El viejo escritorio (2023) es una novela de la escritora y traductora canadiense Aki Shimakazi (Japón, 1954).
Shimakazi se mudó a
Canadá en 1981 cuando tenía 27 años. Escribe y publica sus novelas en francés
desde 1991.
Acabo de terminar de
leer El viejo escritorio y me ha
parecido, simplemente, hermosa, dotada de un lenguaje literario sencillo,
sereno y fluido.
Narra la historia de un
hombre llamado Nobuki Niré (37), ingeniero civil, amante de la música clásica,
en especial, la guitarra, que tocaba.
Nobuki estaba casado
con Ayako, pianista, que se dedicaba a dar clases. Tenían dos hijas: Miyoko
(10) y Namiko (9). Viven en Okayama, Japón.
Los padres de Nobuki
vivían en una residencia para ancianos ya que la madre, Fujiko, padecía de Alzheimer.
El padre (Tetsuo) no quería dejarla sola.
Fujiko era una mujer
sensible, amante de la música clásica, del sonido de los pájaros y de las
flores.
Nobuki vivía una vida
tranquila, apacible junto a su mujer y sus hijas. No obstante, lo afectaba la
enfermedad de su madre quien ya no lo reconocía y lo trataba de “señor”. Nobuki
los visitaba con frecuencia.
Nobuki era el menor.
Tenía una hermana mayor, Kyoko, que había muerto unos años antes de un tumor
cerebral después de haber dado a luz y Anzu quien, después de un primer
matrimonio, se divorcia casándose con el prometido de Kyoko, Yuji. Anzu adopta
a Suzuko y Yuji a Toru hijo de Anzu.
En el inicio de la
novela se narra que Nobuki va a comprar pintura para que sus hijas pinten sus
escritorios para el inicio del año escolar. Uno de los escritorios era el que
había utilizado Nobuki en su época de colegio. Ese escritorio tenía la gaveta
del medio trabada desde hacía años.
Resulta que un día,
Minoko le lleva a su padre una especie de cuaderno, de tapas azules, que había
encontrado en la gaveta de su escritorio y que era lo que la tenía atascada.
El cuaderno resultó ser
un diario que Fujiko empezó a escribir hacia los 65 años cuando se dio cuenta
que se le estaban olvidando las cosas. Nobuki comienza a leerlo.
Por el diario, Nobuki
descubre varias cosas, entre ellas, aspectos de la juventud de su madre que lo
ayudan a mejorar la relación con ella y que constituye un alivio para ambos,
también descubre que Tetsuo le había sido infiel a su madre durante un año
pero, lo más impactante, fue que su madre había tenido una relación extramatrimonial
de una noche con un hombre y de la cual se quedó embarazada, es decir que,
Nobuko no era hijo biológico de Tetsuo. Nobuki queda muy impactado.
En el transcurso de ese
año donde Nobuki tiene 37 años, Ayako queda embarazada de su tercer hijo, un
varón, al cual él le escoge el nombre, Gakuto.
Por el diario y después
de conversar con una amiga de su madre de la infancia llamada Tami (que tenía
ochenta años, era dueña de una pescadería y apoyaba con el mantenimiento de un
orfanato de la zona donde vivía), Nobuki se entera que su madre estuvo
enamorada de un chico del colegio, unos años mayor, llamado Gaku-chan. Sabía
que el hombre había estudiado música clásica. Suponemos que este hombre era el
padre biológico de Nobuki.
El día que nace Gakuto,
Fujiko y Tetsuo van al hospital para conocer al niño. Fujiko lo sostiene emocionada
y lo llama “Nobuki”, es decir que se le parecía a su propio hijo de recién
nacido.
Nobuki decide conversar
con su padre sobre lo que había descubierto por el diario. Le dice que sabe que
él no es su padre. Resulta que Tetsuo siempre lo supo y que aún así lo crió y
educó con mucho amor.
El título de la novela
viene dado por el hallazgo accidental del diario de Fujiko que le permitió a
Nobuki conocer más de su madre. Nobuki se preguntaba por qué estaba guardado en
su viejo escritorio (y que ahora pertenecía a su hija) y si sería que su madre
lo había dejado allí con la esperanza que su hijo algún día lo encontrara y
supiera la verdad sobre su nacimiento.
El
viejo escritorio es una novela hermosa, como escribí
antes, que pone en evidencia secretos familiares, el intenso impacto sobre la
familia cuando algún miembro enferma gravemente. En este caso, la madre. Nobuki
también aprende a través de su hermana Anzu y de la señora Tami que, en el caso
del Alzheimer, lo más importante es la paz interior del paciente y la
importancia de que se mantenga activo físicamente.
Me gustó mucho El viejo escritorio.
Escrito y publicado por Libia Kancev
Caracas, 17 de abril de
2026.


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