente ligado al “hombre bueno”, al hombre de “buena conciencia siempre preocupado por el bienestar de los otros”. Porque el tema capitalismo versus socialismo da mucho para reflexionar y ahora sólo quiero agregar que son ilusorios porque, como una vez dijo Sábato: “el capitalismo sólo ve al individuo mientras que el socialismo al colectivo”, añadía el escritor argentino que de lo que se trataba era de buscar un punto intermedio.

En el “Prólogo de la primera edición” de Para esta noche, afirma Onetti que la novela es “un cínico intento de liberación” (7). De liberación personal, al ver desde la lejanía luchas, sufrimientos de torturas y otros de las que él no participó.

En el “Prólogo a la segunda edición”, Onetti nos cuenta que la novela tuvo otro título (inicialmente) El perro tendrá su día y el perro lo tuvo pero para 1943 el editor optó por quedarse sin novela pero con su editorial. Señala Onetti que la primera edición de Para esta noche fue reducida y da fe que las supresiones fueron responsabilidad absoluta del de él, es decir, la novela tuvo censura y autocensura.

Texto:

Onetti, J.C. Para esta noche. Narradores de Arca. Uruguay. Tercera edición. Sin año de publicación.

Realizado por: Libia Kancev D.



Caracas, 11 de diciembre de 2013.